Obituario

Fallece a los 52 años el abogado Luis Manuel Olivencia Brugger

  • Heredó de su padre el Derecho Mercantil, que enseñaba en Sevilla y Universidad de Leipzig. Era socio director del despacho de abogados Cuatrecases, Olivencia-Ballester, en Sevilla.

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Luis Manuel Olivencia Brugger (Sevilla, 1961), socio director del despacho de abogados Cuatrecases, Olivencia-Ballester, falleció ayer en Sevilla, a los 52 años, víctima de una larga enfermedad. Era el mayor de los hijos de Manuel Olivencia Ruiz, fundador de dicho despacho y catedrático de Derecho Mercantil, disciplina jurídica y académica de la que también se ocupó el abogado fallecido, que era profesor asociado en la Universidad de Sevilla, en la que se doctoró en 1984, y profesor invitado en la de Leipzig. Estaba casado con Sofía de las Moras Rodríguez, la madre de sus dos hijos varones: Luis y Manuel. 

Nació el 11 de noviembre de 1961, el mes de la riada del Tamarguillo. Era muy Olivencia y muy Brugger, una síntesis perfecta entre la Ronda de la ascendencia materna y las raíces bávaras de la rama materna. Padres ambos, Manuel Olivencia y Jane Brugger, que estaban abatidos por el fatal desenlace pero orgullosos de la entereza con la que su hijo afrontó el combate contra la enfermedad. "Había vuelto al despacho porque consiguió recuperarse, pero es una enfermedad muy traicionera", dice José Luis Ballester, compañero de despacho de Luis Manuel Olivencia. 

"Era muy germánico", dicen fuentes cercanas al fallecido. Ejerció varios años el cargo de cónsul honorario de Austria por su perfecto conocimiento del idioma alemán que está en sus genes y cultivaba no sólo en el ámbito académico y profesional, sino viajando a Múnich a ver a su abuela hasta que ésta falleció. 

La dimensión internacional la proyectó en destinos como la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional y en la secretaría general del Parlamento Europeo. Luis Manuel era el mayor de los cuatro hijos del matrimonio Olivencia Brugger. A continuación nació Macarena, esposa de Javier Arenas, vicesecretario general del Partido Popular, y después Daniel, economista, que trabaja en una entidad financiera. El matrimonio perdió a un cuarto hijo, Javier, que murió a muy corta edad. 

Todos destacan la cordialidad, competencia y capacidad de trabajo del primogénito de quien fuera comisario general de la Expo 92. Cuando el despacho Olivencia-Ballester incorporó a la firma Cuatrecasas, Luis Manuel Olivencia sustituyó a Francisco Ballester como socio director y todos esperaban mucho de sus conocimientos y juventud. Estaba al frente del área de Contenciosos, ámbito en el que tenía en su padre un espejo permanente en el que mirarse y un maestro. 

Un germánico del sur que a sus escapadas afectivas a Múnich unía una pasión por una de las sucursales del paraíso, Tarifa. Ingresó en el Colegio de Abogados el 19 de octubre de 1984, época en la que la Exposición Universal de Sevilla, cuyo timón cogió su progenitor, era todavía una quimera y un descampado. Tenía el número 4.426 de colegiado en la sede de Chapineros. "En la profesión su muerte ha sido un mazazo", dijo José Joaquín Gallardo, decano del Colegio de Abogados de Sevilla al que también pertenecen su padre, Manuel Olivencia, colegiado desde 1960, un año antes del nacimiento de Luis, y su hermana Macarena. 

Licenciado en Derecho, se diplomó en Derecho Comunitario en el Europa Institut Universität Des Saarlandes. Colaboraba en el máster de Asesoría Jurídica de empresas del Instituto Cajasol y en el programa ejecutivo de Alta Dirección de Empresas Líderes del Instituto Internacional San Telmo. 

Luis Manuel Olivencia Brugger murió a causa de una enfermedad degenerativa. Cuando empezaron los primeros síntomas, se le hizo un trasplante de médula que finalmente no dio el resultado esperado. En el despacho lo esperaban con los brazos abiertos y ahora quedará el recuerdo de su buen hacer, la fina diplomacia de un conversador inteligente y un conservador adelantado a su tiempo. Antes de que la enfermedad mermara sus fuerzas, se prodigaba en actos culturales, sociales y de carácter solidario, así como las convocatorias del cuerpo consular al que pertenecía. Tenía en la familia uno de los cimientos y vectores de su vida, la misma familia que ahora vive las horas del dolor por su ausencia.

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