Real Betis-Getafe | Crónica Un Betis que tiene, sobre todo, sangre (1-1)

  • Los verdiblancos, a falta de otros argumentos, tiran del amor propio para recuperar un punto ante un Getafe superior once contra once

  • Los béticos se quedaron sin Carvalho en el minuto 25 y ya al final sin Loren

Preciado botín para el Betis en una noche que amenazó tormenta y que acabó con una hermosa demostración de orgullo por parte de la tropa que conduce Rubi. Los béticos recuperaron un punto contra un Getafe que los había superado con nitidez cuando ambas escuadras estuvieron once contra once sobre el irregular césped del Benito Villamarín, pero que después se tuvo que rendir ante la lección de sangre y amor propio protagonizada por Loren, Fekir y compañía cuando más complicada parecía la empresa para los anfitriones.

El fútbol, indudablemente, no es una ciencia exacta y por eso tiene esa espita abierta a lo imprevisible. Los béticos tenían motivos de sobra para abandonar con cierta satisfacción su coliseo cuando todo concluyó. El partido parecía irremisiblemente perdido cuando González González apelaba al VAR para mostrarle la cartulina roja a William Carvalho en una jugada que pudo acabar aún peor de haberse ejecutado la ley de la ventaja. Después llegaron unos minutos de desconcierto y de desazón, incluida la bronca continua a Kaptoum, señalado como el culpable de esa acción por la grada, pero el Betis supo sobrevivir en esos momentos de zozobra antes de arribar a un intermedio que resultó providencial por las decisiones de Rubi.

Porque el técnico catalán supo recomponer la situación a través de un riesgo máximo. Sacó del campo a Kaptoum sin que nadie pudiera gritarle en la intimidad del camerino y puso en liza a Loren, un delantero por un centrocampista cuando ya estaba en las duchas el otro pivote, William Carvalho, por esa tempranera tarjeta roja. La osadía del máximo responsable de este Betis era grande y no hubo ni un solo analista que no se preguntara por cómo iba a recomponer a sus peones y, sobre todo, si no pagaría semejante apuesta.

Pero no, el fútbol, a veces, premia a la valentía. Canales se situó en el eje central, los dos zagueros dieron un paso adelante para achicar las distancias y tanto Fekir como Joaquín se aprestaron a aportar mucho trabajo, además de su clase innata. Arriba se quedaban Borja Iglesias y Loren para pelear absolutamente todos los balones a la hasta entonces ordenada zaga de un Getafe que vivía con absoluta comodidad.

La decisión de Rubi tuvo una respuesta inmediata por parte de los suyos. Todos los jugadores se dejaron el alma en pos del colectivo, trabajaron a muerte para aminorar las diferencias con un Getafe que hasta ese instante había sido tremendamente superior. Es verdad que a los madrileños le salió entonces la faz rácana que tantos le afean a su técnico, Bordalás. Pero eso es problema de ellos, en este relato de los hechos, sin duda, sólo interesa el análisis a través del punto de vista de los equipos sevillanos, en este caso el Real Betis Balompié. Lo cierto es que el litigio cada vez se fue equilibrando más y quienes únicamente jugaban ya de verdad eran los que vestían una camiseta verdiblanca.

El Betis había sabido dar un paso adelante, sobre todo a través de un Loren que parecía empeñado en devolverlo a la pelea. El delantero trabajaba a destajo, protegía los balones y encima tenía detalles de calidad que provocaban que el Getafe se fuera desquiciando poquito a poco. Ora una tarjeta a Damián Suárez, ora otra Arambarri, ora un control en el centro del campo, ora un desmarque a las espaldas de Djené para que éste dejara de parecer imperial y se convirtiera súbitamente en humano, con las dudas que todos los futbolistas tienen.

Kaptoum, en un lance con Jason. Kaptoum, en un lance con Jason.

Kaptoum, en un lance con Jason. / Antonio Pizarro

Estas acciones de Loren servían para que el pulso cada vez estuviera más igualado y para que, lógicamente, la pelota se moviera casi siempre más por las cercanías de David Soria que de Joel Robles. Es verdad que la libreta del relator prácticamente deja de contabilizar ocasiones de gol para unos y para otros después de una llegada de Pedraza en el minuto 57, pero eso sólo podía beneficiar al que tenía un futbolista menos sobre el campo y que, además, iba por debajo en el marcador.

Hasta que llegó la acción que devolvió el equilibrio al duelo. Fekir retornó a sus terrenos naturales, es decir, ingresó en el área del Getafe como si se tratara de un delantero centro y ahí sufrió la embestida de Djené. El derribo había sido clarísimo y el Betis abrió de esa forma la puerta de la esperanza. Penalti, Joaquín enseña toda su clase desde los once metros y lo que parecía increíble media hora antes se había producido. El Betis había sido capaz de igualar pese a estar con un futbolista menos desde el minuto 25.

Y no se iba a quedar ahí la cosa, ya que los hombres de Rubi siguieron jugando con sangre en los ojos para hacer que el Getafe tomara su propia medicina. El Betis ya había demostrado que era capaz de hacer ese trabajo sucio que tan necesario es en el fútbol en ocasiones como ésta. Los verdiblancos parecían que no estaban con un hombre menos, aunque, lógicamente, a los verdaderos protagonistas les hará gracia esta sensación por el tremendo esfuerzo al que se veían obligados para paliar semejante desventaja. El tiempo transcurrió lento, es verdad, el VAR anuló con justicia un gol de Ángel y hasta Loren fue también expulsado de una manera incompresible. Pero el Betis se había ganado el derecho a sonreír con un punto imposible en el primer tiempo. A este equipo le falta fútbol, sobre todo en la organización defensiva, pero le sobra corazón y sangre...

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