"Solo pedíamos respeto y educación": el lamento de una familia que celebraba misa de difuntos en la Basílica de la Macarena durante la concentración de hermanos
Testimonio
Una mujer señala increpaciones por parte de algunos devotos tras solicitar silencio y comprensión mientras se oficiaba esta misa por el alma de su padre
Señala incluso que una mujer le digo que la Virgen "la iba a castigar"
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La intrahistoria de un amargo acontecimiento y que convirtió un momento de recogimiento en frustración y decepción. Es el testimonio de Elena García, que este pasado lunes acudía a la Basílica de la Macarena junto a su familia para la celebración de la misa de difuntos en memoria de su padre, Antonio García, cofrade y devoto de la Esperanza fallecido hace unos días. La misa estaba prevista para las siete de la tarde, hora en que numerosos macarenos habían convocado una concentración para exigir la dimisión de la junta de gobierno por la polémica restauración de la Macarena.
"A los familiares y amigos nos habían comentado, efectivamente, que se iba a hacer en la Basílica una manifestación. Yo llamé al teléfono del templo pero no me atendían, y ellos tampoco se pusieron en contacto con mi madre, que fue quien planteó esta misa. Nos plantamos allí todos. Yo llegué de las últimas porque era incluso complicado acceder. Aparte, había empleados de seguridad que supuestamente solo dejaban pasar al interior de la Basílica a familiares y amigos, y muchas personas se hicieron pasar por tales para entrar en el templo", relata Elena, la hija, a este periódico.
"La gente decía que venía con la familia. Es cierto que mi padre tenía muchos amigos, pero... Cuando veo esa Basílica llena me quedé impresionada, pero también pensé que quizás había familiares de otros difuntos. Sin embargo, cuando me acerco a las primeras bancadas, el sacerdote nos pregunta que cómo se llamaba el fallecido, dirigiéndose únicamente a nosotros. Entonces ahí empecé a extrañarme", subraya.
Continúa Elena relatando lo sucedido. "Cuando empieza la homilía, el ruido era ensordecedor. Intentaba entender al párroco pero era imposible, solo tenía oídos para lo que sucedía fuera. Salí y les dije a los presentes que, por favor y por educación, parasen, puesto que dentro se estaba celebrando una misa funeral. Las personas que estaban en la puerta me entendieron, pero del medio atrio hacia detrás... Es cierto que no escuché ningún insulto, pero sí me increparon. Me dijeron que eso es lo que había, que no fuera allí y que me fuera a otra parroquia. Solo pedía respeto para mi padre y la homilía. Se escuchaba perfectamente el himno, los vivas, el revuelo..." Se lamenta, indicando además que no pudieron atender a las personas que fueron a darle el pésame "porque nos echaron, ya que había empezado la cola para ver a la Virgen. Nada, ni un momento. Y las personas que había dentro de la Basílica y que se habían colado encima me decían que no tenía razón, que esto es de todos los macarenos, sobre todo el reinvidicar el macarenismo".
La historia de Antonio
Antonio García Pérez, pensionista, nunca fue de ninguna hermandad, pero sí trabajó como encendedor de candelerías con algunas hermandades. Aún con su enfermedad, no faltaba ningún año a las 8:30 de la mañana para esperar a la Macarena en la calle Feria. Sin embargo, Elena continúa relatando esta odisea: "Algunas personas que había ayer eran como hooligans, no veían más que la restauración. Solo pedía respeto por esos veinticinco minutos acordándome de mi padre. Que yo respeto y entiendo las reivindicaciones, pero solo solicitábamos eso. No pude atender a las personas que vinieron porque tuve que sacar a mi madre con un ataque de nervios y sentarla en un banco de la Plaza de San Gil. Incluso alguien le dijo que no tenía vergüenza. Una pareja de policía secreta nos pidió incluso que, por favor, abandonásemos el atrio, que se podía liar aún más".
En efecto, no hubo insultos, pero para Elena como si lo fueran. "Para mí el insulto es que no tuvieran el respeto y la educación con respecto a la misa. Yo no me meto ni me quiero meter en las reivindicaciones, pero hay momentos y momentos. Fue muy fuerte escuchar a una mujer mayor decirle a mi madre que la Virgen la iba a castigar. Ni un simple lo siento, nada. Luego lamentamos la imagen de una Sevilla de pandereta, pero... Al final de todo, si esto lo comentas con alguien de fuera que no comprenda esta pasión, pues preguntarán que cómo podemos ser forofos de una imagen cristiana pero no respetamos al cristiano", sentencia. Aún así, prefiere recordar con cierto cariño cómo su el alma de su padre se despidió, ni más ni menos, que con la Macarena prácticamente en el suelo de la ciudad.
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