Estampa londinense de la plaza del Salvador

Calle Rioja

Un panel publicitario cubre desde las navidades un edificio de la plaza del Salvador en el que conviven una tienda de ropa infantil y un estudio de arquitectura.

La lluvia de ayer le daba más realismo al retrato publicitario de la plaza del Salvador.
La lluvia de ayer le daba más realismo al retrato publicitario de la plaza del Salvador.
Francisco Correal

Sevilla, 17 de febrero 2011 - 05:03

FUI a por un libro de la actriz Mayrata O'Wisiedo y salí con dos. La propina se titula Una taza de té en mi jardín. La entrega tuvo lugar en el único estudio de arquitectura que hay en la Plaza del Salvador. Lo tapa por completo un paño publicitario que salvaguarda la visión del andamio que se colocó en Navidades. Es un anuncio de Beefeater, una estampa londinense que ayer la lluvia hacía más genuina. Ya lo dice hasta Bob Esponja: "La lluvia en Sevilla es pura maravilla". Lluvia de London cerca de Entrecárceles.

En tiempos de bonanza económica, el estudio lo ocupaban cuatro arquitectos, tres ingenieros y un delineante. Hoy sólo queda un arquitecto-anacoreta. Pedro Baturone Castillo es arquitecto y depositario de los libros de Mayrata. Lleva quince años en el Salvador. Antes tuvo estudios en Gamazo, frente a la Casa Moreno (mítica tienda de ultramarinos) y en el callejón Nicolás Monardes. El paño de la ginebra da la vuelta y comunica el bajo del edificio con la tienda de antigüedades que todavía luce arriba el rótulo de Librería Antonio Machado. El legado libresco del hijo predilecto Alfonso Guerra. El bajo lo ocupa la tienda de ropa infantil Jardilín, con dominio en el escaparate de trajes de primera comunión. Esa estampa es menos londinense.

Pedro Baturone es un sevillano tan atípico como el propio Alfonso Guerra. O más. "A él le gustan los toros", dice del primer político que iba de oyente, oído cocina, a los consejos de ministros. Al arquitecto no le gustan. Cuando en la iglesia del Salvador se casó Manuel Díaz El Cordobés con Vicky Martín Berrocal, en el balcón del estudio colgaron carteles antitaurinos.

Milita contra todos los sufrimientos, empezando por el sufrimiento humano. Pilar Pardo, su compañera, trajo a Sevilla a Claude Lanzmann, director de Shoah, un documental sobre testimonios de los campos de concentración y exterminio. Un narrador de tormentos que no es un atormentado. Para venir a Sevilla, puso como condición quedarse en el hotel Alfonso XIII. A su manera, el cineasta parisino es un Martínez Montañés de la Pasión (y muerte) del siglo XX. Que para contrarrestar tanto horror disfruta del esquí, la aviación o haber sido amante de Simone de Beauvoir. Y los placeres que revela en su libro de memorias La liebre de Patagonia.

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