Los tres sospechosos del 'crimen de las cuñadas' seguirán en prisión

Crimen de La Rinconada

El juez alega que hay riesgo de fuga, de que puedan alterar pruebas y de reiteración delictiva.

Jorge Muñoz

16 de junio 2016 - 14:04

El juez de refuerzo de Instrucción número 6 de Sevilla José Ignacio Vilaplana ha mantenido la situación de prisión provisional, comunicada y sin fianza para los tres sospechosos del asesinato de Anabel Deza Vázquez, que fue hallada muerta el pasado 19 de abril en su vivienda de La Rinconada.

En el auto dictado este jueves, el juez señala que en este caso se investiga un delito de homicidio o asesinato dado que "del estudio forense realizado se deduce que Anabel sufrió en primer lugar golpes en la cabeza y en los miembros superiores hasta que cayó al suelo y, una vez en el suelo, habría sido golpeada reiteradamente en el cráneo con un objeto contundente y apuñalada de forma repetida en la espalda y en el cuello; de donde cabe deducir el acometimiento por varios atacantes, la imposibilidad de defensa de la víctima y el sufrimiento que habría de padecer ésta a consecuencia de las múltiples heridas generadas (habiéndose contabilizado hasta 61 heridas por arma blanca)".

Este delito podría ser castigado, recuerda el juez, con una pena que oscila entre los 15 años y 25 años si se apreciaran circunstancias agravantes como la alevosía o el ensañamiento y el abuso de superioridad o de confianza. El acuerdo de mantener a los tres investigados en prisión provisional se debe al riesgo de fuga que, a juicio del instructor, puede existir junto al riesgo de ocultar y alterar fuentes de prueba, y la posibilidad de reiteración delictiva.

La semana pasada, Elena N. S., una de las hermanas imputadas por el asesinato de su cuñada, negó su participación en el crimen y alegó ante el juez que en la mañana de autos se hallaba "trabajando" en el servicio municipal de limpieza, por lo que no participó en los hechos. Los otros dos investigados, Rosa N. S. y su novio Francisco Javier M. R., se volvieron a acoger a su derecho constitucional a no declarar.

Al término de las comparecencias ante el juez de refuerzo de Instrucción 6 de Sevilla José Ignacio Vilaplana, la Fiscalía de Sevilla solicitó que se mantuviera la situación de prisión provisional para los tres sospechosos, dada la gravedad de los hechos que se le imputan, el riesgo de fuga y de que puedan destruir pruebas relacionadas con la causa.

Las defensas de los tres imputados solicitaron al juez que acuerde la libertad provisional, alegando que no había indicios suficientes contra ellos.

El abogado de Elena N. S. solicitó al juez la práctica de algunas diligencias de instrucción, entre ellas que tenga lugar una rueda de reconocimiento y que se tome declaración a varios testigos.

La investigación apunta a que las dos cuñadas y el novio de una de ellas son los presuntos responsables del asesinato, y a que habrían agredido a la joven con un objeto contundente en la cabeza, además de haberle asestado numerosas puñaladas que superan las 50. De hecho, la autopsia ha confirmado que el cuerpo de Anabel presentaba hasta 66 heridas distintas, 23 de las cuales son traumatismos localizados en la cabeza.

Anabel Deza Vázquez pidió auxilio a sus vecinos pero la ayuda no llegó a tiempo. Varias personas que han prestado declaración en calidad de testigos protegidos han relatado a la Guardia Civil y al juez que investiga el crimen de las cuñadas cómo la mujer pidió auxilio a sus vecinos. "¡Socorro, socorro, ayudadme, que me matan!", fueron los gritos que en torno a las diez de la mañana -uno de los testigos sitúa esa petición de auxilio a las 9:55- podían oírse en el número 5 de la calle Gerardo Diego de La Rinconada. Según los testigos, sólo se escuchaba la voz de Anabel y eran gritos "muy desesperados", que se oían desde la calle.

Tras escuchar la llamada de auxilio, los testigos relatan que pudieron comprobar cómo alguien "cerraba las ventanas de la vivienda" y, a continuación, se hizo el silencio. Todo sucedió muy rápido, según los vecinos. Precisamente en las ventanas se detectaron manchas que, a la espera de los análisis oportunos, podrían ser de sangre.

Según los testimonios recabados por la Guardia Civil y que constan en el sumario, un hombre salió de la casa y se subió a un Peugeot 206 de color blanco. A continuación, dos mujeres -identificadas por estos testigos como cuñadas de la fallecida- abandonaron igualmente la vivienda, una de la cuales cerró la puerta de la casa "con llave" y otra llevaba un bolso negro que se colgó del hombro. Otro de los testigos apunta a que los tres sospechosos, cuando salieron de la casa, "miraban el entorno como si se aseguraran de que no los hubiera visto nadie en el lugar".

Uno de los testigos relató igualmente que las relaciones de Anabel con sus cuñadas no era buena y afirmó que tan sólo unos diez días antes del crimen, estas mismas mujeres que vieron saliendo del escenario del crimen se habían presentado en la vivienda y habían estado insultado a Anabel, a la que "culpaban" de la muerte de su marido, Diego, quien había fallecido en diciembre pasado de un ictus.

De otro lado, la Guardia Civil sospecha que Anabel Deza Vázquez podría haber estado colaborando con la familia de su marido almacenando droga y dinero, aunque los agentes reconocen que no saben si esta acción pudo realizarla voluntariamente o coaccionada por su familia política. El atestado pone de manifiesto que entre Anabel y la familia política de ésta, en concreto, los hermanos de Diego -su marido, que falleció en diciembre pasado de un ictus-, existían problemas anteriores. Según expone la Guardia Civil, a través del Equipo de Investigación del puesto de La Rinconada, se pudo conocer cómo la familia de Diego "estaría vinculada al tráfico de drogas" y que "varias hermanas de este individuo poseen un punto de venta de drogas en San José de La Rinconada". Ese punto de venta de sustancias estupefacientes estaría ubicado, en concreto, en el domicilio de Rosa y Elena N. S., y según los agentes, el novio de Rosa, Francisco Javier M. R. usaba habitualmente un Peugeot 206 de color blanco similar al que fue visto tras el crimen en el número 5 de la calle Gerardo Diego, donde residía la víctima.

La enemistad de Anabel con los familiares de su marido ya había sido denunciada al menos en una ocasión, en el año 2011, según recoge el informe policial, que pone de manifiesto que el 5 de noviembre de ese año varios familiares habían "amenazado con que iban a matarla con un cuchillo" si Anabel echaba a Diego de la casa. Anabel solicitó entonces una orden de alejamiento contra varios hermanos de Diego, entre los que se encontraba precisamente Rosa N. S., su cuñada y una de sus presuntas asesinas.

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