MUSAE restaurará la Tabla de la Virgen de la Rosa de la parroquia de Santa Ana

La obra, firmada por Alejo Fernández en el siglo XVI, presentaba un estado de conservación deficiente

Se practicará por tanto una restauración integral

Un detalle con el padre del pregonero

Se trata de una obra única en la producción de este artista del renacimiento
Se trata de una obra única en la producción de este artista del renacimiento / 5

La empresa Musae llevará a cabo la restauración de una singular obra pictórica del patrimonio hispalense, la Tabla de la Virgen de la Rosa perteneciente a la parroquia de Santa Ana. Los trabajos serán desarrollados por un equipo multidisciplinar formado por Esther Soler y Ana Cordero, junto con el restaurador Darío Ojeda en su taller y se contempla gracias al desarrollo del programa de subvenciones para la conservación de bienes muebles del patrimonio histórico de carácter religioso de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía. Dentro de la propuesta de intervención se realizarán estudios radiográficos, fotográficos, químicos e histórico-artísticos, estos últimos dirigidos por el historiador del arte Ramsés Torres.

La tabla de la Virgen de la Rosa, del siglo XVI
La tabla de la Virgen de la Rosa, del siglo XVI / Musae

La restauración será integral puesto que el estado de conservación es deficiente. La tabla de la Virgen de la Rosa fue realizada por Alejo Fernández en el siglo XVI, es de estilo renacentista, y muestra a la Virgen María en un gran trono con dosel, sosteniendo en la mano derecha, delicadamente, una rosa, símbolo de pureza y virginidad, pero a su vez, de la Pasión de Cristo, debido a las espinas de su tallo. Sobre su regazo, desplazado hacia la derecha, o la zona de la cadera izquierda de la Virgen, está el Niño Jesús, que distraído lee un libro, ajeno al ofrecimiento de Su Madre.

La obra posee una serie de características que la hacen única en la producción de Alejo Fernández, no tanto por la temática como por la técnica utilizada y el acabado virtuoso de detalles que marcan la diferencia. Además, supone un referente dentro de la producción del pintor, que consigue crear todo un modelo, siendo una de sus mejores obras. La introducción de una composición original y personal consiguió convertir la pintura en un punto de influencia para las generaciones posteriores de artistas sevillanos, introduciendo una serie de elementos novedosos y vanguardistas que contribuirían a enriquecer la historia de la pintura sevillana.

La obra está firmada por su autor, Alejo Fernández, y bien documentada, siendo una donación del año 1757 a la iglesia parroquial de Santa Ana.

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