El cardenal Amigo Vallejo aquellos buenos chicos de la Corona
El hermano Pablo, secretario de quien fuera arzobispo de Sevilla durante más de 25 años, recuerda la vinculación con la hermandad del Viernes de Dolores
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“Los buenos chicos de la Corona”. Así llamaba cariñosamente el cardenal Amigo Vallejo a aquellos jóvenes que hace ya más de 25 años se reunían en la parroquia del Sagrario en torno al Cristo de la Corona. De aquellos rezos e ilusiones nació una hermandad que hoy recorre las calles del centro de la ciudad cada Viernes de Dolores. A colación de las bodas de plata de la corporación, ayer se celebró un coloquio en el que Pablo Noguera, hermano Pablo, durante más de 25 años secretario personal del cardenal, recordó cómo fueron aquellos primeros pasos de la mano de Rafael Belmonte, uno esos jóvenes y parlamentario del PP.
“Don Carlos estaba muy ilusionado con ustedes por el propio don José Gutiérrez Mora”, rememoró el hermano Pablo. El cardenal siguió muy de cerca todo el proceso de creación de la hermandad y reveló que cuando los veía arremolinados a las puertas del templo decía “¿qué estarán maquinando estos jóvenes”. “Nosotros maquinábamos mucho, la verdad”, reconoció Belmonte.
Una de esas maquinaciones u ocurrencias fue la de llevar a la cofradía en una de sus salidas procesionales hasta las entrañas mismas del Palacio Arzobispal. No se conocían precedentes. Era algo insólito y el cardenal lo acogió de muy buen grado. “Él lo vivió con mucha pasión y alegría. Estaba muy contento. Por la mañana me dijo ‘Pablo, esta tarde vienen a visitarnos la Hermandad de la Corona’. Él os veía como unos jóvenes entusiasmados y serios”.
El hermano Pablo abundó en que el especial interés que Amigo Vallejo tenía por la corona se derivaba en gran parte por la amistad con Gutiérrez Mora, uno de los tres sacerdotes de Sevilla que le visitó en Tánger cuando fue nombrado arzobispo de Sevilla. A este respecto, Noguera incidió que desde su nombramiento Amigo Vallejo tuvo plenos poderes en la Archidiócesis de Sevilla por la enfermedad del cardenal Bueno Monreal: “Era una diócesis que estaba impedida. Mucha gente no sabe que desde que fue nombrado, y siguiendo como arzobispo de Tánger, ya tuvo poderes. Desde el mes de mayo. Vino con mando en plaza, no como coadjutor o auxiliar”.
Nada más llegar, Amigo tuvo que organizar todos los preparativos de la primera visita del Papa Juan Pablo II, en la que beatificó a Santa Ángela de la Cruz. Esta visita, junto a la de 1993, supone alguno de los mejores recuerdos del cardenal en la Archidiócesis aunque, como reconoció el hermano Pablo, son tantos que es difícil destacar alguno: “Los mejores son la mayoría. Las visitas pastorales eran un gozo. De los peores no me acuerdo, como él decía lo que nos hace sufrir es mejor olvidarlo. Él lo pasaba mal con el sufrimiento de la gente”.
Entre los momentos malos, Noguera se detuvo en dos sucesos que conmocionaron a la ciudad: el asesinato de Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García Ortiz por parte de ETA o la desaparición de Marta del Castillo.
Ya como arzobispo emérito, el cardenal siguió íntimamente ligado a la ciudad, pese a vivir en Madrid: “Él vivía a Sevilla permanentemente. Permanecía en su corazón y venía siempre que era requerido con respeto escrupuloso. En una de esas visitas, el cardenal se encontró con un vía crucis de la Hermandad de la Corona y afloraron los recuerdos. “Dijo, ‘esos buenos muchachos de la Corona se han hecho grandes. Han crecido’”.
El hermano Pablo, que decidió vivir en Sevilla tras el fallecimiento del cardenal, “es mi casa y además me gusta estar cerca de su sepulcro”, concluyó esta charla cuaresmal asegurando que la mejor manera de preservar el legado del arzobispo franciscano es seguir su ejemplo: “Quered a los pastores como lo habéis querido a él”.
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