Yo no podría ser voluntario
Al explicar que somos voluntarios de la Asociación Española Contra el Cáncer es común que nos comenten “yo no podría”. Y en parte, como coordinadora de voluntariado en la AECC, lo entiendo. Nuestro voluntariado ha elegido una labor nada sencilla con el deseo de sostener la misión de prevenir, investigar y ofrecer servicios gratuitos de apoyo y acompañamiento a los pacientes con cáncer y sus familias. No es de extrañar que uno piense que para hacer esto hay que tener una especie de súperpoderes.
A veces ese poder (o superpoder) se tiene porque ellos mismos se encontraron antes al otro lado como pacientes con cáncer o como familiar, otras veces les basta su sentido de solidaridad y compromiso social. Siempre el factor común: un corazón grande y las ganas de poner sus dones a disposición de quien más lo necesite.
Tejemos una red viva, cada día mayor, de más de cerca de 6.000 voluntarios en Andalucía que eligen el camino contra el cáncer y trabajan como equipo para paliar el sufrimiento que esta enfermedad supone a decenas de miles de familias en nuestra comunidad. Es gracias a ellos que podemos llegar, literalmente, a más personas.
Ellos, que son buenos vecinos y están al alcance, hacen posible que seamos accesibles en la zona rural, llevando los servicios y cuidando de los suyos con gran esmero e implicación. Suyo es el éxito de tantas marchas y eventos a beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer en los pueblos. Son embajadores cada vez que informan, trabajando por la prevención, acogiendo con los brazos abiertos al que llama a nuestra puerta por primera vez. Con cuánto cariño no hacen esa llamada, una visita a domicilio o comparten como un regalo su testimonio como paciente en el pasado. Con su presencia en hospitales y cuidados paliativos nos representan a pie de cama en un momento vital de máxima importancia y que es merecedor de gran dignidad. Andan como ángeles de batas blancas sin tiempo que perder entre el hospital de día y la unidad de tratamiento, entre consultas y radio, por los pasillos, casi invisibles, llenan el lugar con su presencia. Nos ayudan como sociedad a entender la necesidad de la investigación y a conocer y amar la ciencia. Numerosos son los talleres, charlas y actividades liderados por personas voluntarias.
Hoy, 5 de diciembre, se celebra el Día Mundial del Voluntariado, jornada que acogemos con gran entusiasmo en la AECC. Haciendo honor a la verdad, podemos afirmar que, sin los voluntarios no podríamos hacer ni ser lo que hacemos y somos. Este camino contra el cáncer es posible gracias a ellos. Os celebramos.
Si este martes día 5 (o cualquier otro día) los ve con sus petos verdes y sus batas blancas, no dude en felicitarles en su día o en agradecerles su labor, porque lo que ellos hacen nos beneficia a todos, a todos sin excepción y lo hacen de manera desprendida. Probablemente les pille de sorpresa su gratitud la cual no esperan (al decir verdad, no esperan nada a cambio). Le garantizo que no le dejará indiferente ese encuentro y quizás usted también se diga “¿y por qué no voy a poder ser voluntario en la Asociación Española Contra el Cáncer?”
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