retahílas

Un costalero con tres capataces

  • José María Pinilla se estrena como autor con la historia de un niño costalero

  • Prólogo de Antonio Garrido, actor que presentaba el concurso cofrade de Onda Giralda que ganó Pinilla

Los hermanos Pinilla: Daniel, editor, y José María, autor, junto a Rafael Ariza y José Gómez Palas. Los hermanos Pinilla: Daniel, editor, y José María, autor, junto a Rafael Ariza y José Gómez Palas.

Los hermanos Pinilla: Daniel, editor, y José María, autor, junto a Rafael Ariza y José Gómez Palas. / juan carlos muñoz

El protagonista de esta historia es un niño, aunque en realidad la historia está llena de niños. El héroe de Mi primera chicotá tiene 12 años y se llama J.M., las iniciales de su autor, José María Pinilla (Sevilla, 1971) y de sus dos hijos varones, Julio y Mario, nombres de emperadores a los que se les ha sumado Claudia Hiniesta, que nació el 8 de marzo. Un libro, una niña. Si pudiera elegir para completar el trípode, qué mejor que un naranjo cargado de azahar. Otro niño de esta historia tiene 4 años y, aunque vive en Santiago de Compostela, su padre todas las noches lo acuna no con cuentos de meigas, sino de cirios y capirotes.

Mi primera chicotáes el primer libro de José María Pinilla, hermano de la Hiniesta, la Lanzada y el Gran Poder. Lo edita Samarcanda, donde trabaja Daniel Pinilla (Sevilla, 1974), su hermano, editor y apoderado. Está casado con María del Rosario, que en la presentación en la Fundación Cajasol, a dos pasos de los palcos, contenía el entusiasmo imperial de Julio y Mario y amamantaba a Claudia Hiniesta. Todo queda en familia. María del Rosario es profesora de Literatura, el libro lo ha escrito su marido, lo edita su cuñado y lo corrigió su suegro. José María Pinilla padre, orgulloso de esta prole, ocupaba la primera fila, dentro de unos cinco magníficos que completaban los compositores Manolo Marvizón y Francisco Pastor; José Fernández Crespo, de la junta de gobierno de la Hiniesta; y Manuel Gómez Labrador, tío de los Pinilla.

La prehistoria de Mi primera chicotá es tan fascinante como la historia propiamente dicha. José María Pinilla, una referencia fundamental para el estudio de las músicas procesionales, ganó tres ediciones consecutivas del concurso cofrade Añoranzas que en Onda Giralda presentaba el actor Antonio Garrido. El reencuentro entre presentador y concursante se ha producido con un bellísimo prólogo de este sevillano que todos los días hace el camino de Santiago y ha encontrado en este libro el mejor remedio para mitigar los efectos de la saudade: "No quiero que la distancia provoque el desarraigo".

Garrido, con película y serie de televisión en cartel, tiene un notable palmarés cofrade: es costalero de sus dos hermandades, Buen Fin y Calvario, es hijo del pregonero José Luis Garrido Bustamente, pionero de la televisión en Andalucía, y hace gala de sus dotes interpretativas con la serie de vídeos El Palermasso, visión amable e irónica de la Semana Santa en las antípodas de una mirada prepotente y ajena que, en palabras de José María Pinilla, lo percibe como una manifestación "con la retahíla del meapilas y de que nunca salís del Barroco".

El editor le dio un empujoncito emocional, capataz de su propio hermano, para que José María hiciera la levantá literaria. Un libro que se incorpora a la nutrida bibliografía en la que es un clásico El costalero, la novela que Alfonso Grosso publicó con un trasfondo social tan fuerte para su época que tuvo que editarla en México. Pinilla quiso huir de endogamias y por eso eligió a un niño crecido en un entorno alejado de las cofradías. "Podía haber elegido a un niño que salía de nazareno o entraba en una banda, porque yo para lo único que me he puesto debajo de un paso es para atornillar una candelería".

Kipling, autor de un bellísimo poema cofrade titulado Getsemaní, nos mostró la potencialidad literaria de la infancia, el auténtico territorio de la literatura. El autor debió recordar la suya propia, aprendiz de cofrade en el instituto San Isidoro, donde compartió pupitre con Pepe Gómez Palas, maestro de ceremonias en el bautizo literario. Como tantos niños en Sevilla, JM asiste al primer ensayo, al primer retranqueo. Por eso Dani Pinilla, el editor -y escritor- dice que el libro de su hermano es también "una guía cultural y sentimental de la Semana Santa" que incluye hasta un "manual del nuevo cofrade". Prontuario de iniciación.

Claudia Hiniesta seguía agarrada a la teta de la profesora de Literatura. Mario jugaba con Julio, que tenía en la Fundación a un ilustre tocayo -en una sala adyacente hay una exposición sobre el universo de Julio Cortázar- y el capataz Ramón Ariza le daba el visto bueno a este costalero de las letras. Ha ido literalmente al cielo con este libro porque algunos capítulos y anexos los escribió por razones profesionales en el aeropuerto parisino Charles de Gaulle o en un vuelo a Ammán, capital de Jordania. Como un personaje de Le Carré.

El hermano editor espera que no sea la última aventura del hermano escritor. "Tampoco se trata de un libro cada temporada como la película de Woody Allen". El costalero siempre está de actualidad: el contencioso de la estiba, el yunque portuario de donde surgió la épica del costal, está en todos los telediarios. Es una incógnita el origen etimológico de la palabra chicotá, sobre lo que existen diferentes teorías.

Amigos y familiares arroparon al autor. Cofrades, capillitas y curiosos. La triple C de esta manifiestación heterogénea con un puntito de heterodoxia. En la sala había hasta algún desertor de la cera, un amigo del autor y del editor que vive en la calle Francos y cuando se acerca la Semana Santa busca algún destino para escaparse. Un año tocó Amsterdam, otro Marrakech. Este año se retrasó porque confiaba en que el Martes Santo o el Miércoles Santo vería jugar al Sevilla en la Liga de Campeones. Tendrá que conformarse con verlo el Domingo de Pasión, a la hora del Pregón, contra el Sporting de Gijón.

El editor de Samarcanda valora el papel que autores como Fernando Carrasco o Julio Muñoz Gijón han tenido para dar categoría literaria a lo que con palabras de Alejo Carpentier llamamos consagración de la primavera.

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