La tribuna

Un poco de vexilología

Un poco de vexilología
Rosell

Escritor

Vexilología el estudio o tratado de las banderas, guiones y gallardetes. Dicen estos mucho porque resumen a un país, un pensamiento, un proyecto. Nada más ver sus colores y el emblema sabemos quiénes o qué anda detrás del símbolo que los representa. Al ver una hoz y un martillo, una cruz gamada, unas llaves de san Pedro y la tiara sobre la tela sabemos a qué atenernos. Viene la palabra del estandarte romano, el vexillum, que llevaban las distintas centurias o cohortes.

Y llama la atención que la bandera y escudo que representa o debiera representar a todos los españoles haya tenido una historia reciente no por ignorada menos significativa. Como bandera y escudo son símbolos que resumen ideas y lugares, sabrá el lector que cuando la sublevación de julio de 1936, la bandera fue durante un mes la misma en ambos bandos, sobre ambas trincheras. Orwell habla de ello en su Homenaje a Cataluña. Y a los del Alcázar de Toledo les echaron una desde un avión para que trocasen la que coronaba las ruinas, la misma que mostraban sus sitiadores. No era pues de entrada una rebelión contra la República, sino contra el Gobierno del Frente Popular. Se buscaba inicialmente un cambio de Gobierno, no de régimen. La larga deriva de la guerra mutaría todo. Y tampoco eran en principio franquistas sino en todo caso cabanellistas, al ser el general Cabanellas la cabeza de la Junta de Defensa Nacional, como se llamó el organismo golpista, donde había numerosos republicanos, Queipo entre ellos. Y no se olvide que en 1934 Franco había defendido al Gobierno de la República contra el intento de golpe de Estado encabezado por los socialistas, apoyados por todas las izquierdas. También es clarificador que muchos de los iniciales bandos de guerra de los rebeldes terminan dando vivas a España y a la República, cosa que significativa e insidiosamente suele ocultarse en publicaciones y exposiciones sobre aquellas jornadas, tal la que hubo no hace mucho en la hemeroteca hispalense.

Una vez repuesta la enseña bicolor, gracias a la presión carlista, y formada la llamada Junta Técnica del Estado, Franco es encumbrado en octubre del 36 a la jefatura del Gobierno, pero la bandera bicolor continúa con el escudo de España rematado con la corona republicana, esto es, con la corona mural, no la real. Mírenlo bien en la red o en documentos de época. El mismo escudo en ambos bandos nada menos que hasta enero de 1938, cuando se forma ya el primer gobierno de los sublevados y se adopta la conocida águila de los Reyes Católicos, rematando con una corona real antigua, esto es, abierta, con numerosos borlones, y no cerrada como la actual. Repito: la corona mural republicana montó sobre el escudo nacional de los rebeldes casi dieciocho meses. Es también sabido que hasta 1947 no se da una llamada Ley de sucesión en la Jefatura del Estado, donde España ya se define como reino, se aguarda a que Franco nombre monarca, y a la vez se sale más o menos del limbo institucional en el que andaba la futura cabeza rectora.

Y por supuesto que, vueltos a la contienda, fue el Gobierno frentepopulista quien ahondó propagandísticamente –en el interior pero sobre todo en el exterior– en la idea de República Democrática, a tenor de las consignas de la III Internacional Comunista en su VII congreso de 1935, donde vista la dificultad para tomar el poder en solitario, había reconstruido las alianzas con los partidos socialistas en un frente amplio cuyos resultados disfrutaron luego durante unos decenios los países de la Europa Oriental liberados por la URSS tras la guerra mundial.

En resumen: de entrada, leales y rebeldes, o sublevados y del Gobierno, o golpistas y constitucionalistas, como quieran. Pero la realidad tardó más en republicanos y franquistas de lo que se nos quiere hacer creer ahora, borrando textos, documentos y objetos. Y de fascistas, pocos. Para bien o para mal eran una minoría entre los alzados. Lo fueron siempre. Y ellos lo saben. Otros no.

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