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  • Machín y Rubi comparten algo más que la dureza del camino que les tocó andar

  • En 2014, el soriano tomó el banquillo del Girona unos meses después de la salida del barcelonés, y este octubre, ese proceso se repitió en el Espanyol

Pablo Machín toma notas desde el área técnica en un partido del Espanyol. Pablo Machín toma notas desde el área técnica en un partido del Espanyol.

Pablo Machín toma notas desde el área técnica en un partido del Espanyol. / Rodrigo Jiménez / Efe

Aunque entre uno y otro hay cinco años de diferencia, hay ciertas similitudes en los caminos de Pablo Machín –44– y Joan Francesc Ferrer 'Rubi' –49–. Uno castellano-leonés y el otro de la periferia barcelonesa, a ambos les ha costado sangre, sudor y lágrimas llegar a banquillos de élite. Al menos una década y media desde que eligieron atravesar la línea de banda y pasar al área técnica. Lo hicieron entre los años 2000 y 2001.

“Mi camino ha sido muy duro, yo llegué a pensar en dejarlo”, decía Rubi el año pasado, en una entrevista a El Periódico de Cataluña. Compaginó muchas temporadas con un rol administrativo en una empresa familiar. Contaba que en la 2010, tras un año en Benidorm, vivió su momento más crítico. “Hicimos una gran temporada pese a no cobrar desde octubre y luego no salió nada”. Las dos siguientes campañas, ya de vuelta en Vilasar de Mar, las pasó sin entrenar.

Y mientras Rubi atravesaba ese páramo, se descubría en Soria un joven técnico con mucho hambre. Tras haber entrenado durante años en las categorías inferiores del Numancia y haber ejercido de ayudante para Gonzalo Arconada, Kresic o Unzué, un tipo de 36 años tomaba el banquillo del primer equipo de Los Parajitos. No era otro que Pablo Machín. Y dirigió durante dos campañas al equipo de su ciudad. Pero en 2013 no se le renovó.

Machín realizó un buen trabajo en el conjunto soriano, pero pocos le veían madera de verdad. “El entorno me catalogaba como un entrenador de la casa y tenía dudas de que cuando saliera fuera de Soria pudiera hacerlo bien. Y eso me fastidiaba bastante”, confesó el entrenador algunos años después.

En marzo de 2014, recibió la llamada del Girona, entonces colista de Segunda División con unos raquíticos 30 puntos tras 29 jornadas. Apenas nueve meses antes, aquellos jugadores habían disputado un play off de ascenso a Primera, dirigidos por Rubi. Machín le dio la vuelta a la tortilla, ganando seis de los 13 partidos restantes, salvó al Girona e insistió luego tanto en subir de categoría que lo terminó logrando al tercer intento.

Rubi, que en 2013 eligió formar parte del staff del Barcelona como analista, volvió a pasar por sinsabores. Sin embargo, en 2018, después de ascender al Huesca, se le ofreció arrancar un proyecto de cero en la Liga, por primera vez. Su éxito en el Espanyol es de sobra conocido.

En junio, confirmada su marcha al Betis, Rubi avanzó que los pericos no darían “un paso ambicioso” en su proyecto deportivo y que por eso dejaba el club. Efectivamente, ese paso no llegó. Y tras el fracaso de David Gallego recogió al equipo Machín. Como en 2014, cuando llegó a Gerona, en una situación de alarma.

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