Premio Manuel Clavero Confesiones a cielo abierto

Imagen de la entrega del VIII Premio Manuel Clavero Imagen de la entrega del VIII Premio Manuel Clavero

Imagen de la entrega del VIII Premio Manuel Clavero / Juan Carlos Muñoz

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El Patio de la Montería es el gran salón de verano de la ciudad. Sevilla tiene uno de invierno que es el Salón Colón, pero no tiene vencejos ni derecho a contemplar la luna. El Alcázar tiene el poder envolvente de la Catedral. Todo se vuelve pequeño en su interior. Los grandes edificios lo engullen todo, la arquitectura histórico-artística eclipsa la grandeza de cualquier autoridad. Sólo la fuerza de la palabra, la confesión desnuda, el recuerdo humilde de los orígenes, el valor al fin de la persona, tienen la capacidad de emerger y merecer la atención de cientos de personas. "Yo viví en un molino". Antonio Hernández Callejas, un gigante del empresariado, se confesó en el Alcázar, donde ocurren muchas de las cosas importantes de la ciudad. Ni cifras, ni estadísticas, ni proyectos de inversión, ni balances de cuentas, ni operaciones de compra y venta, ni apuestas arriesgadas, ni sesudos análisis económicos. La persona por encima de todo. Los valores, la importancia de la familia, la cultura del esfuerzo, la demanda de comprensión y la petición de apoyo a la figura del empresario.

El cardenal Amigo, presente en la velada, debía estar satisfecho. Siempre defendió en su largo pontificado sevillano la importancia de la persona, el valor supremo de la persona, la dignidad que merecen todas las personas. Le recordaron en una tertulia improvisada su labor en defensa de los derechos de las mujeres, la igualdad en el seno de todas las asociaciones de la Iglesia. Y se quitó mérito: "Fue muy fácil hacerlo". Don Carlos le sugirió al maestro Marvizón que se podría hacer un pregón de Semana Santa exclusivamente con música, una idea que le encantó al compositor.

Javier Arenas recordó a un gran trío de maestros juristas, tres jóvenes catedráticos que desde el principio tuvieron proyección de futuro: "Añoveros, Olivencia y Clavero". Y repetía los tres nombres con cierto halo de melancolía. Recordó que dos años antes, en ese mismo Patio de la Montería, asistimos con ocasión del VI Premio Clavero al último gran discurso de don Manuel, el gran patrón del Derecho Mercantil. Este año participaron en el acto dos de sus hijos: Macarena y Daniel.

Don Manuel Clavero estuvo ausente por indisposición. Pero entre todos lo hicieron presente. Se echó de menos su voz, tan característica, de otra época, que evoca una España de concordia que ahora algunos quieren enterrar. El presidente Juan Manuel Moreno recordó que su primer acto como jefe del Ejecutivo autonómico fue visitar a Clavero en su casa, convertida desde hace años en un santuario de peregrinación a los valores de la mejor Andalucía. Aquel día se llevó un libro de regalo: El ser andaluz. El nuevo presidente de Pineda, Rodrigo Molina, estuvo en la cena. Clavero es socio de honor de la entidad, donde ha jugado al tenis cientos de veces. El presidente del Consejo de Cofradías, Francisco Vélez, fue testigo de todo lo que ocurrió. Clavero es hermano de San Roque, Los Estudiantes, el Dulce Nombre y el Gran Poder. El teniente general Juan Gómez de Salazar, jefe de la Fuerza Terrestre, estaba todavía feliz de la respuesta de la ciudad a los actos de las Fuerzas Armadas. Varios invitados se acercaron al hermano Pablo, secretario personal del Cardenal, y le pedían al final de la charla que rezara por ellos. Ricardo Sánchez, delegado de la Junta en Sevilla, venía de atender todo el día a las hermandades rocieras y se levantaba al alba para seguir acompañándolas en su peregrinación.

Las imágenes de la entrega del VIII Premio Manuel Clavero Las imágenes de la entrega del VIII Premio Manuel Clavero

Las imágenes de la entrega del VIII Premio Manuel Clavero / Antonio Pizarro

Hernández Callejas incluyó en su confesión los valores aprendidos en el colegio Portaceli, donde ejercía de aficionado al Zaragoza antes de abrazar la fe sevillista. Los jesuítas han marcado a generaciones y generaciones de sevillanos. Dicen que quienes recuerdan su infancia y su colegio de forma periódica son de fiar, porque abren su corazón y exhiben con orgullo sus orígenes.

En el Patio de la Montería se esperaba a un empresario sacar pecho, pero lo que hizo fue abrir su corazón. Con sencillez. La persona, como enseña Su Eminencia, siempre la persona por encima de todo. Y hasta el Alcázar se empequeñece y los vencejos detienen el vuelo cuando alguien se confiesa a cielo abierto.

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