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Dedicatoria desde Sevilla a Nueva York

  • Estreno. Bautizo literario de Carmela Gálvez, que en una Taberna Ánima llena de amigos presentó 'La sirena del bosque', su primera novela, que llevará a la Feria del Libro de Burgos

Fernando Ruiz Carmela Gálvez firma ejemplares de su libro en la Taberna Ánima junto a su 'sirenita'.

Fernando Ruiz Carmela Gálvez firma ejemplares de su libro en la Taberna Ánima junto a su 'sirenita'.

En esta historia se dan varias paradojas. Es un acontecimiento porque rara vez acontece que alguien se ponga a escribir un libro cumplidos ya los setenta años y lo afronte como una segunda juventud vital, primera literaria. Carmela Gálvez (granadina de Madrid, 1949) no conocía a nadie cuando llegó a Sevilla en 1978. Esta semana llenó, con las debidas precauciones, la Taberna Ánima para la puesta en largo de su primera novela.

La sirena del bosque (Círculo Rojo), con dibujos de la propia autora, se lee en un suspiro pero cuando uno termina la lectura se va a pasar mucho tiempo suspirando por la historia que va a encontrar en sus páginas. La autora estaba tan feliz que antes de presentar su obra sacó el móvil para hacerle una foto a su público, amigos y curiosos ávidos de leer el libro. La compra iba acompañada de una cerveza servida en el mostrador donde atiende Peter Mair, el austriaco que se hizo vecino adoptivo de Sevilla cuando Anton Polster jugaba en el equipo de Nervión.

Vamos a contar leyendas. En vez de las mentiras de la canción en la que por el mar corre la liebre y por el monte de la sardina, en este libro hay una sirena que corretea por el bosque como un personaje de Cunqueiro o de Italo Calvino. Libro para públicos de todas las edades, hasta el punto de que está dedicado a un niño de cinco años, Ayan, "el neoyorquino que lleva mi sangre", su nieto nacido en la ciudad de la Gran Manzana, hijo de su hijo Paco, al que acaban de trasladar por motivos profesionales desde Nueva York a Atlanta y que en la mudanza aprovechó un viaje a Sevilla para estar con su madre, la flamante escritora. "Ayan es un suspiro de Buda, significa camino hacia la luz". Su vida profesional está muy unida a los libros.

"Me jubilé, me quedé viuda y me puse a escribir. Y aquí estoy, otra persona"

"Empecé en la dirección comercial y administrativa de Santillana". Allí conoció a Polanco y a numerosos autores y editores. Su llegada a Sevilla fue un cambio de aires y de ocupación. "El mismo año de mi llegada conocí a Plácido Fernández Viagas, presidente de la Junta de Andalucía. No tenía ni secretaria y me ofrecí para ayudarle". Así empezó su aventura profesional en la Junta de Andalucía, donde aparecen otras letras. "Siempre me ha gustado escribir, he escrito incluso discursos de políticos, alguno muy relevante". Hay un antes y un después en su carrera literaria. En 2012 murió Paco Carreño, el compañero de su vida. "Cuando me jubilé y me quedé viuda empecé a escrbir. Y aquí estoy, otra persona". Se encontró con un mentor muy particular que la animó, el poeta, pintor, editor y traductor Pablo del Barco, que durante muchos años fue vecino de la duquesa de Alba y de las hermanas de la Cruz hasta que volvió a su Burgos natal. "El 5 de noviembre voy con La sirena del bosque a la Feria del Libro de Burgos". Está ya preparando su segunda novela. De un austriaco a un burgalés. De Peter a Pablo. La sirena cambiará las aguas del Guadalquivir por las del Arlanzón. Carmela parte de la premisa de que la imaginación no tiene límites.

Una historia de amor con final feliz que termina junto al Estrecho de Gibraltar

El lector aprende que los límites se vencen con imaginación. Una historia de amor con una sirena y siete delfines, animales que formaban parte del animalario literario de Gloria Fuertes. Unos mamíferos del agua a los que la autora atribuye capacidad de deprimirse y tienen tendencias suicidas. Habla de pasada de algún país donde se ritualiza la matanza de delfines, caso de las exóticas Islas Feroe. Su referente literario es José Saramago y sus novelas de cabecera La caverna, del escritor portugués, y El congreso de futurología, de Staislaw Lem. Hay dos libros recientes que tienen como escenario principal el Estrecho de Gibraltar: El italiano, de Arturo Pérea Reverte, y La sirena del bosque, de Carmela Gálvez. Con un coro de lavanderas muy cinematográfico. Sin alardes ni postureos, se adentra en el territorio del realismo mágico para contar una historia de amor entre una sirena y un nadador llamado Delfín y una historia de solidaridad entre esa sirena y un delfín auténtico con el que protagoniza una fuga de película.

Denuncia el basurero de plástico submarino como gran depredador de la fauna acuática. Hay una Fátima marroquí que llegó a España en patera y la incorpora como un secundario de primera. El público, entre el que se encontraba el músico Manolo Imán, la animó a leer algunos párrafos de su novela. Una curiosa aventura de triatlón literario en el que su protagonista combina la natación, la bicicleta y el arte de soñar. El Océano Onírico. Tiene un final feliz después de tantas penurias. "Cuando acabas, te crees que estás empezando", dice de esta rayuela tardía que le ha salido con el gozo de los principiantes. De la calle Miguel Cid se llevará su sirena a la cuna del Cid, entre Tizona y Babieca. En la novela hay tiburones y una ballena, pero no son de Spielberg ni de Herman Melville.

Carmela Gálvez se hizo primero activista, después feminista. Ahora es escritora. Si su protagonista cruza el Estrecho de Gibraltar en el romántico desenlace, ella es capaz de cruzar el Océano Atlántico en esa dedicatoria a su nieto que viaja desde Sevilla hasta Nueva York. A la taberna se presentó con una sirena diseñada con el gusto de las marionetas. Que huye nadando de la nada. 

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