Ritos

¿Qué es el entierro del Aleluya que han recuperado algunas iglesias de Sevilla?

Momento en que se entierra el Aleluya bajo el cuadro de la Divina Pastora.

Momento en que se entierra el Aleluya bajo el cuadro de la Divina Pastora. / D. S.

A muchos les puede sorprender, pero la Iglesia conserva un rito que han recuperado varios templos de Sevilla los últimos años: el entierro del Aleluya. Sí, como lo leen. Se trata de una antigua tradición con la que se prepara a los fieles para la llegada de un nuevo tiempo litúrgico, la cuaresma, y que tiene lugar el domingo previo al Miércoles de Ceniza

En Sevilla hay templos, como la capilla de la Divina Pastora (en la calle Amparo), en los que este rito se ha podido contemplar el pasado domingo, el último del primer tiempo ordinario (que se desarrolla entre Navidad y cuaresma). Para entenderlo hay que remontarse décadas atrás, cuando la Semana Santa venía precedida de un periodo aún más amplio de preparación espiritual. 

Es lo que se denominaba la septuagésima, que arrancaba nueve domingos antes de la Pascua Florida, o lo que es lo mismo, los tres anteriores a la llegada del Miércoles de Ceniza. En esta jornada y en las siguientes se dejaba de entonar el Aleluya hasta que Cristo resucitara. 

El triduo de carnaval

Un momento del entierro del Aleluya bajo el cuadro de la Divina Pastora. Un momento del entierro del Aleluya bajo el cuadro de la Divina Pastora.

Un momento del entierro del Aleluya bajo el cuadro de la Divina Pastora. / D. S.

De esta forma, se iba preparando a los fieles hacia "el tiempo duro" de cuaresma, unas semanas de transición que acababan con el triduo de carnaval para "reparar las almas" por los desenfrenos cometidos durante las fiestas previas a la retirada de la carne. Con tal fin, en muchos templos se sigue exponiendo el Santísimo en estas jornadas que anteceden al Miércoles de Ceniza. Un ejemplo en Sevilla lo protagonizan el triduo de carnaval en la Catedral -con baile de Seises- y el que celebra la Congregación de Luz y Vela en la parroquia de Santa Cruz. 

Hay referencias, anteriores al Concilio Vaticano II, de que el entierro del Aleluya se "teatralizaba", hasta el punto en que había templos donde se organizaba un oficio propio para este rito, con procesión con cruces, acólitos, incienso y coro. Se llegaba a cavar, incluso, una sepultura en la que se depositaba el texto del Aleluya hasta la Resurrección. 

En la liturgia actual

La tabla con el letrero del 'Alleluia'. La tabla con el letrero del 'Alleluia'.

La tabla con el letrero del 'Alleluia'. / D. S.

En la actualidad, dicho rito se ha simplificado y adaptado a la nueva liturgia. Al no existir ya la septuagésima, el entierro del Aleluya se celebra el último domingo antes del Miércoles de Ceniza. Al concluir la misa, mientras se entona este cántico, se porta desde el altar mayor una tabla con el nombre de Aleluia en letras doradas. Normalmente, la tablilla se coloca en un retablo dedicado a la Virgen, donde queda guardado bajo un mantel, a modo de entierro. 

El Aleluya resucitará en la Vigilia Pascual, cuando la tabla se saque de su "sepulcro" y se le lleve al sacerdote que preside la misa, quien en ese momento dirá: "Les anuncio una gran alegría: es el Aleluya". A continuación, entonará el cántico. 

En la Capilla de la Divina Pastora se celebró este rito el domingo pasado, cuando la tabla con el Aleluia quedó depositada bajo el icono pictórico que representa a la Virgen como Pastora de Almas. Otro claro símbolo de la inminencia de la cuaresma.

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