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Una psicóloga explica cómo abordar la atención a los pacientes tras una tragedia "Es crucial dar espacio a las emociones sin juzgarlas"

Estas situaciones son complicadas de abordar y es esencial contar con una ayuda psicológica

"La atracción que sentimos de una persona depende de su olor", según este psicoterapeuta

Terapia psicológica / Pexels

El accidente de tren de Adamuz, en la provincia de Córdoba, ha sido una auténtica catástrofe. La tristeza ha unido a toda la provincia y la ayuda humanitaria se ha multiplicado, sobre todo, en los pueblos y las ciudades más cercanas. Los psicólogos son claves para ayudar en todo el próceso, tanto a los familiares como a los propios afectados. Marta Martín Mazaira, psicóloga responsable de área clínica en Alan España, explica cómo se debe gestionar un suceso traumático tanto en adultos como en niños.

En primer lugar, las personas que se han visto afectadas por un suceso traumático como el que se ha experimentado en las últimas 24 horas, experimentan según la psicóloga lo que se denomina como "reacciones normales ante las situaciones anormales". Ante esto se debe entender que no existe una única forma de reaccionar. "He acompañado a personas que inmediatamente después de vivir un acontecimiento traumático experimentaban miedo intenso, mientras otras manifestaban enfado, tristeza, ira o, incluso, un bloqueo emocional tan profundo que verbalizan como no siento nada", aclara la psicóloga.

Cuáles son los síntomas que suelen aparecer en las primeras 72 horas

Lo que resulta crucial en esta fase inicial es dar espacio a todas estas emociones sin juzgarlas. Una persona que ha vivido o presenciado el accidente necesita tiempo para asimilar lo ocurrido antes de poder comenzar cualquier camino hacia la recuperación.

Muchas familias han perdido a allegados, bien porque han fallecido o han desaparecido. Esta es probablemente una de las situaciones más dolorosas que puede enfrentar un ser humano, y requiere distinguir entre dos experiencias distintas aunque igualmente devastadoras.

Para familiares de personas fallecidas:

El duelo por muerte traumática tiene características específicas que lo diferencian de otras pérdidas. Según indica la psicóloga este duelo suele caracterizarse por:

  1. La ausencia de preparación: "Salió de casa esta mañana como cualquier otro día"
  2. Las imágenes intrusivas: la mente puede crear representaciones del momento del accidente que generan gran sufrimiento
  3. La culpa del superviviente: pensamientos como "debería haber cogido yo ese tren" o "¿por qué no le pedí que viajara otro día?"

Recomendaciones específicas para esta fase inicial:

Para familiares que no encuentran a sus allegados:

Esta situación de incertidumbre genera lo que denominamos "duelo suspendido" o "duelo ambiguo", descrito por la investigadora Pauline Boss. En estas circunstancias:

Estrategias de afrontamiento inmediato:

  1. Designar un "portavoz familiar" que centralice la comunicación con autoridades para que otros familiares puedan descansar
  2. Establecer turnos si deben estar en hospitales o puntos de información
  3. Limitar la exposición a medios de comunicación: la "infoxicación" aumenta la ansiedad
  4. Practicar técnicas de anclaje al presente cuando la ansiedad sea desbordante (respiración consciente, identificar cinco cosas que ves, cuatro que tocas, tres que escuchas)
  5. Mantener contacto con la red de apoyo: no aislarse aunque el impulso sea hacerlo

Es fundamental que estas familias reciban acompañamiento psicológico especializado desde el primer momento para gestionar esta fase de espera e incertidumbre.

Cómo se aborda esta situación desde la terapia

El abordaje terapéutico debe adaptarse al momento temporal y al tipo de afectación, pero existen protocolos específicos basados en evidencia científica para intervención en crisis y trauma.

Fase 1: Intervención inmediata (primeras 48-72 horas)

En esta fase aplicamos lo que se denomina Primeros Auxilios Psicológicos (PAP), que incluye:

Fase 2: Intervención temprana (primera semana - primer mes)

Aquí valoramos la evolución de los síntomas y diferenciamos entre:

En esta fase trabajamos:

  1. Psicoeducación sobre trauma: ayudar a entender qué está pasando en su cerebro y cuerpo
  2. Regulación emocional: técnicas más elaboradas para gestionar la ansiedad y los flashbacks
  3. Recuperación de rutinas: con flexibilidad pero buscando estabilidad
  4. Procesamiento narrativo inicial: ayudar a construir un relato coherente de lo sucedido
  5. Identificación de recursos personales: fortalecer estrategias de afrontamiento

Fase 3: Intervención a medio-largo plazo (a partir del mes)

Si los síntomas persisten o se intensifican, aplicamos terapias especializadas en trauma:

Consideraciones específicas según el tipo de afectación:

Los niños también son protagonistas en estas historias y se debe tener en cuenta algunas consideraciones. Los niños menores de 6 años "hablan" a través de su comportamiento: regresiones como volver a hacerse pis, miedos nocturnos, apego extremo o juego repetitivo sobre el accidente. Esto no es preocupante, es su forma de procesar. Necesitan presencia física constante, rutinas predecibles y cero exposición a imágenes del accidente.

Los niños de 7 a 12 años harán preguntas repetitivas ("¿mamá, te puede pasar a ti también?") porque están comprendiendo que la muerte existe. Necesitan respuestas honestas pero adaptadas, validación de sus miedos sin minimizarlos, y mantener rutinas escolares. Los adolescentes pueden volverse irritables y desafiantes, o aislarse completamente: están enfrentándose por primera vez con su propia mortalidad. Lo crucial es respetar su autonomía pero mantener supervisión discreta, abrir espacios de conversación sin forzar, y estar atentos a señales de alarma como expresiones de querer hacerse daño o aislamiento total. "¿Y si mi hijo parece estar bien?"

Los síntomas en menores pueden aparecer de forma retrasada, incluso meses después. Un niño que hoy parece "no haberse enterado" puede empezar a manifestar ansiedad dentro de semanas. Por eso recomiendo evaluación profesional preventiva, aunque aparentemente "estén bien". Tres señales que requieren ayuda inmediata: cambios drásticos de comportamiento que se mantienen más de dos semanas, expresiones de querer hacerse daño, o negativa persistente a ir al colegio sin causa aparente.

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