La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
calle rioja
HA sido para Antonio Hernández (Arcos de la Frontera, 1943) una semana muy intensa y bien aprovechada. El sábado 28 de febrero recibió de manos de Manuel Gracia, presidente del Parlamento Andaluz, la medalla de Andalucía en esta especie de tráiler preelectoral de La Isla Mínima dirigido por Susana Díaz.
El martes, en la calle Becas, participó junto al actor Juan Diego y los poetas Jesús Fernández Palacios y Francisco Vélez Nieto en la primera de las cuatro sesiones preparadas por la Casa de los Poetas y las Letras en el Espacio Santa Clara para homenajear a Rafael de Cózar. Hernández intervino en la sesión titulada La amistad letraherida con el mágico colofón de Juan Diego leyendo un poema de Borges y una carta de Rafael Montesinos.
Al final del homenaje a Cózar, la familia del homenajeado se dirigió a El Pimiento Rojo, un nuevo local de la Alameda con decoración de Álvaro Turrión, cuñado de Cózar. Antonio Hernández se fue con Salvador Compán y las parejas de ambos al bar Tarín, antigua La Palma de Oro que fue posada de Cuadernos de Roldán.
La víspera de los honores de San Telmo, vi a Antonio Hernández sentado en otro de los bares de la Alameda con cuatro jóvenes. Le estaban haciendo una entrevista para una revista del Betis. Es autor de la reeditada La Marcha Verde, que en su inicial formato, con edición del librero y correligionario Padilla, evocaba la selva heliopolitana, cuando había un Puma en el equipo y un León en la directiva. Tuve el privilegio de presentarle en Cádiz una nueva entrega. Mientras Hernández departía con el cuarteto verdiblanco, Mari Luz, su esposa, cuidaba de sus nietos en el parque, muy cerca de lo que fue efímera boca de Metro y ahora alberga el tanque de tormentas.
"Para ti, Mari Luz, pase lo que pase". Es la dedicatoria de El Mar es una tarde con campanas, un poemario de 1965 que este año celebra sus bodas de plata. Los primeros versos de su antología Insurgencias, más de cuarenta años de poesía editados por Calambur. Mari Luz, medio siglo después de aquellos versos, paseaba el carrito con Julieta, la hija pequeña de Violeta y de Manuel Gregorio González, biógrafo de Cunqueiro, crítico literario de este periódico y yerno del poeta con la medalla de Andalucía.
De los asistentes al homenaje a Rafael de Cózar, con uno de ellos quedó Antonio Hernández para una cita posterior. Puede que hablen de literatura, porque el doctor Francisco Gallardo es autor de dos buenas novelas, Calle Feria y La última noche, una histérica (actual, underground), otra histórica. La demanda de Antonio Hernández es para que Gallardo, que fue médico de la selección española de baloncesto, le mitigue los dolores en una de sus rodillas. Digamos con guasa lírica, recetas con prospecto para un poeta genuflexo.
Antonio Hernández y Mari Luz fueron huéspedes de Salvador Compán en esta Alameda que bien conoció el poeta cuando era puntal del cante, la bohemia y el pecado. La noche antes de los honores, cambiaron este espacio por el hotel Alfonso XIII, a dos pasos del palacio de San Telmo donde el poeta recibió la medalla, como bético en uefas, ante la atenta mirada de Alberto Rodríguez, seguro lector de su Marcha Verde que ayer hizo un trasvase fluvial del Betis con Miranda de Ebro.
La medalla de Andalucía para Antonio Hernández ha coincidido con la aparición de una obra de la que en parte es el padre putativo o uno de sus principales impulsores y benefactores. Los profesores Francisco Morales Lomas y Manuel Gahete Jurado son los editores de Veinte años de literatura en Andalucía (1994-2014), un repaso a los premios Andalucía de la Crítica.
Veinte años nos observan es el título de la introducción que lleva la rúbrica de Antonio Hernández. Cobra una dimensión especial esa foto con Manuel Gracia, presidente del Parlamento Andaluz, entregándole la medalla al poeta y novelista. Gracia es cordobés de nacimiento, de Peñarroya-Pueblonuevo, y fue candidato a la Alcaldía de Córdoba en la única capital andaluza en la que no ha gobernado el PSOE. Fue en Córdoba, 25 de agosto de 1994, donde se celebró la Asamblea Fundacional de la Asociación Andaluza de Críticos Literarios que descubrió a autores como Isaac Rosa o Hipólito G. Navarro.
El ideario de la asociación se estableció en Granada, se fundó en Córdoba, donde se entregaban los premios, y el fallo de los mismos se hacía público en Arcos de la Frontera, la cuna de Antonio Hernández. Unos premios que por lo mismo le deben mucho a la generosidad de José Antonio Roldán Caro, mecenas para el alojamiento de los críticos y demás sabuesos de adverbios y gerundios, la de los alcaldes de la localidad Juan Manuel Armario y Pepa Caro. El libro Veinte Años está dedicado a Manuel Urbano, José María Bernáldez, Juan Manuel González, Domingo F. Faílde y Rafael de Cózar, cinco miembros de la asociación, jurados de estas justas literarias, que se quedaron en el camino.
Hay un puente entre la medalla que ha recibido el autor de El mundo entero (premio Rafael Alberti de poesía) y los certámenes de la crítica andaluza. En la citada introducción, Hernández comenta que después de que la Asociación redimiera del injusto olvido la obra de Julia Uceda y María Victoria Atencia, ambas recibieron de la Junta de Andalucía el título de hijas predilectas.
Hubo casos curiosos como el de los hermanos Talens, Manuel y Jenaro, que el mismo año 2002 ganaron el premio de la crítica en narrativa (Rueda del tiempo) y poesía (Profundidad del campo). El propio Salvador Compán lo obtuvo el año que fue finalista del Planeta. La Asociación rindió homenajes a los tres pilares del genio literario de Cádiz: Rafael Alberti, Carlos Edmundo de Ory y Fernando Quiñones.
Hubo un tiempo en que al poeta Antonio Hernández le dolía algo más que la rodilla. Y también, como ahora con Paco Gallardo, encontró la pócima salvadora. El libro de poemas A palo seco, data de 2007. Los siete años del siglo y el milenio que llevaba sin escribir poesía por culpa de una enfermedad depresiva. Un milenarismo mal curado. Al responsable del cambio de ánimo le dedica dicho libro. "De esa metamorfosis positiva es responsable en buena medida mi amigo Javier Reverte". En 2007, además, año del centenario del Betis, el Sevilla ganó la Copa del Rey y la de la UEFA.
Otros golpes no se los dio la salud. En 1969 omitió una serie de poemas de su libro Oveja negra, escarmentado por la doble sanción de 25.000 pesetas de multa y cinco años sin ejercer el periodismo por un artículo publicado en la revista Índice. Entre ellos, sus tres machadianas, una a Antonio Machado, otra a Manuel, una tercera a Gil de Biedma.
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