La tribuna

Mucho más que una canción

Mucho más que una canción

Historiador

Sin menoscabo a la adecuada consideración hacia las genuinas víctimas, el firmante de este artículo puede reclamar sin desdoro un puesto en la subjetiva legión de agraviados por el franquismo. Derecho ganado por la distorsión cognitiva sufrida en la etapa más tierna de la infancia, ante el contraste entre la foto del victorioso cuarentón reproducida en el primero de sus manuales escolares y la decrépita apariencia del mandamás que contemplaba en la televisión. Y es que a aquel pequeño niño le costaba entender que en ambos casos se tratara de la misma persona.

Como ya me he referido en otras ocasiones, entre las consecuencias del fallecimiento de Franco que más me impactaron, estuvo la de la sopa de siglas de partidos emergentes que inundaron las calles con carteles y pintadas, en los años inmediatamente posteriores. Algunas las recuerdo nítidamente, mientras que otras las he olvidado o ni siquiera llegué a atisbar. Entre estas últimas, las de un humorístico PQRSTU, en el que participó un joven Pive Amador y que, fiel al espíritu de los tiempos, tuvo su cauce de expresión en un boletín llamado Palanca.

He tenido que rebasar con creces el medio siglo para conocer la existencia de ese Partido Quimérico-Revolucionario Sevillano de los Tarados Universales, en las páginas de Lo que dura una canción. Que un relato de temática tan hispalense se haya publicado por primera vez en 2026, habiendo sido escrito en 1980, gracias a una editorial asturiana y que el autor, difunto en 2008, sea alguien que ni nació ni murió en mi ciudad, parece una broma del destino.

Los asombrados descubridores de esta sorpresa nos hemos topado con un texto bendecido por la fuerza de la autenticidad que jamás habría aterrizado en nuestras manos si no fuera por la labor de rescate que Fran G. Matute está haciendo de la vida y obra de Quico Rivas, crítico, artista y periodista cultural, amén de uno de los exponentes con mayor peso intelectual de la Movida, cuyos años de formación se desarrollaron en la urbe de la Giralda.

Al escenario de su pubertad, y principalmente a la época del mítico 68 y del primer alunizaje tripulado, nos transporta el retrato de una generación de adolescentes que se rebeló contra las convenciones sociales en nombre de un nihilismo acompañado por acordes de rock y sostenido con la euforia proporcionada por el alcohol y el hachís, y en menor medida por sustancias psicoactivas más potentes y peligrosas.

Puente entre esa juventud escapista y la que canalizó su ansia de novedad por la vía política y sindical, Quico Rivas agrandó póstumamente su influencia gracias a la biografía que en 2024 le dedicó Fran G. Matute, titulada A Quico Rivas. Por una revolución de la vida cotidiana.

Mención especial merece el Colectivo Bruxista, asociación astur responsable del lanzamiento de la novela, así como mi admirado Sevilla Soul Syndicate que patrocinó su presentación en febrero. Dos círculos de nostálgicos de la longeva tradición pop, de cuya herencia se erigen en guardianes.

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