Reliquias de la provincia

Viernes Santo en Paradas. El resurgir del tiempo

  • La cofradía de Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores son la mejor síntesis de una Semana Santa que recupera su esplendor tras superar los envites de la historia

  • Ambas devociones se fusionaron en 1952 tras la debacle que supuso la guerra civil para sus hermandades

Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, síntesis histórica de la Semana Santa de Paradas. Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, síntesis histórica de la Semana Santa de Paradas.

Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, síntesis histórica de la Semana Santa de Paradas. / D. S.

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Hay una Semana Santa en la provincia que resiste a los envites del tiempo. A la debacle que la historia ha ido presentando. Su resurgir es una forma de regresar al pretérito soñado sobre los pilares fundamentales de esta fiesta: la devoción que se transmite en el seno de la familia. Así ocurre en Paradas, un municipio de la campiña sevillana donde cada mañana de Viernes Santo la cofradía de Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores convierten el día marcado por el luto en el reencuentro con los orígenes de una celebración que hunde sus raíces en siglos anteriores.

La actual corporación es fruto de la fusión de dos hermandades, hecho del que hablaremos más adelante. La primera de ellas, la del Nazareno, se fundó el 25 de marzo de 1605, según recoge el historiador Álvaro Pastor, quien detalla que durante el siglo XVII sus miembros realizaban estación de penitencia el Jueves Santo por la noche, “a la hora prima”. En estos apuntes también cabe mencionar el gasto para pagar el Sermón de Pasión, un acto propio de las corporaciones que tienen como titular a Jesús Nazareno y del que ya hablamos en anteriores entregas, como en la del Mandato de Marchena o La Judea de Alcalá de Guadaíra. Por aquel entonces, el cortejo lo conformaban tres pasos: el del Nazareno (la primera imagen databa de 1611 y era de Juan Antonio de Fórtez), el de San Juan Evangelista y el de la Virgen de la Soledad.

Ya en el siglo XVIII la cofradía salía en la mañana del Viernes Santo, jornada en la que se ha mantenido hasta la actualidad. Fue en el siglo de las luces cuando las tres hermandades penitenciales de Paradas decidieron sufragar una nueva imagen de la Virgen de los Dolores (también llamada de la Soledad), para que acompañase a las tres cofradías.

La hermandad del Nazareno estuvo radicada desde sus orígenes en la parroquia de San Eutropio. A principios de la pasada centuria la imagen fue restaurada por Manuel Gutiérrez-Reyes Cano. En 1936, el sagrado icono fue pasto de las llamas provocadas por el bando republicano durante la guerra civil. Por tal motivo, se encargó otra al ceramista y escultor Enrique Orce.

La Virgen de los Dolores por las calles de Paradas la mañana del Viernes Santo. La Virgen de los Dolores por las calles de Paradas la mañana del Viernes Santo.

La Virgen de los Dolores por las calles de Paradas la mañana del Viernes Santo. / D. S.

Por su parte, la Hermandad de la Virgen de los Dolores se fundó el 24 de abril de 1761 en la ermita de San Juan de Letrán con el fin de “conservar con más celo” la devoción que se le profesaba en este municipio a la imagen de la Dolorosa encargada décadas antes por las tres cofradías, a las que se sumó esta cuarta. El icono mariano -que sustituyó a otra imagen que recibía culto bajo el nombre de Soledad- seguiría integrándose en los cortejos penitenciales de Jesús Nazareno, Vera-Cruz y Santo Entierro. Entre sus cultos, es digno de destacarse el septenario que se celebraba en su honor en la parroquia de San Eutropio y que concluía con función principal el Viernes de Dolores. Se trata en todo caso, de una excelente talla del siglo XVIII, mutilada en la guerra civil, aunque el alcalareño Manuel Cerquera pudo restaurarla.

Como dato curioso, se observa en las fotos antiguas el uso de palios de reducidas dimensiones, un tipo de paso propio en la Semana Santa de antaño de numerosos pueblos de la provincia, donde aún no se había implantado el canon hispalense. Se adaptaban, así, a las dimensiones de las puertas de los templos de donde salían y a unas calles a las que los ensanches urbanísticos aún no habían llegado.

Antiguo palio de la Virgen de los Dolores antes de la guerra civil. Aún conserva la saya y el manto. Antiguo palio de la Virgen de los Dolores antes de la guerra civil. Aún conserva la saya y el manto.

Antiguo palio de la Virgen de los Dolores antes de la guerra civil. Aún conserva la saya y el manto. / D. S.

También es digno de destacarse cómo hasta la guerra civil era habitual cantar saetas paradeñas, denominadas cuarta y quinta, como en Marchena, que el pueblo interpretaba. Un género alejado aún del estilo flamenco que en la capital hispalense ya se había hecho famoso a través de célebres cantaores. De igual modo, era habitual que al Nazareno lo acompañasen los “armaos”, personas vestidas de soldados romanos, tanto a pie como a caballo. En el aspecto patrimonial ha de señalarse la valiosa túnica de 1820 que aún conserva el Señor y los dos juegos de manto y saya bordados de la Dolorosa, reflejo de la edad de oro que vivieron ambas corporaciones.

Detalle del manto decimonónico de la Virgen de los Dolores. Detalle del manto decimonónico de la Virgen de los Dolores.

Detalle del manto decimonónico de la Virgen de los Dolores. / D. S.

El conflicto bélico de 1936 afectó de manera bastante grave al futuro de estas hermandades. Tan diezmadas quedaron que los hermanos de Jesús Nazareno y de la Virgen de los Dolores optaron por la fusión de ambas corporaciones, hecho que tuvo lugar el 10 de febrero de 1952. Este año supuso un punto de inflexión en la Semana Santa de Paradas. A partir de entonces el pasado sirvió de ejemplo para consolidar el mejor patrimonio, el que permanecía imbatible a guerras y conflictos: la devoción inquebrantable de los paradeños por el Señor y la Virgen de los Dolores.

Jesús Nazareno con la túnica bordada de 1820. Jesús Nazareno con la túnica bordada de 1820.

Jesús Nazareno con la túnica bordada de 1820. / D. S.

Un hecho que se constata cada mañana de Viernes Santo, cuando a las diez se abren las puertas de San Eutropio para que por ellas salga un cortejo penitencial compuesto por 400 nazarenos. Es el momento en el que Paradas se mira en el espejo de los siglos para proyectarse hacia el futuro, el de las nuevas generaciones de cofrades que han cogido con fuerza el timón de la historia. El resurgir del tiempo.

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