Jesús Crespo Cuaresma | Catedrático de la Universidad de Economía de Viena “Oponerse a procesos globales como el turismo es peligroso, nos lleva al primitivismo”

  • Formado en el colegio San Francisco de Paula y la Universidad de Sevilla, este economista de primer nivel europeo lleva más de 22 años enseñando e investigando en la capital de Austria

Jesús Crespo, durante la entrevista. Jesús Crespo, durante la entrevista.

Jesús Crespo, durante la entrevista. / Juan Carlos Vázquez

“¿Quiere usted decir algo que no le haya preguntado?”, interroga el entrevistador tramposamente. “No, sólo viva el Betis”, contesta el catedrático en Economía de la Universidad de Economía de Viena, director de análisis económico del Wittgenstein Centre for Demography and Global Human Capital y consultor del Banco Mundial y del Instituto Austríaco de Investigación Económica (WIFO), entre otras cumbres curriculares. Nativo de la Alfalfa y antiguo alumno (alumni dicen ahora los enlatinados) del colegio San Francisco de Paula y de la Universidad de Sevilla, Jesús Crespo Cuaresma (Sevilla, 1975) vive desde hace 22 años en la antigua capital del Imperio Austrohúngaro por esas cosas de la vida: “Yo quería hacer el doctorado en la London School of Economics y tenía ya todo el papeleo en marcha, pero un año antes de acabar la carrera en Sevilla me fui a Austria de vacaciones y me encontré con una vienesa... Me decidí por el Instituto de Estudios Avanzados de Viena”. Español de orden a su pesar, hoy sigue con la misma mujer, a la que ha sumado una prole de tres hijos. Pese a su espectacular currículum, Crespo es un hombre desenfadado, que no pierde la sonrisa incluso cuando el fotógrafo Juan Carlos Vázquez le pide que se juegue la vida en el pretil de la azotea del periódico. “Estoy acostumbrado a las entrevistas del Frankfurter Allgemeine Zeitung, dice con aplomo mientras que su silueta se recorta contra el consabido azul inmaculada del cielo de Sevilla.

–Uno de los grandes debates que hay en al ciudad (con permiso del Martes Santo) es el turismo. Unos lo ven como una tabla de salvación y otros como el Caballo de Troya con el que entran todos los males.

–El turismo es un buen camino de enriquecimiento para los países en vías de desarrollo. Un ejemplo claro son las Islas Mauricio, actualmente uno de los lugares más ricos de África por su política en esta materia. Pero el turismo tiene el mismo problema que los recursos naturales: una vez que funciona bien todas las inversiones se vuelcan en él y no se buscan otras vías que pueden procurar un crecimiento más sostenible (innovación, ciencia, teconología...). En Sevilla se ve claramente que lo que era una bendición se puede convertir en una maldición a largo plazo, porque se dejan de hacer inversiones en sectores interesantes.

–Se critica también la baja calidad del empleo que genera.

–Efectivamente. Si apuestas por el turismo tienes que aprender a vivir con cosas como la estacionalidad de los trabajos, una alta rotación de empresas (con continuas aperturas y cierres), mucho pequeño comercio con poca estabilidad... Por estudios empíricos macroeconómicos, sabemos que la sostenibilidad de este tipo de sistemas no suele funcionar.

–Uno de los miedos es a la creación de una burbuja turística. ¿Existe el riesgo?

-Históricamente se han visto muy pocas burbujas en el turismo, pero, por supuesto, hay un peligro de retroceso. Es decir, que después del subidón venga una bajada a unos niveles más normalizados. Un ejemplo es lo que ocurrió en la Praga de los 90. Es cierto que se detectan síntomas de que el turismo está burbujeando en toda España, con Barcelona a la cabeza, pero, insisto, no será una caída brutal, sino el descenso a un nivel donde el modelo sea más sostenible.

Históricamente se han visto muy pocas burbujas en el turismo, pero hay un peligro de retroceso

–Ahora se habla en Sevilla del modelo del turismo de compras. Los ricos vendrán a consumir marcas de lujo y nosotros lograremos ir a Zara de vez en cuando...

– En ese modelo hay ya muchísima competencia en Europa y no creo que Sevilla sea un tipo de ciudad en el que vaya a funcionar. Aquí hay muchas cosas únicas y la ciudad no tiene por qué depender de las tiendas de lujo.

