Días de calor, años de hielo

El olvido, la indiferencia y el abandono se apoderan del territorio que hace 18 años fue epicentro cósmico, peaje de estadistas y escenario de acontecimientos culturales

Días de calor, años de hielo
Días de calor, años de hielo
Francisco Correal

22 de agosto 2010 - 05:03

Su hijo Jesús nació en plena Expo. El 4 de julio de 1992, día nacional de los Estados Unidos. Aquel niño tiene 18 años y estudia Chapa y Pintura. Su padre, Serafín Blaza Magro, 48 años, albañil, se fue ayer con sus amigos José Yébenes, 61 años, también albañil, y José Miguel Jiménez, 46, pintor de coches, que hizo de chófer, desde La Rinconada a pescar carpas y barbos a orillas del río. "¡Mira, otro carpín!", dice Yébenes, que lo coge, lo acaricia y lo devuelve al río. Carpas indultadas.

Se protegen del duro sol con sombrillas. Serafín ha estado este verano en las playas de Chipiona y los Caños. Yébenes, en la de Chiclana. "Pero lo mío es el río". Las cazadoras esperan en casa a estos pescadores. Vienen más a la Cartuja ahora que hace 18 años. "Yo sólo estuve un día, el de más gente y más calor", dice José Miguel. "Lo único que recuerdo es que me pasé casi todo el tiempo en el pabellón de la Cruzcampo".

Serafín, en el único día que visitó la Expo, fue al de la Navegación, obra de Guillermo Vázquez Consuegra. Los pescadores visitaron poco la Expo, pero tuvieron buen ojo: visitaron dos de los pocos pabellones que como las carpas que ellos pescan fueron indultados. Ayer era sábado, pero estaban a pleno rendimiento las máquinas en lo que fue El Palenque, uno de los espacios fundamentales de la Expo en el que se celebraba cada uno de los días nacionales en el certamen.

El pabellón del Vaticano lo diseñó el mismo arquitecto que el de la Cruzcampo, pero tuvo menos fortuna. En su solar se construye la futura sede de la Confederación de Entidades para la Economía Social de Andalucía. Muy cerca está la sede de la revista Cambalache. Siglo XX cambalache, problemático y febril cuyo crepúsculo pasó por la Cartuja.

El 21 de agosto de 1992 la Expo celebró el día de Kenia. Pasearían por la Cartuja miles de personas de muy distinta procedencia. Camino de la abigarrada torre de Europa ayer sólo se veía a rumanos con carros llenos de cachivaches. Dos mujeres con sendos carritos, uno de la compra, el otro de inválido, llenos de ventiladores. En 1992, el rumano Gica Hagi jugaba en el Real Madrid.

Un mismo cauce muestra las dos caras de la Expo. A un lado, el canal que pasa junto al pabellón del Futuro, puro pasado, y el auditorio Rocío Jurado en el que ya suenan los tambores de Sabina, está seco, inmundo, cieno de olvido. Al otro lado del puente, ese cauce lleva un agua que hace las delicias de quienes disfrutan de los Rápidos del Orinoco, una de las atracciones de Isla Mágica. Muy cerca de los lentos del Guadalquivir donde las carpas pican el anzuelo de sus benefactores.

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