Salvador Ordóñez: “La Sevilla romana era un puerto enorme con una ciudad pequeña”
Salvador Ordóñez Agulla | Catedrático de Historia Antigua de la US
Este historiador y fan de los Who ha investigado cuestiones diversas de la Bética e Hispalis, como los mosaicos de Écija, el comercio fluvial por el Guadalquivir o la municipalización de los núcleos urbanos Manuel Bohórquez: “El flamenco fue más importante en el barrio de la Feria que en Triana” Alejandro Jiménez: “Mi abuela removía el cisco con una espada romana”
Uno se espera el despacho de un señor catedrático de Historia Antigua decorado por un póster de alguna estatua de Augusto, pero en el de Salvador Ordóñez Agulla (Sevilla, 1960) lo primero que se ve es una foto de los Who, el mítico grupo de rock británico, en plena y salvaje acción. Presume de llavero mod, de vespa con 37 años de servicio y de que su descendencia afirma que su casa parece un “santuario” en memoria del grupo que hizo películas y discos legendarios como ‘Quadrophenia’. “Hay que escucharlos con el volumen muy alto”, nos recomienda. Más allá de esa pasión hay que ganarse la vida con la Historia Antigua y Salvador Ordóñez, que sienta cátedra en la Universidad de Sevilla, no lo ha hecho mal. Ahí está una amplia obra historiográfica compuesta por libros como ‘Los mosaicos de la domus I de la Plaza de Armas del Alcázar Real de Écija’, ‘Los primeros pasos de la Sevilla romana (Siglos I a. C.-I d. C)’ o ‘Carta Arqueológica Municipal de Écija. 1. La ciudad’), entre otros, además de multitud de capítulos en obras colectivas y artículos en algunas de las más destacadas revistas de su especialidad.
Pregunta.–En su currículum veo que tiene una estrecha unión con Écija. Ha trabajado mucho allí y es miembro de la Academia Luis Vélez de Guevara.
Respuesta.–Hasta quinto de carrera yo apenas conocía Écija. Solo de parar en el Pirula a desayunar y echar gasolina cuando íbamos a Madrid. Pero en quinto me dio clases Genaro Chic García, que fue quien me propuso hacer la tesina sobre Écija.
P.–No era mala propuesta. Écija es uno de los grandes enclaves romanos de Andalucía.
R.–Es una de las sedes de los conventos jurídicos. Es decir, el sitio donde un gobernador romano convocaba para impartir justicia de los casos importantes. En la provincia de la Bética había cuatro: Córdoba (la capital), Cádiz, Sevilla y Écija. Además, Écija es el centro fundamental que articula todo el valle bajo del Genil y el entronque con el Valle Medio del Guadalquivir. Toda la riqueza de la zona la canaliza Écija y eso es perceptible en la riqueza arqueológica. Sus dos grandes momentos fueron la época romana y el siglo XVIII, con la exportación de aceite y seda a América. De ahí su gran barroco.
P.–Ha trabajado sobre los mosaicos, una de las herencias más hermosas de Roma. ¿Son simplemente pavimentos bonitos o son algo más?
R.–Son algo más. Por supuesto tienen la faceta decorativa, pero también sirven para exponer la ideología del personaje que lo encarga, su forma de ver las cosas, su lugar en el mundo, con qué divinidades se siente identificado... En el corpus de mosaicos de Écija, con más de cien piezas, hay ejemplos monumentales.
P.–¿Me destaca alguno?
R.–Uno que es de doble lectura o de figura invertida que muestra el rostro de un joven o de un anciano en función de la posición desde la que lo mires. Tiene rasgos humorísticos y nos indica una preocupación del propietario por el paso del tiempo. Se encuentra en una casa que está en la plaza de Armas, en el recinto del Castillo. Son casas de la élite astigitana enriquecida, que gana mucho dinero por trabajar en beneficio del Estado. Digamos que Itálica es una ciudad de aristócratas y Écija de burgueses, a veces libertos enriquecidos. No hay senadores.
Los mosaicos decoran, pero también indican la ideología de los propietarios
P.–¿Quiénes hacían estos mosaicos?
R.–En los lugares donde existía mucha demanda había talleres estables. Pero también se conocen talleres itinerantes. Muchos mosaicos se debieron vender por comerciales que llevaban una especie de catálogo. No lo tenemos documentado, pero hay evidencias arqueológicas de mosaicos que son idénticos a otros y están a cien kilómetros.
P.–Ha investigado sobre los inicios de la Sevilla romana, Hispalis.
R.–He escrito sobre la Sevilla tardorrepublicana hasta época Flavia. Aunque Roma llegó a esta tierra con la Segunda Guerra Púnica, no se la detecta claramente hasta a partir de época cesariana, en el siglo I a. C. En este momento sí tenemos información sobre Hispalis, una ciudad indígena donde habitan romanos en comunidades autónomas, independientes, pero de los que no tenemos evidencias individuales. Hispalis tenía la ventaja de estar en el lugar donde el río desembocaba en el mar, un punto de ruptura de carga, como dicen los geógrafos. Aquí se instalan los romanos porque está cerca de las minas de Aznalcóllar y de Huelva, de las campiñas y de Gades... La epigrafía más antigua que encontramos es de época de Augusto. Antes no tenemos nada.
P.–¿Cuál es el primer romano hispalense localizado con su nombre?
R.–En epigrafía es una mujer joven que se llama Peregrina. Onomásticamente es indígena, pero no sabemos nada más. Solo tenemos el nombre y la edad. Esa es la limitación de la epigrafía.
P.–La epigrafía es una de las fuentes fundamentales para conocer la antigüedad.