–Al turismo se le culpa también de la tematización del centro de Sevilla

–Eso no es un problema exclusivo de Sevilla. Vivimos en un mundo globalizado donde Starbucks puede abrir un negocio Mauritania, en Houston o aquí. El problema de esta ciudad es que todo ha pasado muy rápido. Hasta hace muy poco era más fácil llegar a Tánger que a Madrid. Ese problema que usted apunta no me parece ni bien ni mal. De hecho, defenderse de procesos globales como el turismo me parece peligroso. Así es como nacen los nacionalismos extraños. El turismo es algo consustancial a la globalización y hay una clase media mundial que quiere ejercerlo, viajar, ver ciudades... Fíjese en la irrupción de los turistas chinos... oponerse a esto es caer en el primitivismo.

–¿Pero es posible embridar el fenómeno? Por ejemplo, la decisión de Carmena de cerrar el grifo de los apartamentos turísticos...

–Las medidas tan drásticas, insisto, me parecen peligrosas. Pero es cierto que la mezcla del turismo globalizado y las nuevas tecnologías, con la consiguiente aparición de negocios como Airbnb o Uber, requiere una regulación que todavía no se ha acometido, aunque ésta debe realizarse sin medidas populistas, porque intentar parar el turismo es intentar frenar una marea. Ahora bien, es necesario que ciudades como Sevilla regulen su capacidad de acogida.

–Viena y Sevilla... ¿Se parecen en algo?

–Similitudes hay muy pocas. Viena era más grande a finales del XIX, cuando era capital de un imperio, que ahora. Debido a una política urbanística que hicieron los socialistas en los años 20, se llenó de viviendas sociales, por lo que la oferta es tremenda y los precios muy bajos. Por lo tanto, el turismo no está repercutiendo demasiado en los precios de los alquileres. Esto hace que la actitud que tienen los vieneses hacia el turismo sea más acogedora que en otras ciudades que sufren el problema de una manera más severa. Además, es un turismo muy estacional y se circunscribe al centro, que ya es de ellos...

En el modelo de turismo de compras hay mucha competencia en Europa y no creo que funcione en Sevilla

–Eso es lo que aquí se teme. ¿Nos tendremos que acostumbrar?

–No lo sé, pero ésa ha sido la evolución de Viena. Aquí el centro es todavía un lugar de vida para los sevillanos. Los vieneses viven más allá del Ring [avenida de circunvalación que rodea el centro de la ciudad] y al centro sólo se va a dar un paseo. Pero esto no me parece ni bien ni mal. No hay que darle demasiada importancia. En general, estamos en un momento de la historia del ser humano en el que la gente vive mejor que nunca.

–Pero esta pujanza también está teniendo su cara oscura, como el deterioro del medio ambiente y el calentamiento global. Usted ha trabajado bastante en ese asunto.

–Sí, sobre todo en reforestación y en las relaciones entre cambio climático, conflictos militares y refugiados. He trabajado en el panel intergubernamental del cambio climático haciendo proyecciones de la renta per cápita de todos los países del mundo para hacer previsiones en las emisiones de CO2.

–¿Vamos a conseguir parar el cambio climático?

–Pararlo no, pero sí lo podemos ralentizar. Está claro que tenemos que poner en marcha más políticas climáticas para desacelerar el calentamiento. El principal problema es que estas políticas afectan a la renta per cápita de las naciones y si eres un país pobre del África Subsahariana tienes asuntos que resolver más urgentes que la reforestación. El ser humano es muy impaciente y no le damos valor a lo que va a pasar dentro de algunas generaciones. La lucha contra el calentamiento global exige realizar ahora unos sacrificios cuyos beneficios se disfrutarán dentro de dos, tres o cuatro generaciones, lo cual es muy difícil de aceptar. Ahora mismo, debido a esta resistencia a poner en marcha políticas eficaces, las previsiones más optimistas que se hacían ya no van a ser posibles, pero tal vez todavía estemos a tiempo de que las más pesimistas no se cumplan. La falta de un gobierno o instituciones a nivel global hace muy difícil la lucha contra el cambio climático.

–La ONU ha fracasado definitivamente...

–La ONU no tiene ni el poder ni el diseño institucional que le permitiría hacer una política seria en este asunto. No es un instrumento con el que se pueda combatir el cambio climático con éxito.

–Y los EEUU de Trump no están colaborando...

–Es un problema. Sinceramente, no veo posible una batería de medidas revolucionarias que consigan que el calentamiento global no sea un verdadero problema dentro de unas décadas.

–Como apuntaba antes, usted ha trabajado en las relaciones entre cambio climático y movimientos migratorios, un asunto que afecta directamente a Andalucía.

