El ascensor que transporta la ilusión y la esperanza

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Calado social. Praysa tiene en proyecto montar más de 100 ascensores en bloques de viviendas antiguas de la provincia para que personas discapacitadas puedan salir a la calle

Francisco Vázquez, en el centro, en la entrega de llaves de los ascensores de La Paz.
Francisco Vázquez, en el centro, en la entrega de llaves de los ascensores de La Paz.
Paco Núñez Sanlúcar La Mayor

22 de febrero 2013 - 01:00

Hace más de 50 años se construyeron en España miles de edificios con escaleras, pero sin ascensor, ya que el código técnico no obligaba a las constructoras a realizar esa costosa obra. Esos matrimonios que, ilusionados, entraron de la mano por la puerta de esos pisos tienen ahora dificultades para salir de ellos. Los escalones se han convertido en el mayor enemigo de la osteoporosis, de la artritis y de otras enfermedades inherentes a la ancianidad.

La empresa Proyectos de Rehabilitación, Accesibilidad y Subvenciones en Andalucía (Praysa), de Sanlúcar la Mayor, detectó esta necesidad y lleva siete años pintando de felicidad la cara de esas personas mayores impedidas que sólo podían ver el mundo de dos maneras: la televisión y el cristal de la ventana.

La Consejería de Vivienda plantea una subvención que sólo cubre el 10% de la demanda real y que, además, tarda dos años y medio en hacerse efectiva. "Las comunidades de vecinos no tienen a gente que tramite este tipo de ayuda, por lo que nosotros ofrecemos una solución global que aglutina varias tareas, como el asesoramiento de las familias", pone de relieve Francisco Vázquez, gerente de Praysa. Cada edificio tiene su propia solución, ya que presentan "todo tipo de patologías".

La empresa sanluqueña ha inventado un sistema de instalación modular de ascensores exteriores económico y muy funcional que se puede instalar en un solo día, lo que supone un abaratamiento importante de los costes. Praysa vela porque el precio final para el usuario sea el mínimo posible, por lo que da facilidades de financiación en cuotas de 35 euros mensuales a pagar en 10 años con avales mancomunados.

"Damos una solución real llave en mano", señala Vázquez, que admite que lo más difícil es poner de acuerdo a todos los vecinos, porque "el del bajo nunca quiere poner el ascensor". Este empresario sanluqueño sabe bien de lo que habla, ya que el germen del proyecto nace de una situación personal: "Tenía un familiar muy cercano que estaba inválido y realicé todo el esfuerzo de información, asesoramiento, búsqueda de subvenciones, etcétera, para un solo caso". Ese bloque estaba en una manzana de un barrio de Sanlúcar la Mayor, La Paz, muy necesitado de ascensores para pisos viejos.

"Al principio, la gente pensaba que les íbamos a engañar", confiesa Francisco Vázquez, que pudo contemplar con emoción cómo la quimera inicial se hizo realidad en la persona de Joaquín, de 60 años de edad, que llevaba varios años sin salir de su casa con problemas de circulación. "El ascensor estaba terminado y vi, desde abajo, que Joaquín estaba mirando por la ventana. Hablé con el ascensorista para que este hombre fuera el primero en utilizarlo. Y, cuando se lo dije, se echó a llorar. Tuvo que desempolvar la silla de ruedas, bajó en el ascensor y, todo el tiempo que estuvo en la calle ese día, estuvo llorando. La labor social es impagable", expresa Vázquez.

Fueron 20 ascensores para 10 bloques de la barriada de La Paz de Sanlúcar la Mayor, donde muchos joaquines pudieron pisar la acera como si fuera algo extraordinario, un pequeño gran placer que no suele valorarse en su justa medida. Como Antonia, que tiene amputadas las dos piernas, y que vio la luz cuando Praysa construyó su elevador. "Alguna vez he tenido que llevar los papeles a un vecino al hospital", dijo.

Existen otros casos humanos reales que esta empresa soluciona, por ejemplo, el de esa pareja joven que se compra un piso viejo barato y sus padres, que son mayores, no van de visita porque no pueden subir las escaleras; o ancianos que, a pesar de no tener ninguna minusvalía, no pueden subir la compra del supermercado por las escaleras.

"Soy un afortunado, porque soy el único que ve el resultado final en las caras de los vecinos", remata Vázquez, un auténtico héroe para el mundo vecinal.

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