Betis | Balance de la Liga Una ciclotimia que acabó derivando en un descalabro

  • El Betis de Setién nunca alcanzó la regularidad en la Liga y alternó luces y sombras en el juego

  • Los malos resultados de 2019 dejaron sin crédito al entrenador

Quique Setién junto a algunos de sus colaboradores en el Bernabéu. Quique Setién junto a algunos de sus colaboradores en el Bernabéu.

Quique Setién junto a algunos de sus colaboradores en el Bernabéu. / Joaquín Corchero

El Betis finalizó la temporada con una exhibición de su mejor repertorio en el Santiago Bernabéu, en un espejismo más propio de ese equipo que se ha crecido en grandes escenarios pero que no ha sabido competir con la regularidad necesaria para conseguir el objetivo europeo. La ciclotimia en la que se ha movido en la temporada acabó derivando en un descalabro iniciado en 2019 y que se acentuó tras las decepciones de las eliminaciones en la Liga Europa y la Copa del Rey.

Los números muestran ese pobre rendimiento de la temporada, que sólo encontró repuntes en algunos momentos de la primera vuelta, en la que el Betis finalizó séptimo clasificado con 26 puntos; en la segunda, los verdiblancos han sumado 24, con esos seis acumulados en las dos últimas jornadas ante Huesca y Real Madrid, que lo han dejado como el decimosegundo de ese segundo tramo del campeonato.

Analizando los tercios de la competición, el cuadro heliopolitano alcanzó su mejor rendimiento en el ecuador de la temporada. Si en el primero sumó 16 puntos, lo que lo dejaba como decimocuarto, en el segundo llegó hasta los 20 para elevarse a la sexta plaza; el descalabro de la recta final lo apartó de la pelea por Europa, con únicamente 14 puntos en las 12 últimas jornadas, seis de ellos tras las reseñadas victorias ante Huesca y Madrid.

Quique Setién apostó desde el inicio por ese sistema con tres centrales que aupó al Betis en la segunda vuelta del año anterior, pero el equipo verdiblanco no fue un conjunto equilibrado. La excesiva apuesta por el fútbol de posición mostró a un equipo que sí supo defender con el balón, pero al que le faltó verticalidad y profundidad en su juego, con ese temor a la pérdida que provocase las transiciones del rival.

El Betis calienta en el Santiago Bernabéu. El Betis calienta en el Santiago Bernabéu.

El Betis calienta en el Santiago Bernabéu. / Joaquín Corchero

El empeño del técnico en mantener su ideario hasta las últimas consecuencias dejó a un Betis que ya no brilló tanto en su fútbol, a excepción de la visita al Camp Nou, otro punto de ese espejismo como también lo fue San Siro en la Liga Europa.

Únicamente en la recta final del campeonato, Setién optó por variar el sistema para recuperar una zaga de cuatro y la presencia de extremos, una variante con la que el Betis recuperó verticalidad pero también ofreció excesivas facilidades defensivas. 52 goles encajados –el decimoquinto en esa estadística– se antojan demasiados para un equipo que aspiraba a repetir en Europa, sobre todo si la eficacia ofensiva tampoco ha sido brillante.

Las miradas del entrenador y de los dirigentes se dirigieron a la planificación, la misma que había sido calificada por el presidente, Ángel Haro, en septiembre con un “9 o un 10”. El propio Lorenzo Serra Ferrer admitió errores en el mercado invernal, aunque desde el club se tenía el convencimiento de que Setién contaba con elementos suficientes para pelear, al menos, por la séptima plaza incluso sin la llegada de ese ansiado delantero que hubiera elevado las aspiraciones del equipo en las tres competiciones.

Esas discrepancias generadas entre el entrenador y el vicepresidente deportivo acabaron generando división interna en el club verdiblanco. El propio Serra Ferrer, que ya frenó el intento de renovación del técnico cántabro tras la victoria ante el Espanyol del 16 de diciembre, bajó definitivamente el pulgar tras la debacle ante el Levante. La caída libre en la que estaba inmerso el equipo hizo imposible la reacción para alcanzar Europa, lo que acabó minimizando el crédito de un técnico que hacía tiempo que había perdido la fe de gran parte de la afición.

Joaquín remata para anotar su segundo gol ante el Huesca. Joaquín remata para anotar su segundo gol ante el Huesca.

Joaquín remata para anotar su segundo gol ante el Huesca. / Antonio Pizarro

La millonaria apuesta del Betis el pasado verano, con fichajes de postín como el de William Carvalho o el de Lo Celso, además de revelaciones como el de Canales, no encontró los resultados esperados, sobre todo tras esa eliminación en la Copa del Rey que cercenó las ilusiones de disputar una final en Heliópolis.

El Betis de Setién será recordado como un equipo que siempre quiso ser protagonista con la pelota acumulando minutos de posesión, pero que no siempre eligió la versión más competitiva que se requiere en la élite. La victoria en Milán o los triunfos en el Camp Nou y el Santiago Bernabéu permanecerán en el recuerdo de los béticos, que también tratarán de dejar en el olvido derrotas como la del día del Levante en el estreno liguero, la sufrida en El Alcoraz en el primer partido de 2019 o las goleadas encajadas en Butarque o el Ciutat de Valencia, sin olvidar la doble derrota ante el Getafe, ese equipo al que siempre consideró su antítesis y que le pasó por encima tanto en el Coliseum Alfonso Pérez como en el Villamarín.

Los torpes –para algunos malintencionados– mensajes en la sala de prensa supusieron una piedra más en el camino de Setién en el Betis. El técnico quiso construir un equipo de autor, pero éste sólo apareció este año en contados escenarios, por más que los mismos retumbasen en esos altavoces de la prensa nacional.

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