El Palquillo

La Estrella ya está en su parroquia de San Jacinto

  • Las imágenes de la hermandad trianera han sido trasladadas esta mañana y permanecerán en este templo hasta la cuaresma de 2020.

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Muchos de los hermanos que han acompañado al Señor de las Penas y a la Virgen de la Estrella esta mañana guardaban en su retina momentos de cuando la hermandad aún residía en San Jacinto. Templo parroquial añorado por muchos. En el cortejo, bastantes rostros veteneranos que, con lo ojos iluminados, añoraban aquellas salidas al pequeño jardín. Los más jóvenes siempre se habían preguntado por qué su hermandad nunca había podido regresar a la que fuera su casa durante más de un siglo. Los excesos de unos y la intransigencia de otros responden a la pregunta. Pero ahora es diferente

Esta mañana todos se han sacudido de golpe la nostalgia. Una obra, la que se acometerá próximamente en la capilla y la casa de hermandad, ha sido el detonante del esperado regreso. Detrás ha habido mucho trabajo. Muchos años de acercamiento. De trabajo mutuo. De colaboración desinteresada. El fruto ha madurado y ya se ha recogido. La Virgen de la Estrella ha vuelto a cruzar bajo el dintel de San Jacinto. La Valiente ya está en casa junto a su hijo, el Señor de las Penas.

Cuando faltaban pocos minutos para el mediodía la cruz de guía de plata y caoba de la hermandad salía de su capilla. Fuera, numerosos hermano y devotos aguardaban para no perderse el histórico momento. Este sí que lo ha sido por muchas razones. El traslado ha sido lento. Pausado. Como si la hermandad quisiera disfrutar cada metro de los apenas sesenta o sententa que separan capilla y parroquia. Un giro a la izquierda. Otro más para enfilar Pagés del Corro y vuelta a la derecha. Ya ha entrado la cruz en el recinto de la parroquia.

La escolanaía de la hermandad entona cantos delante del Señor de las Penas. Mirada al cielo azul. Muchas personas buscan hueco en la sombra. El calor ya empieza a ser sofocante. Las andas con el Señor avanzan muy poco a poco. Son sus costaleros los que lo portan. 

Mientras la cruz de guía ya se encuentra dentro de San Jacinto comienza a salir el cortejo de la Virgen. Acompañan a la Dolorosa unos cincuenta hermanos con cirios. Entra el Señor en el atrio de la parroquia cuando la Estrella sale a la calle San Jacinto. Parece un partido de tenis. El público gira la cabeza de un lado a otro.

Los titulares de la Estrella en el presbiterio de San Jacinto. Los titulares de la Estrella en el presbiterio de San Jacinto.

Los titulares de la Estrella en el presbiterio de San Jacinto. / José Ángel García

La Dolorosa luce la corona de oro con la que fue coronada allá por 1999, excelente joya que se podrá contemplar en el tesoro de la Macarena junto con el palio de Ojeda. Avanza lenta. Algunos advierten que el traslado se está haciendo con demasiada calma. El interior de la parroquia empieza a llenarse de fieles. “Una parroquia de puertas abiertas”, reza un cartel en el tablón de la entrada. Mensaje claro y rotundo.

La Virgen de la Estrella ya está en el atrio. Muy despacio se gira para entrar de cara al pueblo. El azulejo junto a la puerta recuerda que allí celebró la hermandad sus primeros 400 años de vida. Fue en 1960. Entra la Estrella y fuera se lanzan vivas a la Virgen. El aplauso es redondo. Son las 12:53. En unos minutos la hermandad celebrará su primera misa en San Jacinto tras más de cuatro décadas. La alegría se nota en los rostros. La Valiente ha vuelto a su casa. Por fín.

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