Calle Rioja

Las Dolorosas no son para el verano

  • El viernes se inaugura en Málaga una exposición con medio centenar de obras del escultor sevillano Francisco Buiza, del que procesionan en esa ciudad ocho imágenes

De izquierda a derecha, Juan Manuel Miñarro, José Manuel Gil Buiza y Pedro I. Martínez Leal. De izquierda a derecha, Juan Manuel Miñarro, José Manuel Gil Buiza y Pedro I. Martínez Leal.

De izquierda a derecha, Juan Manuel Miñarro, José Manuel Gil Buiza y Pedro I. Martínez Leal.

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SI no fuera escultor, se podría decir que es una bofetada sin manos que Málaga le da a Sevilla. En el Museo Episcopal de la capital malagueña se inaugura el viernes la exposición Buiza, maestro escultor. Medio centenar de piezas de Francisco Buiza (Carmona, 1922, Sevilla, 1983) para conmemorar los cincuenta años de la bendición de la imagen de la Trinidad de la hermandad del Cautivo, cofradía malagueña fundada en 1934 en el barrio del que parten a Nueva York las tres hermanas que protagonizan la novela Las hijas del capitán de María Dueñas.

La vida de Buiza es una novela. Pedro Ignacio Martínez Leal, su biógrafo, que le dedicó su tesis doctoral, contabiliza 35 Dolorosas, que casi siempre hacía en verano. La Dolorosa malagueña es de 1963. Un año antes, el imaginero había sufrido un accidente de moto en el puente de La Algaba que le tuvo casi un año convaleciente en un hospital. Periodo en el que hace el boceto de lo que será el Cristo de la Sangre de San Benito, obra coetánea de esta Virgen de la Trinidad.

Cuando acababa una imagen, la vestía, la fotografiaba y la ponía en exposición para posibles clientes. Así la vieron miembros de la hermandad del Cautivo de Málaga que pasaron por la Casa de los Artistas. Pagaron quince mil pesetas por ella. Buiza tenía su taller junto al estudio del pintor Alfonso Grosso. El mismo al que un día se asomó Brigitte Bardot en un descanso del rodaje de La mujer y el pelele y donde cultivó la amistad de Anthony Quinn.

Juan Manuel Miñarro y José Manuel Gil Buiza son profesores de Procedimientos Esultóricos de la Escuela de Bellas Artes. Los dos nacieron en 1954, el mismo año que Buiza abre su taller en la calle Viriato, en la Casa de los Artistas, después de años de trabajo con Sebastián Santos Rojas. Miñarro tiene ahora su taller en Viriato, 20, “he restaurado obras de Buiza que pasan por delante de la casa de donde salieron”. Es el comisario científico de la exposición de un imaginero al que conoció en 1977, cuando hacía Santa Rafaela, “que está levitando, como el Resucitado”. José Manuel Gil Buiza es hijo de Ana Buiza, hermana del escultor. “De niño, todos los jueves iba a verlo al corralón de los Artistas y me daba un duro. Mi relación con él fue más de amigo que de familiar”.

Buiza se traslada de Carmona a Sevilla porque sus padres se separaron. “Mi abuela se vino de cocinera de la familia Alarcón de la Lastra, en el Patio Banderas”. Por medio del deán de la Catedral, la mujer de Franco se hizo con un Niño Jesús de Buiza. “Cuando se enteraba de que venía Carmen Polo, lo escondía todo”. Le regaló un Niño Jesús a José María Íñigo cuando lo entrevistó en Estudio Abierto.

En Málaga se expondrá medio centenar de obras de Buiza, con el pretexto de una Dolorosa que lleva su impronta: faz ovalada, frente despejada, dulce mirada. Hermandades sevillanas –San Benito, Santa Genoveva, Museo– y particulares han cedido obra. “A Málaga no se le caen los anillos por homenajear a Buiza; ya lo hicieron hace dos años con Luis Ortega Bru. Los imagineros sevillanos completan la Semana Santa de Málaga”, dice Miñarro, con casi una veintena de restauraciones para cofradías de Málaga, en cuya Semana Santa salen en procesión cuatro Dolorosas de Buiza y cuatro imágenes de su hijo: dos Crucificados, un Nazareno y un Ecce Homo, su obra póstuma. Los pintores Juan Luis Aguado y Davinia Morales colaboran en la exposición de este maestro de Carmona que aprendió cerámica con Pedro Navia y conocía los sonidos de la madera.

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