Athletic - Betis | La crónica

El Betis se está abriendo en canal (4-0)

  • La escuadra de Pellegrini perpetra en San Mamés una actuación aún más deshonrosa que la de Getafe y cae goleado por un rival sin gol

  • Ya es el verdiblanco el equipo con más tantos encajados (21) y con más derrotas (6)

Capa cabecea con toda las facilidades para anotar el segundo del Athletic. Capa cabecea con toda las facilidades para anotar el segundo del Athletic.

Capa cabecea con toda las facilidades para anotar el segundo del Athletic. / Luis Tejido | Efe

El Betis de Manuel Pellegrini, el mismo que despertó tempranas alabanzas por esa anhelada solidez al dejar la portería a cero ante Alavés y Valladolid en las dos primeras jornadas, se está abriendo en canal. Ante el Athletic Club, una formación que hoy describe un triste vuelo rasante, varios estratos por debajo de su imponente historia, el esponjoso equipo verdiblanco encajó un dolorosísimo 4-0 que supuso el enésimo castigo a una parroquia, la heliopolitana, que se está habituando a demasiados momentos amargos y hasta alguna que otra afrenta a su historia de quienes visten la rayada en verde y blanco. Porque lo de Bilbao fue eso, una falta de respeto a la leyenda de las trece barras. Un grosero ejercicio de indolencia. Hay formas de caer y la que eligió el Betis no pudo ser más indecorosa.

Del absentismo de los verdiblancos en un partido de los que pueden marcar el rumbo en un campeonato –de ganar, los béticos se colocaban quintos aun con los asteriscos de los que tienen partidos pendientes– dice mucho un detalle: el árbitro Alberola Rojas, por mucho que deje jugar, no tuvo que sacar una sola cartulina amarilla. Como si se tratara de un partido homenaje a Iriondo.

Vídeo: Resumen del Athletic de Bilbao-Betis / Laliga

Y todos se jugaban mucho. Por supuesto que el Athletic también. Y su entrenador, más. Pero los leones no tuvieron ni que sacar las garras para devorar al Betis. Les bastó con sacar la dulce sonrisa de Simba para que los goles fueran cayendo sin remisión. Y el Betis, como si no fuera con él. Sin el mínimo orgullo ni amor propio para apretar los dientes y sacar el hacha. Para caer, si acaso, con honor.

El tramo final del partido lo vio Manuel Pellegrini sentado y con la cabeza hundida, como el familiar que lleva horas en la sala de espera de una UVI. A él también hay que perdirle responsabilidades, claro que sí. Con el palmarés y el prestigio no se tapan agujeros. Y a este Betis, el del Ingeniero, le salen vías de agua por todas partes. Ya es el equipo más goleado, con los 21 tantos que ha recibido en sus últimos ocho partidos ligueros. Y también es el que más derrotas suma, seis.

El preparador chileno, ausentes Mandi y Bartra, éste aquejado de molestias de última hora, tuvo que remendar el eje de la zaga con una pareja de centrales inédita y sospechosa, pues Sidnei no termina de adquirir el tono entre entradas y salidas y Víctor Ruiz estrenaba titularidad tras salir desde el banquillo en los tres últimos partidos, ante Atlético, Elche y Barcelona.

El central catalán, a sus 31 años y con su dilatada experiencia, no se iba a dejar impresionar por su estreno como titular. Y menos ante las silentes gradas de San Mamés. Pero ya evidenció que algo no iba bien en la forma de encarar ese balón raso que envió Villalibre en el minuto 9. Lo condenó su posición forzadísima para buscar el despeje con su pie bueno, el izquierdo, en lugar de meter el derecho para orientar el balón hacia fuera, y no hacia su portería. Al meter la zurda, y de forma desmañada, en una pelota que venía desde la izquierda, el cuero describió una parábola envenenada y se coló junto al palo derecho de un resignado Claudio Bravo.

Ese autogol fue un revés lógico vista la puesta en escena de los verdiblancos, que tuvo mucho más que ver con la quebradiza del Coliseum Alfonso Pérez y el Camp Nou que con la briosa de Mestalla o el Wanda Matropolitano.

Antes de ese 1-0, Berenguer ya se coló entre Emerson y para soltar un tiro que repelió Claudio Bravo (3’), Iñaki Williams tiró demasiado cruzado en una contra después de un córner bético (5’) y el propio Víctor Ruiz salvó un remate a quemarropa de Villalibre a centro de Berenguer (8’).

Un equipo sin gol, que sumaba siete en ocho partidos, había encadenado tres llegadas en ocho minutos. Y a la cuarta marcó.

A los doce minutos pudo cambiar todo, o no, en una falta lateral que Joaquín botó al segundo palo, prolongó Víctor Ruiz y cabeceó a puerta Guido. Unai Simón la sacó de dentro, pero Víctor Ruiz estaba en fuera de juego por poco cuando intervino.

Pellegrini se empeña en tirar la línea muy arriba, pero la alarmante falta de conceptos defensivos de muchas de sus piezas desnuda al equipo casi sin que el rival haga nada meritorio para ello. Emerson y Álex Moreno volvieron a perder cada disputa con sus pares, los centrales anduvieron siempre lentos, descolocados.

El segundo gol de los vascos, pasada la media hora, parecía inevitable. Emerson concedió otro cómodo centro, Víctor Ruiz no llegó a cortar, Villalibre cabeceó a quemarropa y Capa aprovechó el paradón de Bravo para remachar.

En el borrón bético, capítulo aparte merece William Carvalho, una sombra que deambuló por el campo. Pellegrini tardó tanto en cambiarlo, que la pasividad del luso ante Muniain terminó de cerrar el partido a la hora de juego, después de que el navarro abriera a su izquierda a Villalibre y se fuera al remate sin marca. Claudio Bravo hizo otra buena parada, pero ante el segundo testarazo del navarro no pudo hacer nada.Sólo con el 3-0 quiso sacudir el árbol Pellegrini: Borja por Tello, Loren por William, Guardado por Sanabria. Y lo que le cayó del árbol fue el cuarto gol, una buena volea de Berenguer. Al Ingeniero, el Betis se le abre en canal.

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