¿Limitaciones a fotógrafos y medios de comunicación en iglesias y parroquias?
El Obispado de Cádiz potencia la vigilancia en la toma de fotografías y filmaciones en las iglesias
Se pretende, de este modo, preservar la intimidad de los fieles y respetar el lugar de culto
Desde la vecina provincia de Cádiz sobrevuelan vientos de confusión y de tensiones. La Cuaresma ha arrancado en esta diócesis (que incluye también a Ceuta) con cierta polémica, en concreto, todo cuanto afecta e incide el mundo de las hermandades y su entorno más inmediato. Desde luego, la relación histórica entre la curia y las cofradías no siempre ha sido amable y afectuosa, más bien al contrario; se han sucedido, por una y otra parte, negativas y reivindicaciones, prohibiciones y respuestas. Y para encontrar ejemplos no es necesario remontarse atrás en el tiempo.
Varias informaciones aseguraban, en las últimas horas, que el Obispado de Cádiz había emitido una circular a las parroquias de su competencia en las que se indicaba una suerte de prohibición de tomar imágenes o fotografías en el interior de las parroquias, decisión que redundaba directamente en el trabajo de los gráficos o medios de comunicación; medida del todo incomprensible más aún en una época marcada por la intensificación de la actividad cofradiera. Es más: algunos párrocos ya habían colocado varios carteles a la entrada de las parroquias advirtiendo de esta disposición.
En cambio, a las pocas horas, el Obispado emitió un comunicado de prensa anunciando que no había promulgado ninguna prohibición, tan solo un "recordatorio a las parroquias de aquellos protocolos para usos extralitúrgicos" y así evitar "un mal uso a la hora de tomar fotografías o imágenes". Varios fieles han reprochado a la Iglesia que han figurado, sin su consentimiento, en fotografías compartidas a través de las redes sociales, invadiendo su intimidad". Algunas hermandades se han pronunciado al respecto lamentando esta cuestión.
Sea como fuere, este revuelo trae a la palestra nuevamente el debate sobre la presencia y el trabajo de los fotógrafos o los medios de comunicación en el interior de las parroquias, en especial en los cultos de mayor trascendencia mediática. Los medios de comunicación son pilares capitales ya no solo de nuestra fiesta, sino de toda expresión pública que se precie. Pero, ¿hay exceso de medios de comunicación y de reporterismo gráfico? ¿Queda relegado y desplazado el trabajo de los profesionales en beneficio de aficionados que reclaman también sus posibilidades?
De por sí, en muchas parroquias e iglesias se prohíbe, con razón, la toma de fotografías o las visitas "turísticas" durante la celebración de la Eucaristía, cuestión que ha de respetarse por puro sentido común y de la convivencia. Pero a la hora de fotografiar e informar sobre los cultos de nuestras hermandades se debería considerar como opción necesaria la presencia de equipos que, en su ejercicio profesional, ofrezcan al público receptor una información de interés. Para ello existen diferentes herramientas, entre ellas (siempre y cuando el párroco conceda y la hermandad consienta) el establecimiento de una serie de horarios destinados, exclusivamente, a la toma de fotografías o grabación de reportajes, sin perjuicio de que se tomen instantáneas sin entorpecer o molestar en exceso el trabajo habitual de la cofradía durante sus cultos. O, de otra manera, la contratación de equipos gráficos profesionales que trabajen para la cofradía y mantengan contacto continuo con los medios y estén a su disposición.
Otro asunto, no menos desdeñable, es que en la amplia mayoría de los casos se conceda permiso (se vea natural, más bien) la toma de fotografías o vídeos a través de cámaras extraordinarias incorporadas en los teléfonos móviles pero no con cámaras profesionales. Tal y como avanzan las tecnologías en las pequeñas pantallas, ¿cuáles son las diferencias? ¿El tamaño de los dispositivos? ¿Desconfianza hacia el trato posterior que los profesionales le atribuyan a sus imágenes durante el tiempo de edición? Se entiende el acuerdo previo para realizar reportajes gráficos, que requieren tiempo y preparación, pero existe excesivo celo en el día a día.
A fin de cuentas, en primer lugar la Iglesia debe conocer la labor necesaria y democrática que realizan los medios de comunicación para mayor difusión del patrimonio pastoral, artístico y humano del que disponen, pero también entre todos debemos esforzarnos por cumplir las normativas y establecer un clima de colaboración propicio para evitar limitaciones antinaturales.
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