Reconocimiento

Antonio Ríos recibirá la medalla Pro Ecclesia et Pontifice por su servicio a la Iglesia

  • El arzobispo Juan José Asenjo le hará entrega de la distinción el próximo 26 de octubre

Antonio Ríos junto a un cuadro del Gran Poder. Antonio Ríos junto a un cuadro del Gran Poder.

Antonio Ríos junto a un cuadro del Gran Poder. / D. S.

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“He intentado servir a la Iglesia allá donde he estado”. Con estas palabras respondía ayer Antonio Ríos Ramos (Villarrasa, Huelva, 1930) cuando se le preguntaba por la entrega de la medalla Pro Ecclesia et Pontifice que recibirá el próximo 26 de octubre de manos del arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo. Con esta distinción la institución eclesiástica reconoce la labor prestada por Ríos a la Iglesia a lo largo de su vida.

Este onubense, afincado desde hace años en la capital andaluza, recibió la noticia del reconocimiento por parte del propio arzobispo. “Él fue quien me llamó y me comunicó que el 26 de octubre, a la una de la tarde, recibiré la medalla en el Arzobispado”, refería Ríos, quien ha prestado siempre un gran servicio a la Iglesia desde las cofradías, en concreto, en la Hermandad del Gran Poder, la de los Remedios de Villarrasa (su pueblo natal) y el Consejo de Cofradías de Sevilla.

En la Hermandad del Gran Poder ejerció de hermano mayor en dos mandatos, desde 1984 a 1992, años que el propio Ríos calificó de “mágicos” en el mundo de las cofradías. Era la década en la que comenzó la masificación de la Semana Santa y en la que también comenzaron a surgir nuevas corporaciones que, con el paso de los años, acabarían formando parte de la nómina de cofradías que realizan estación de penitencia a la Catedral.

En el Consejo de Cofradías ocupó el cargo de presidente también en dos mandatos, desde 1992 al año 2000, una época marcada también por la masificación y las nuevas normas diocesanas promulgadas por el entonces arzobispo de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo Vallejo, un proceso que no estuvo exento de polémicas.

Entre los cometidos que siempre recuerda con mayor cariño se encuentra el de vestir la imagen del Gran Poder, labor en la que empezó a colaborar a finales de la década de los 70. La responsabilidad al frente del Consejo de Cofradías le llevó a estar presente en la boda de la Infanta Elena con Jaime de Marichalar, celebrada en marzo de 1995 en la Catedral de Sevilla.

Sus palabras de agradecimiento por la entrega de la medalla son una constante: “Agradezco la distinción. Siempre he sentido la fe desde pequeño y la he vivido en las hermandades, que son el mejor servicio que podemos prestar a la Iglesia”.

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