Tribuna

Ana Laura Cabezuelo Arenas

Profesora Titular de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

¿Por qué mantienes a la pareja de tu ex?

Los niños han dejado de ser, a partir de la sentencia del Tribunal Supremo del 20 de noviembre pasado, la excusa perfecta para vivir del cuento

¿Por qué mantienes a la pareja de tu ex? ¿Por qué mantienes a la pareja de tu ex?

¿Por qué mantienes a la pareja de tu ex? / rosell

Durante más de treinta años el drama de muchos divorciados consistió en resignarse a ser desposeídos de la vivienda familiar contemplando cómo en ella no sólo se aposentaba su ex mujer, en calidad de custodia de los hijos menores, sino los sucesivos compañeros sentimentales/maridos de aquélla e incluso niños que éstos aportaban, nacidos de otras uniones.

Este panorama era indignante por las razones que paso a enumerar.

En primer lugar, y aunque justo es reconocer que esta tendencia ya se ha corregido en la jurisprudencia más reciente, la atribución del uso de la vivienda se hizo automáticamente durante muchos años a favor del custodio de los niños, sin reparar en su capacidad adquisitiva. Un piso privativo del marido quedaba afecto al uso de la guardadora, aun cuando ésta tuviera medios más que suficientes para alquilar una finca de similares características donde morar en compañía del menor. De ahí la obsesión por hacerse con la custodia. Los niños venían con el pan debajo del brazo, garantizando la permanencia en la que fuera residencia familiar.

En segundo lugar, para el Tribunal Supremo la atribución del uso de la vivienda al custodio es una forma de contribuir a la alimentación de los hijos menores, al quedar comprendida la habitación entre las necesidades que todo padre debe colmar (art. 142 CC). Estando concebido como un beneficio para los menores, se justificaba que se vincularan a ese fin tanto bienes gananciales o comunes, como incluso privativos del progenitor que no obtenía la guarda.

Sin embargo, el escenario cambia por completo cuando los moradores de la que fuera residencia familiar no son exclusivamente esos hijos, por el que un padre aceptaría todo tipo de privaciones (entre ellas la desposesión de un inmueble de su exclusivamente pertenencia) sino extraños respecto a los que el dueño/cotitular de la finca no tiene deber alimenticio alguno. Es el caso las sucesivas parejas con las que la guardadora va entablando relaciones sentimentales, quienes se ahorraban alquilar un piso para proporcionar morada a sus propios vástagos o que, incluso, rentabilizaban su patrimonio viviendo gratuitamente a costa del sufrido primer marido que fue apartado de la custodia.

Francamente, me resulta chocante que en el siglo XXI se hable de la igualdad entre ambos sexos y de la emancipación de la mujer, y que muchas señoras sigan escudándose en sus hijos para vivir a expensas de ex maridos a los que, además, condenan a la miseria. Se han fomentado con ello situaciones abusivas. Con la excusa de tener encomendada la custodia y, de forma refleja, el uso de una vivienda, estas señoras han vivido a cuerpo de rey arrendando las fincas de sus actuales parejas para vivir con desahogo, despreocupados como estaban al contar ya con un piso del primer marido que dotaba de techo al segundo y a su nueva prole (SAP Valencia de 20 julio de 2015 y de 18 de julio de 2012, respectivamente).

Por otra parte, asfixiando económicamente al pagador de las pensiones alimenticias que, de ordinario, hacía frente también a créditos hipotecarios que gravaban el inmueble dado en uso, mal podía servirse al interés del menor por el que se decía velar. No olvidemos que el Tribunal Supremo ha auspiciado que, de hallarse en una situación de extrema penuria, podría suspenderse excepcionalmente incluso el pago del mínimo vital destinado a los hijos. Y nos consta que muchos padres han tenido que recurrir tras el divorcio a la caridad de sus parientes, al no poder costearse siquiera el pago de un alquiler.

Definitivamente la STS de 20 de noviembre de 2018 ha zanjado la cuestión: el derecho de uso tocará a su fin cuando el guardador introduzca a un extraño en la vivienda. El inmueble dejó de ser la vivienda familiar de la guardadora e hijos (familia monoparental surgida tras el divorcio), para dar cobertura a los intereses de una familia distinta y diferente (una reconstituida con tercero).

El interés del menor es perfectamente conciliable con el de sus progenitores: se mantiene la custodia, pero se agiliza la liquidación del bien ganancial en condiciones ventajosas. El guardador ya no permanecerá gratis en el inmueble, depreciándolo de cara a una subasta. Y tendrá que adquirir la mitad del bien si desea seguir ocupándolo. Los niños han dejado de ser, a partir de esta sentencia, la excusa perfecta para vivir del cuento.

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