“Las cofradías no son para el folklore ni para el turismo”
Retahílas
Se cumplen 45 años de la muerte de Álvaro Cunqueiro, el escritor de Mondoñedo, villa gallega con obispo, que dio el pregón de la Semana Santa de Vigo de 1972
Dirigió el periódico de la ciudad entre 1965 y 1969
Sevilla pura, cabeza de Fuerteventura
Hoy se cumplen 45 años de la muerte de Álvaro Cunqueiro (1911-1981). Aquel primer aniversario del 28-F quedó opacado por la intentona golpista del 23-F, que cinco días antes de su muerte el escritor de Mondoñedo siguió por la radio y el televisor. El 25 de febrero le llegarían los ecos del discurso de investidura (que a punto estuvo de ser de embestidura) de Leopoldo Calvo-Sotelo. Cunqueiro es un escritor que cuenta con más biógrafos en Sevilla que en la propia Galicia. Manuel Gregorio González ganó el premio Antonio Domínguez Ortiz con su obra Álvaro Cunqueiro, Juglar sombrío. Pocos días después de su muerte, apareció la de Antonio Rivero Taravillo titulada Álvaro Cunqueiro. Sueño y leyenda (Renacimiento).
En la página 459, el que antes fuera biógrafo de Luis Cernuda y de Juan Eduardo Cirlot, cuenta que Cunqueiro fue pregonero de la Semana Santa de Vigo. Pronunció el pregón el 23 de marzo de 1972 en el Regio Círculo Mercantil de la ciudad viguesa. Rafa R. López, colega del Faro de Vigo, periódico que Cunqueiro dirigió entre 1965 y 1969, ha tenido la gentileza de mandarme la página del rotativo que recogía esta exaltación cofrade de un fabulador nacido en una ciudad, Mondoñedo, sede episcopal de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol cuyo obispo, Fernando Quiroga Palacios, fue después arzobispo de Santiago de Compostela y primer presidente de la Conferencia Episcopal Española.
Antes de detenernos en algunos detalles del pregón de Cunqueiro, no está de más referir algunas aproximaciones del escritor gallego a la cultura andaluza. En 1960 recibió el premio de la Crítica, modalidad de Narrativa, por Las crónicas del sochantre, mientras que en Poesía lo obtenía José Manuel Caballero Bonald por Las horas muertas. En 1962 le dan el premio Juan Palomo en la modalidad de prosa, galardón creado por el académico sevillano Manuel Halcón. En poesía lo ganará Joaquín Romero Murube, conservador del Alcázar y pregonero de la Semana Santa de Sevilla de 1944, el año del desembarco de Normandía y que a Cunqueiro le retiran el carnet de prensa por su excesiva afición a la picaresca no sólo como género literario sino como estilo de vida.
Con Romero Murube
Con Romero Murube volverá a coincidir. En octubre de 1965 ambos pregoneros, el de Sevilla y el de Vigo casi tres décadas después, están en Zaragoza para participar en unas jornadas que la Cátedra Fernando el Católico organizó sobre el Descubrimiento de América. Cunqueiro tituló la suya El Descubrimiento en Galicia y se centró en la llegada de la carabela Pinta a Bayona (Pontevedra) en 1493. Romero Murube habló del Descubrimiento desde Sevilla, antesala de lo que muchos años después sería la Expo 92.
El 5 de diciembre de 1968, Cunqueiro estuvo en el Círculo de Labradores de Sevilla para dar la conferencia titulada Estructuras del mundo mágico: el orden y el caos. Dos días después habló en Cádiz sobre Introducción de un Diccionario de Ángeles. Ambos actos organizados por el Ministerio de Información y Turismo “de su amigo Fraga”, en palabras de Rivero Taravillo. Amigo y paisano. Uno de Villalba, de Mondoñedo el otro. A la charla del Labradores asistió el alcalde de Sevilla, Félix Moreno de la Cova. “¿Qué pensarían las distinguidas autoridades cuando Cunqueiro empezó a hablar de Ferdinand de Saussure y de Claude Levi-Srauss?”, se pregunta su biógrafo. No estuvo Romero Murube porque ese mismo día le estaba enseñando el Alcázar y sus jardines a los príncipes de Jordania. El año de su paso por el Labradores, el sevillano Manuel Ferrand ganó el Planeta. No hubo Betis-Sevilla en Primera porque los dos equipos habían bajado a Segunda División. Un mes después de su paso por Sevilla, 5 de enero de 1969, ganó el Nadal por la novela Un hombre que se parecía a Orestes.
Hay otro nexo emotivo de Cunqueiro con Andalucía. De sus muchas colaboraciones con Televisión Española, destaca su trabajo de guionista para un documental titulado Galicia, que dirigió el cineasta sevillano Claudio Guerin Hill. Nacido en Sevilla en 1938, murió con 34 años, el 16 de febrero de 1973, al caer de la torre de la iglesia de san Martín de Noia, localidad coruñesa, durante el rodaje de La campana del infierno.
El otro referéndum
El 28-F andaluz no fue el único referéndum de ese año. El 21 de diciembre de 1980 tuvo lugar el referéndum para aprobar el Estatuto de Autonomía de Galicia. Armesto Faginas, director de El Faro de Vigo, le pidió a Cunqueiro que escribiera el editorial del periódico para pedir el voto afirmativo. El escritor de Mondoñedo ya participó en el fallido referéndum del Estatuto Gallego en 1936 que la guerra dejó en papel mojado.
En 1981 Cunqueiro recibe el título de Lucense del año. Un año que para él duró 59 días. En su pregón de la Semana Santa de Vigo, al evocar la procesión nocturna (él habla de desfile) de la Soledad, con San Juan y la Madre Dolorosa, bajo sus andas “se escondía un niño de coro para cantar los ayes terribles en el silencio vespertino: Aay de mí, / que al Hijo de mis entrañas / en una Cruz le vi!”. Un pregón con reminiscencias meridionales al anunciar las albricias de la Resurrección. “Lo decían el ruiseñor, acabado de llegar del Sur, y las primeras hojas, verde que te quiero verde, en las finas ramas de los abedules”.
Palabras con mucha vigencia
Defendía la vigencia de la Semana Santa como una oración andante, vigente. “La abundancia y riqueza de los pasos y de las cofradías penitenciales no han nacido para el folklore ni para el turismo”. Palabras que no pueden tener más vigencia más de medio siglo después. Decía Cunqueiro que faltaría a “mis más íntimas y profundas convicciones si no aludiese al descreimiento del siglo, a la dureza de los días que vivimos, a la debilidad de nuestra fe, a las tempestades de ateísmo y negación de todos estos años”. Habla de la tradición del Judío Errante en Verona. Ese mismo verano se celebraron los Juegos Olímpicos de Munich en los que el comando Septiembre Negro asesinó a varios integrantes de la delegación israelí.
Cunqueiro pregonó todo lo pregonable: el alvariño, la lamprea, el camino de Santiago, las cruces de mayo de Granada, el quinto centenario de la villa de Betanzos… El año del pregón de Cunqueiro (1972) fue pregonero de la Semana Santa de Sevilla Ramón Martín Cartaya. Al suyo asistió el obispo de la diócesis de Tuy-Vigo José Delicado Baeza, que después pasó a la diócesis de Valladolid, donde fue pregonero. También lo fue allí Carlos Amigo Vallejo en 1988 y en la de Cuenca en 2016. El de Sevilla se negó a darlo. Pero ésas son crónicas de otro sochantre.
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