Esta psicóloga explica cómo mantener los límites entre madres e hijas para que sean efectivos

El problema de poner límites es que raramente se mantienen en el tiempo por la insistencia de la madre

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Madre e hija
Madre e hija / Pexels

La relación de las madres con los hijos puede ser difícil en muchas ocasiones. Algunas progenitoras no asimilan que los descendientes han crecido y, de alguna forma, tienen que tomar sus propias decisiones. Esto se traduce en discusiones constantes en busca de un entendimiento. En la mayoría de los casos eso no se produce y los límites son la solución, pero son díficiles de mantenerlos en el tiempo.

La psicóloga Lucía Aranda explica por qué sucede esto y cómo se puede llegar a una solución en el que ambas partes se sientan cómodas. Uno de los mayores ejemplos es que si ya la hija se ha independizado y vive lejos, siempre pregunta cuándo irá a verla. Este en realidad es uno de los casos, porque realmente son muchos más.

Las progenitoras no llegan a entender que pueden tener otros quehaceres y que la vida de ambas suele ser totalmente diferentes. Bien por incompatibilidad con el trabajo o con los horarios de su nueva familia. Además, aunque la hija ha crecido, muchas de ellas siguen manteniendo el rol de lider que va guiando en el camino. Creen que tienen la potestad y cuentan con la licencia de ejercer un tipo de autoridad con las hijas.

El problema de todo esto no está en ponerles límites, sino en la ambivalencia de estos, ya que tenemos que mantenerlos y en rara ocasión ocurre. No se trata de una decisión de un día, sino que probablemente sientas la capacidad de hacerlo de vez en cuando. El mejor ejemplo es que proponga siempre ir a comer. Y por alguna razón no puedes o no quieres hacerlo. Primero de todo, como hija, se debe pensar la frecuencia en la que te gustaría comer con ella, sintiéndote realmente cómoda. Por ejemplo, una vez a la semana. Pues para que el límite se mantenga, se debe mantener ese hábito en el tiempo. Además, es una forma de que la madre se acostumbre a esa nueva normalidad, pero sin que le resulte brusco ni incómodo.

La relación de la madre protectora con la hija

Cuando una madre es muy protectora con su hija, los psicólogos suelen hablar de sobreprotección, un estilo educativo que, aunque nace del cariño y del deseo de evitar sufrimiento, puede tener efectos negativos en el desarrollo emocional y en la autonomía de la niña o adolescente. La sobreprotección aparece cuando el adulto intenta controlar en exceso las decisiones, experiencias o dificultades del hijo, evitando que se enfrente a retos propios de su edad.

Desde la psicología se considera que el primer paso es comprender el origen de esa conducta. Muchas madres sobreprotectoras actúan así por miedo: miedo a que su hija sufra, se equivoque o fracase. En otros casos puede influir la propia historia personal de la madre, su ansiedad o experiencias negativas pasadas. Entender que la intención suele ser proteger —y no limitar— ayuda a abordar la situación con más empatía y menos confrontación.

Una de las recomendaciones más habituales de los psicólogos es establecer una comunicación abierta y tranquila. Si la hija ya tiene suficiente edad para expresarse, puede explicar cómo se siente cuando percibe demasiado control. Es importante hacerlo sin acusaciones, utilizando frases centradas en las propias emociones, como “me gustaría poder intentar hacer esto sola” o “necesito un poco más de espacio para aprender”.

También se aconseja introducir la autonomía de forma gradual. La independencia no aparece de golpe; se construye poco a poco. Permitir que la hija tome pequeñas decisiones —por ejemplo, organizar su tiempo, resolver problemas escolares o gestionar sus actividades— ayuda a que gane confianza en sí misma. A la vez, la madre puede seguir presente como apoyo, pero sin intervenir inmediatamente en cada dificultad.

Los psicólogos también destacan la importancia de normalizar el error. Equivocarse forma parte del aprendizaje y del desarrollo personal. Cuando una madre intenta evitar cualquier fracaso, puede transmitir involuntariamente la idea de que el mundo es demasiado peligroso o que la hija no es capaz de enfrentarlo sola.

Referencias bibliográficas:

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