Rincones con encanto | Plaza del Salvador El origen de todo está en la rampa

  • Gran parte de la Semana Santa de Sevilla cobra protagonismo en este rincón, empezando por la Entrada de Jesús en Jerusalén este mediodía

Juan Martínez Montañés, ante la Colegial del Salvador, el más importante templo de la ciudad tras la Catedral. Juan Martínez Montañés, ante la Colegial del Salvador, el más importante templo de la ciudad tras la Catedral.

Juan Martínez Montañés, ante la Colegial del Salvador, el más importante templo de la ciudad tras la Catedral. / Ruesga Bono

Arranca la mayor ópera urbana del orbe católico y empezamos esta entrega desde el auténtico epicentro de este día. Es Domingo de Ramos y todo comienza aquí con la entrada de Jesús en Jerusalén tras su retiro de cuarenta días. Y lo hace por la rampa a lomos de una burra que aparece escoltada por la grey infantil en el corazón de un bullicio que lleva horas esperando para contemplar el kilómetro cero de la gran fiesta de Sevilla.

Domingo de Ramos en Sevilla, casi nada, y nos encontramos en la Plaza del Salvador, uno de los puntos cardinales que sostienen a nuestra Semana Santa, corazón del casco histórico más extenso de Europa y núcleo donde sístole y diástole disparan el pulso de esta Jerusalén efímera que abarca desde que baja Jesús por la rampa del Salvador hasta que la Soledad entre en su casa de San Lorenzo cuando estén a punto de repicar todas las campanas de la Cristiandad celebrando la Resurrección de Jesús.

La plaza del Salvador fue llamada plaza del Cementerio allá en el Siglo XIV y es de forma rectangular con orientación norte-sur, teniendo a la inmensa Colegial en su fachada de levante y al hospital de la Paz en la de poniente. En esta plaza confluyen en el sentido de las agujas del reloj las calles Córdoba, Villegas, Blanca de los Ríos, Álvarez Quintero, Sagasta y Cuna. Siendo Blanca de los Ríos la que más tarde se asomó a la plaza tras el derribo de un caserío que pertenecía a Villegas y que se demolió en 1920 a fin de hermosear y darle unos metros de amplitud a lo que por entonces era la zona más noble de la ciudad.

En esa misma década, justamente en 1923, fue colocada una estatua en bronce de Juan Martínez Montañés, autor de un inquilino tan principal de dicha plaza como es el Señor de Pasión. Esa estatua del gran escultor de Alcalá la Real fue obra del sevillano Agustín Sánchez-Cid Agüero y en el Salvador aún permanece tras haber vivido un exilio junto al magnolio de la Catedral desde 1971a 1983. Justamente el año en que Martínez Montañés ha sido trasladado, la floresta de la plaza sufre un cambio que perdura y es que se sustituyen los chopos por naranjos con alcorques. Todo estaba encaminado al aumento de plazas de aparcamiento para una flota, la del automóvil, que tenía invadida a la ciudad. Con un aparcamiento y un tráfico que bajaba de la Cuesta del Rosario en dirección a Cuna, el sentido que antaño tenía de paseo lo fue perdiendo. Como curiosidad es que en la acera de poniente y junto a los soportales había una parada de taxis. Nada que ver con la multitudinaria parada humana que hoy se da cita allí a cualquier hora del día.

Pero el protagonismo de la plaza corre a cargo de la Colegial, la mayor iglesia de Sevilla después de la Catedral. El origen está en la mezquita de Ibn Adabbas, que data del año 829 y que era la más grande de la ciudad hasta que en 1182 levantaron los almohades la mezquita mayor. Tras la Reconquista de Sevilla en 1248, Fernando III convirtió en catedral la mezquita mayor y cristianizó la de Ibn Adabbas bajo la advocación de Divino Salvador del Mundo.

Para adecuarlo al nuevo culto se hicieron obras que cambiaron la orientación del templo más una capilla en honor de la Virgen de las Aguas. En el XVII, el templo se encontraba muy deteriorado y en 1671 se derribó para comenzar su reconstrucción. El diseño de las fachadas fue realizado en 1682 por el arquitecto de la catedral granadina, José Granados de la Barrera. La construcción de dicho proyecto fue encomendada a Francisco Gómez Septién, que falleció antes de finalizarlos. Le sucedió en 1696 Leonardo de Figueroa, que efectuó el cerramiento de las bóvedas, la construcción de la cúpula y la decoración arquitectónica del interior. Estas tareas se finalizaron en 1712.

En el siglo XIX la legislación en lo referente a la iglesia cambió y en 1852 este templo dejó de ser una colegiata para pasar a ser una parroquia, aunque ha mantenido el nombre de colegial. En 2003 volvería a ser sometida a un profundo trabajo de restauración por el arquitecto Fernando Mendoza financiado mediante suscripción popular gracias a los buenos oficios del calonge Garrido Mesa y del abogado Joaquín Moeckel. Unos trabajos que le devolvieron al templo todo su esplendor. El rey Juan Carlos y el arzobispo, cardenal Carlos Amigo Vallejo, reinauguraron el edificio el 22 de octubre de 2008.

Comparte foco con la colegial el antiguo Hospital de la Paz, hoy geriátrico a cargo de la Orden de San Juan de Dios, pero el Salvador viene a este rincón por su importante papel en la Semana Santa de Sevilla. Un papel que aparece ya hoy para dar el pistoletazo de salida con la Borriquita bajando por una rampa que es el Kilómetro Cero de la gran celebración. El Cristo del Amor ya por la noche y el Señor de Pasión en la apoteosis inenarrable del Jueves Santo colman todas las expectativas que un rincón de la ciudad puede crear. Este mediodía, desde Cuna a Blanca de los Ríos, desde La Alicantina a los soportales, el Salvador será un hervidero pleno de sevillanía y de ilusión, de bullicio al sol y de respeto bajo la luna, de cortejo infantil de día y de austera gravedad cuando la Luna entre en la fase que la acerque a la plenitud esperada de Parasceve.

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