División de opiniones (chinas) en calle Trabajo

Un vecino encontró una pegatina en su moto, en la calle Trabajo.
Un vecino encontró una pegatina en su moto, en la calle Trabajo.
Francisco Correal / Sevilla

30 de septiembre 2010 - 05:03

Suena el portero en el número 41 de la calle Trabajo. "Hola, soy el pintor". En esta calle que une Triana y el Tardón, que desemboca en las tres banderas que airea el viento en el instituto Gustavo Adolfo Bécquer de López de Gomara, ayer abrió el chino de los impares y cerró el chino de los pares. Como una réplica a escala de la China comunista y la China nacionalista. Justo en Yu Hao, el chino que cerró el día de la huelga, deja de verse el Giraldillo.

Desde media calle Trabajo hay una vista espléndida de la Giralda. Para ver la Torre del Oro hay que entrar en el bar Manzanilla. Lo abrió un macareno en 1966 y lo llevan sus dos hijos trianeros. El fondo lo preside un relieve con el segundo monumento más universal de la ciudad. "Se hizo en el estudio de Paco Miranda en la calle Covadonga". Tiene tres puertas de servicio: Señoras, Caballeros y Servicios Mínimos.

Ángel Cordero Pernil se levantó ayer a las seis de la mañana. Cargó material en el matadero de Aracena y como todos los días se vino a Sevilla. En abril se estableció en la calle Trabajo. La tienda se llama Abuelo Galdámez. Su nieto es depositario de su legado. "Los sindicatos se han puesto las pilas muy tarde", dice este empresario de 21 años que vende productos de su tierra: miel ecológica de Encinasola, licor Martes Santo de Higuera de la Sierra, y la gloria de Aracena: sus carnes, las papas Perdi y los pasteles de Rufino. Unos escolares aprovechan el recreo para jugar a los megáfonos con unos pivotes. Se oye la gloriosa algarabía de los niños de la guardería Pato Donald.

"¡Mira que ponerle Trabajo a la calle!", dice un cliente del bar Manzanilla. Manolo Távora, 40 años, regenta un taller de lavado manual de coches en esta calle. "Es el tercero que lavo en la mañana". Está dejando el Nissan como los chorros del oro. Tiene un empleado, Javier Tierno, 31 años. Lo de los piquetes le suena a los polígonos. "Lo bueno es que está la calle más tranquila. Vivo en Pagés del Corro y hoy no hay doble fila". Trabajo está rodeada de calles de nombres virtuosos: Lealtad, Prosperidad, Constancia, Voluntad. "La voluntad que hay que tener para ir a trabajar", dice el cliente del Manzanilla.

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