R.–Es un goteo permanente de información, normalmente de poca importancia, pero de vez en cuando hay zambombazos. En la provincia de la Bética se han dado muchos desde los años ochenta hasta la actualidad.
P.–Diga alguno de estos pelotazos.
R.–La epigrafía jurídica. Todos sabemos cómo funcionaba la célula base del Imperio Romano, las ciudades, gracias a las leyes municipales y coloniales encontradas en la Bética. No tenemos piezas similares en casi ninguna otra zona del imperio. Sabemos mucho de cómo funcionaba Roma, pero no las otras ciudades Esta epigrafía de la Bética nos da información sobre la política, la sociedad y la economía de estas ciudades.
El puerto de Sevilla fue muy importante para la política atlántica de Roma
P.–Destaque alguna de estas leyes encontradas.
R.–La Lex Irnitana, es la ley más completa que hemos conservado. Y sin embargo es una ciudad que desconocíamos por completo en otro tipo de registros. Posiblemente porque estaba a trasmano de las grandes vías de comunicación. No aparece en Plinio ni en Ptolomeo ni en Estrabón ni en nadie. Es un sitio que se encuentra donde se juntan las provincias de Málaga, Córdoba y Sevilla. Es una ley en bronce, material que normalmente se refundía para otros usos, por eso es un milagro su conservación.
P.–Es impresionante el esfuerzo jurídico de Roma. Hasta la ciudad más perdida y pequeña tiene sus leyes en bronce.
R.–Esa es la gran aportación de Roma a la civilización occidental.
P.–Paco Socas decía que la epigrafía funeraria facilitaba el diálogo entre los vivos y los muertos. Muchas son muy bellas. ¿Recuerda alguna en especial?
R.–El altar funerario que sus padres dedican a un joven senador y que está en el Alcázar, en el acceso al patio de la Montería. Era alguien que iba a llegar lejos, pero se murió muy joven. Lo ha estudiado muy bien Pepe Beltrán.
El Monte Testaccio es una colina de tierra andaluza en medio de Roma
P.–Y llegamos al puerto romano de Sevilla, otro de sus temas de investigación y uno de los asuntos más pujantes actualmente en la arqueología romana de Sevilla. Hasta hace poco no sabíamos que era tan importante.
R.–Fue el puerto más importante de Occidente y, por supuesto, de la Península Ibérica. Convirtió a Sevilla en algo singular, especial. Es un puerto muy destacado en la política atlántica de Roma, que tiene como objetivo Britania, el norte de África y el norte hispano. Se necesitaba una retroterra que alimentase a los ejércitos y, en general, todo el impulso necesario. Ese papel lo juega la Bética y se canaliza a través de Hispalis. Por eso cuando empieza a haber problemas con esa política, que es fundamentalmente Julio-Claudia, y se dirigen las miradas de Roma hacia un oriente mucho más desarrollado urbanísticamente, esto se viene abajo, lo que ocurre a finales del siglo II y el siglo III, sobre todo a partir de los Severos. Es la época en la que desaparecen los emperadores occidentales. Es curioso que los dos grandes momentos de Sevilla fueron cuando miró a occidente. A un occidente más cercano, durante Roma, y al Plus Ultra en los siglos XVI y XVII.
P.–Pero el puerto de Sevilla no solo miraba al Atlántico.
R.–No, por supuesto. Hay una gran dimensión mediterránea. Es un punto importantísimo de la exportación del aceite bético a Roma. Ahí tenemos el Monte Testaccio, que es una colina de tierra andaluza en medio de Roma. Lo curioso es que ese mismo aceite bético lo encontramos en oriente, en Alejandría, incluso en la India, donde era un auténtico lujo que se compraba con oro chino. Ahora se habla de una globalización en época romana, en la que Sevilla es parte del engranaje, tiene su papel.
P.–El hallazgo más llamativo últimamente han sido las instalaciones portuarias en el cauce del Tagarete.
R.–Fue un descubrimiento muy importante, porque hasta ahora, siempre habíamos buscado el puerto en la fachada occidental de la ciudad, en ese paleocauce del río que iba por Alameda-Constitución- Puerta de Jerez. Pero ahora da la impresión de que el sector del Tagarete es tan importante, si no más, que el otro. Todo lo que está saliendo en la Florida, la Fábrica de Artillería, el Prado o el Alcázar nos indica un espacio de cien hectáreas. Podemos decir que la Sevilla romana era un puerto enorme con una ciudad pequeña. Hasta ahora solo habíamos contemplado un puerto lineal que iría de Sierpes hasta la Puerta de Jerez, más o menos. Ahora tenemos la idea de una gran rada.
P.–Participó en un libro sobre 250 mujeres romanas, pequeñas biografías personales.
R.–Queríamos rescatar perfiles individuales. No la hice yo, pero me llamó la atención la de una hispalense que se llamaba Fabia y que aparece en una inscripción que está en el Museo Nacional y que se la llevaron del Pozo Santo en el siglo XIX. Se autotitula “hija de senador, madre de senador y esposa de senador” y deja un dinero para celebrar el cumpleaños de su marido y establece que todos los años debe ser repartido entre niños y niñas, pero dándole más a las niñas.
P.–¿Caridad entre los romanos?
R.–No, en Roma, cuando se reparte se da más al que más tiene y menos al que menos tiene. Poseen un concepto aristocrático. Por eso el cristianismo es tan disruptivo.
P.–Y ya que estamos en el cristianismo, ¿desde cuándo tenemos conocimiento de su presencia en Sevilla?
R.–El primer testimonio que tenemos es el de las actas del martirio, la pasio, de Justa y Rufina. Es un texto del siglo VII, pero sitúa la acción en el siglo III.
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