John Locke, filósofo: "Todo aquello que nos preocupe nos tendrá controlados"
Se puede aplicar en todas las vertientes, desde lo personal hasta lo profesional
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La mente, la libertad y el poder son tres cuestiones que preocupan al ser humano desde la antigüedad. Una de las frases celebres del filósofo John Locke es "Todo aquello que nos preocupe nos tendrá controlados". Precisamente, hace referencia a todo ello. Este pensador es muy conocido, sobre todo, por su teoría del contrato social y la defensa de los derechos naturales, en concreto, la vida, la libertad y la propiedad. Además, fue un médico inglés que nació en Reino Unido en 1632 y falleció en 1704. Uno de los primeros empiristas británicos y el padre del liberalismo clásico.
Esta idea conecta la visión del individuo como ser racional capaz de gobenarse a sí mismo. Para él, la libertad no es hacer lo que cada uno quiera, sino en actuar conforme a la razón, sin dejarse llevarse por lo emocional. Si algo nos preocupa desmedidamente no estamos pensando racionalmente, cediendo gran parte de la autonomía.
La preocupación es sinónimo de una ocupación mental constante. Ponemos el foco de atención en todas aquellas cosas y llega a condicionar nuestras decisiones, moldeando la conducta. Un ejemplo de ello es que si nos preocupa la opinión ajena, haremos lo posible por agradarles. Se trata de una herramienta de control, ya sea por un entorno externo o por una inseguridad interna.
La sobreinformación domina la época actual, seguida de la inmediatez y la exposición constante. Así que esta afirmación del pensador John Locke adquiere mucha importancia. Las redes sociales y la cultura de la comparación alimentan las preocupaciones constantes e, incluso generan un clima de inseguridad y ansiedad.
La imagen personal, el rendimiento profesional, la estabilidad económica, la aceptación social son solo algunos de los ejemplos que nos preocupa. Estos temas ocupan el centro de nuestra mente, haciendo que nuestra capacidad crítica disminuya. Actualmente, reaccionamos más que reflexionamos. Es cierto que, consumimos más que elegir. Tendemos a adaptarnos antes que decidir sobre aspectos de nuestra vida que deberían preocuparnos.
En el ámbito político y social, esta se puede entender como una advertencia sobre el poder del miedo. Es cierto que, durante todos los años se ha utilizado las preocupaciones colectivas como herramientas de control y así orientar el comportamiento de la población. Si una sociedad vive preocupada, es mucho más fácil dirigir sus decisiones. Esta preocupación global reduce la capacidad de análisis racional y favorece las respuestas impulsivas.
En este caso, Locke lo que muestra con esta afirmación es que la preocupación no debe dominar a la población. Así se puede diferenciar entre los términos responsabilidad y ansiedad. En la primera, se reconocen los problemas y se actua de manera deliberada. Sin embargo, la preocupación desmedida nos anticipa ante escenarios negativos sin control real sobre ellos. Sin duda, la primera fortalece la idea de libertad y la segunda la debilita.
Actualmente, en el plano personal se puede llevar a través de dos vertientes. Si nuestra preocupación depende de nosotros mismos conviene actuar, pero si no lo es debemos aprender a soltar. Así comienza la verdadera libertad, cuando se puede gobernar la propia mente. La autonomía es tanto política, social como psicológica.
En el entorno digital, sería adecuado elegir con criterio qué información se consume diariamente y cuánto tiempo se dedica a compararse con vidas de otras personas. En el ámbito laboral también se puede aplicar y esto implica que no se puede permitir que el miedo al fracaso o al juicio externo nos paralice. En las relaciones personales resulta un pilar fundamental. La inseguridad no puede tomar las decisiones por nosotros, sino que debemos tener un juicio racional, teniendo en cuenta cuál es la situación y las posibles soluciones.
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