los invisibles

"El maratón de Boston es Pasión y el de Nueva York es como la Macarena"

  • Quiere llegar a los cien maratones en 2020. Bancario de profesión, descubrió el atletismo en la mili en Ceuta y de los cinco grandes maratones sólo le falta el de Tokio

Julio Molina, en la terraza del bar Europa, velando armas antes del maratón que corre mañana. Julio Molina, en la terraza del bar Europa, velando armas antes del maratón que corre mañana.

Julio Molina, en la terraza del bar Europa, velando armas antes del maratón que corre mañana. / juan carlos vázquez

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Mañana corre en Valencia su maratón número 81. Julio Molina (Sevilla, 1960) fue director de banca y ha sido candidato a la Alcaldía de Gerena por una marca blanca de Podemos.

-¿Cómo empezó a correr?

-Hice la mili en Ceuta y allí o fumabas porros y bebías whisky o hacías otra cosa y yo me iba corriendo por el monte Hacho.

-¿Eso se nace o se hace?

-En una charla en la Universidad de Stanford, Steve Jobs dijo que siempre hay algo que vuelve a pasar por tu vida. En primero de carrera me dio Derecho Público Javier Pérez Royo. Entonces era barbudo y barrigón y luego se convirtió en maratoniano. Llegó hasta la edición 25.

-¿Cuántas lleva usted?

-Desde que empezó el maratón de Sevilla en 1985, soy el más joven de los seis que han corrido las 32 ediciones. Uno de ellos viene todos los años desde Mérida.

-¿Familia de corredores?

-En absoluto. Soy el segundo de nueve hermanos. Como éramos muchos, nos mudamos de los pisos de la Pirotecnia al Polígono San Pablo en 1967.

-El año del primer maratón, 1985, Gordillo se va al Madrid...

-Es lo de Steve Jobs. Nosotros vivíamos en las torres, Manuel del Valle en Curro Cúchares, Rafael Escuredo en Paquiro y Gordillo en la calle Relampaguito. En el mismo autobús en el que yo, sevillista, iba al colegio Portaceli, él se iba a entrenar con el Betis.

-¿Forman una cofradía?

-A la décima edición llegamos 25. Emilio Lechuga, entonces concejal de Deportes, nos invitó a comer y nos regaló un dorsal. En 2012, con una foto que me hizo Fernando Ruso entrando en la Cartuja, fui la imagen del maratón. Como El show de Truman. Estaba hasta en las marquesinas de los autobuses.

-¿Primer maratón extranjero?

-El de Londres 1991. Fuimos con unas sudaderas de Curro para promocionar la Expo. Es una de las seis majors, una especie de Grand Slam de los maratones junto a los de Nueva York, Chicago, Boston, Berlín y Tokio. Los he corrido todos menos el de Tokio, porque coincide con Sevilla.

-¿Cada uno tiene su sello?

-Como estamos junto a la plaza del Salvador, el de Boston, de 1896, es la cofradía de Pasión, clasicismo puro, aristocracia capirotera. El de Nueva York lo he corrido cinco veces. Es como la Macarena: fiesta, jolgorio.

-¿Marca la Gran Manzana?

-En el primer maratón que corrí en Nueva York, el de 1994, el cartel eran unos atletas subiendo y bajando las Torres Gemelas. En el de 2008 viví allí la elección de Obama y fui al no-maratón, el que se suspendió por el huracán Sandy. Íbamos con una acción solidaria de la Fundación Kanuté, que era cliente mío en el banco, y corrimos un maratón pirata.

-¿Su mejor marca?

-2,47 en el de Sevilla 2004.

-¿Y la peor?

-3,42 en la primera de Sevilla. Mi reto es no superar ese tiempo y llegar en 2020 a los cien maratones. Hay tres excepciones en las que superé esa marca, dos en Etiopía y el maratón de Burgos.

-El año que usted nació, 1960, el etíope Abebe Bikila ganó descalzo el maratón de los Juegos Olímpicos de Roma...

-Allí es un dios. Mussolini no llegó a colonizar Etiopía y un etíope les mojó la oreja. Gracias a un programa de televisión de Jesús Calleja, Desafío Extremo, contactamos con Jordi, un fisioterapeuta de Alcoy que organiza maratones solidarios. Lo corrí en 2015 y este año en Awassa. Allí el atletismo es como los toreros en la España de los sesenta, una forma de salir de la miseria. Crees que viajas a África, pero en realidad viajas al interior de ti mismo. Les llevamos zapatillas y camisetas. Conocí al entrenador de las hermanas Dibaba y los hermanos Bekele, iconos del atletismo.

-¿El maratón más curioso?

-Cuando fui director de la oficina del Banco Zaragozano en Fuengirola, corrí en esta población de la Costa del Sol un maratón que organizaba una colonia de finlandeses, creo que es el primero que se hizo en España.

-¿Qué le pasó en Burgos?

-Fue emocionante. Corrí medio maratón con José Manuel, un profesor sevillano de Educación Especial que corría con su hijo Pablo, con parálisis cerebral.

-¿Le siguen en su familia?

-Tengo dos hijos mellizos, de once años, pero me han salido futbolistas. Entraron conmigo de la mano en el maratón de 2005.

-Dice que es poliédrico. ¿Por eso fue imagen del maratón en la Alcaldía de Zoido y se presentó a la Alcaldía por Podemos?

-Soy de los votantes frustrados del PSOE. Iba de número 12 en Gerena Sí Se Puede, pero al número uno le salió un trabajo en Fuente de Cantos. Hicimos una campaña muy naif en la que nos gastamos 200 euros. Sacamos 250 votos y nos faltaron 25 para quitarle el concejal al PP, que le dio su apoyo para gobernar al candidato del PSOE.

Este año ha corrido los maratones de Sevilla, Boston, Burgos y Awassa (Etiopía). Mañana corre el de Valencia y terminará la temporada con el de Málaga. Ha corrido en Berlín, Dublín, Florencia, Amsterdam...

El atletismo es una forma de vida. "Fui al palacio de Dueñas y sentí la llamada de Machado". Dicho y hecho. Cogió los bártulos y se fue a correr por Soria y entre Úbeda y Baeza.

Julio Molina nació en febrero, mes maratoniano en Sevilla, de 1960, año olímpico. Preside la Asociación Amigos del Parque, 140 socios con dos pasiones: el atletismo y la amistad.

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