–Es un problema que irá a más, como hemos publicado en nuestro último artículo. En él, una serie de investigadores de Inglaterra, Shanghái y Viena hemos utilizado datos y modelos econométricos para estudiar la relación causal entre la variación climática (tanto de temperatura como de precipitaciones), la ocurrencia de conflictos armados y los flujos de migración legal (de refugiados, porque de ilegales no tenemos datos). A partir de 2010 encontramos que sí hay una relación estadísticamente significativa entre estos tres factores. El riesgo de sequía aumenta la posibilidad de conflictos armados y éstos los flujos migratorios. El caso de Siria sería un caso típico. Eso significa que el calentamiento global aumentará el problemas de los refugiados.

–¿Y Europa está preparada?

–Tiene que aprender a estarlo. Como se ha visto en los últimos tiempos, no tiene el diseño institucional para afrontar el problema de forma coordinada. Con la Guerra de Siria se vio claro cómo los países reaccionaban de forma muy diferente. Esperemos que esta experiencia nos lleve a un planteamiento más eficaz. Sin embargo, siempre surgen problemas a corto plazo, como el Brexit, que hacen que se aplacen estas reformas de mayor calado.

A partir de 2010 hay un aumento de la relación causal entre calentamiento, conflictos armados y migraciones

–¿Hace falta más Europa?

–Mucha más. Cuanto más mejor. Como economista le veo más beneficios que costes. Pero tal como está ahora la UE tiene más de costes que de beneficios. Carecemos de una política fiscal común, de una manera eficiente de redistribuir renta a nivel europeo, no todos los países están en la unión montearia...

–Sin embargo, se detectan muchos movimientos en sentido contrario, que buscan menos Europa.

–Efectivamente: Bréxit, Cataluña, Hungría... Es la típica dialéctica de estos momentos, en los que se detectan tanto un empuje para cambiar las cosas como resistencias para evitarlo.

–Europa ha pasado de ser el centro del mundo a periferia. ¿Es muy dramática nuestra situación?

–No. Es cierto que ahora hay más competencia con la irrupción de China, India... pero eso sólo quiere decir que hay que adaptarse. El problema es que, por su diseño institucional, los cambios son muy dificultosos en la UE, ya que requieren el consenso de muchos países con evoluciones e intereses muy diferentes.

–¿Pero podremos aguantar nuestro nivel de bienestar?

–Soy optimista, porque creo que todos estos problemas nos van a obligar a hacer reformas para garantizar lo mucho y bueno que nos ha traído Europa. Todo el crecimiento que ha tenido Andalucía hubiese sido impensable sin la UE. No sólo por los fondos estructurales, sino también por la movilidad de personas, servicios y capitales, entre otras cosas. El escenario negativo, la vuelta a una Europa dividida y con los países enfrentados, es tan triste y apocalíptico que no lo quiero ni pensar. ¿Ha leído El mundo de ayer, de Stefan Zweig? Todo lo que está pasando nos remite un poco a ese libro... y recuerde cómo acabó todo aquello.

Es posible un Estado del Bienestar más eficiente. Hay muchos estudios a nivel sectorial (transporte, sanidad, etcétera) que así lo indican

–Usted vive en un país que tiene un muy buen Estado del bienestar.

–También pagamos unos impuestos altísimos. Tenemos un servicio público impresionante, pero es muy caro. Yo pago el 50% de impuestos, sin contar la Seguridad Social. Allí todo el mundo está de acuerdo con el Estado del bienestar, pero muchas voces dicen que se podrían hacer las cosas de forma más eficiente. Por ejemplo, no se comprende que la radiotelevisión pública se dedique a retransmitir música del estilo de Los 40 Principales.

–¿Y es posible hacer un Estado del bienestar más eficiente o ésa es una excusa para cargárselo?

–Es posible. Hay muchos estudios a nivel sectorial (transporte, sanidad, etcétera) que lo indican. La eficiencia se logra teniendo la mínima presión fiscal para sufragar sin mermas ese Estado del bienestar. Ahora bien, siempre hay que tener en cuenta que para mantener un Estado del bienestar hay que tener una fiscalidad alta. ¿Estamos dispuestos a renunciar a este modelo para avanzar a otro más anglosajón y con menos impuestos...? Yo creo que no.

–Otro problema es la caída demográfica, un problema que usted conoce bien.

–Las tendencias demográficas en Europa plantean un reto para la sostenibilidad del sistema. La migración jugará un papel central como solución al decrecimiento de la población, pero sólo en parte. Uno de los problemas es la discrepancia entre la edad de jubilación y la realidad biológica. La esperanza de vida restante a los 65 años hoy en día es comparable a la que tenían las personas con 55 años hace algunas décadas. Esto significa que hay una necesidad de diseñar una regulación con la flexibilidad necesaria para afrontar, por una parte, el reto de las tendencias de envejecimiento en el continente (donde la flexibilización de la edad de jubilación es central) y, por otra parte, la integración de los inmigrantes en el mercado de trabajo de una manera eficiente.

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