De la Faraona al Faraón

Calle Rioja

Los Dos Hermanos, el día que cerró en 2001, con Naranjito de Triana.
Los Dos Hermanos, el día que cerró en 2001, con Naranjito de Triana.
Francisco Correal, Sevilla

05 de octubre 2011 - 05:03

UN autobús urbano, y no sólo el 27 de la fotografía, está lleno de poesía. Parada del 6 y del C1 frente al parque de los Príncipes. Dos y media de la tarde. El calor es asfixiante, octubre insólito. Da más calor ver el cartel del chocolate con churros. Llega el autobús. Hay un asiento libre, abro el reportero, saco las gafas y el ejemplar de Moby Dick. He pasado más de dos horas hablando con mujeres empresarias y me dispongo a seguir esta historia de Herman Melville protagonizada sólo por hombres: los arponeros que le temen más al capitán Acab que a la ballena. El único protagonista femenino.

No llego a sacar el libro. Alguien pronuncia mi nombre y me invita a sentarme a su lado. Le avalan varios amigos comunes. Pasamos por López de Gomara: en esta calle pasé un mes del verano de 1977 con mi amigo y paisano Paco Luis Arista, otro manchego que se casó con una sevillana. Vivía con sus tíos, que se habían ido a pasar unos días a Matalascañas y me aceptó de polizón.

El hombre que va sentado a mi lado se llama Paco Rosas. Como tantos trianeros, vive en las Tres Mil Viviendas. Desde agosto, vive solo porque perdió a su mujer. Se bajará de este autobús urbano para coger otro hacia Bormujos, donde va a recoger una lápida funeraria para su esposa, la madre de sus dos hijos que lo han hecho cinco veces abuelo. Paco Rosas se jubiló como celador en el hospital Macarena. Su oficio, pero su vocación era la de cantaor. Probó fortuna en Madrid con Lola Flores y con muchos de los mejores, pero no había sitio para todos.

Uno de sus dos hijos trabaja de celador en el hospital Virgen del Rocío. De casta le viene al galgo. Al tanatorio acudieron muchos amigos para acompañarle en el dolor de la pérdida. Entre ellos, su amigo Curro Romero. De la Faraona al Faraón. Dice que se refugia mucho en los recuerdos para espantar los fantasmas de la soledad. La casa se le hace un Escorial sin límites de la que sale con frecuencia. Hablamos de esos amigos comunes que propiciaron ese encuentro: Ángel Vela, Paco Arcas, Antonio Badía o el Chaque de Triana, el cantaor, ex legionario y betunero que un día ofreció sus servicios en Los Dos Hermanos, que eran tres, a un cliente que calzaba zapatos con piel de cocodrilo. Este bar del Altozano lo regentaban tres hermanos de Manzanares, el túmulo taurino de Ignacio Sánchez Mejías. Era el santuario del vino Yuntero.

Del Polígono Sur a Bormujos pasando por Los Remedios, el Tardón y Triana. Paco Rosas, el cantaor celador, me desea lo mejor y se baja a la altura de lo que fue tapón de Chapina camino del Aljarafe. El pintor Antonio Badía ha pintado Triana de mil maneras, pintó a los trianeros -el Chaque en la portada de su catálogo del paisanaje- y vive en una de las torres de Ciudad Aljarafe, los rascacielos de Mairena. Todos estos amigos cultivan su cercanía en el bar El Ancla, en la calle Pagés del Corro. "¿Vas mucho por El Ancla?". Es lo último que me dice Paco Rosas antes de bajarse. Celebra la recuperación para el arte y para la vida de Rafael Riqueni, cuya guitarra trianera abrió la temporada del teatro Lope de Vega al que vendrán por separado Víctor Manuel y Ana Belén, aunque los casa el escenógrafo José Carlos Plaza, que volverá a Sevilla después de dirigir la adaptación de una obra de Saramago.

El 6 cruza el puente de Manzanares (José Luis), antiguo alumnos del San Francisco de Paula. Miro la dársena, el remozado pabellón de la Navegación y reparo en la ballena, los arponeros de Moby Dick y el capitán Acab, que volvieron al reportero junto a las gafas de Homero. Cada viajero es la sinopsis de una novela. Los Dos Hermanos eran tres y ahora no son ninguno en el Altozano. Era un punto de encuentro que como tantas cosas pasó a los anales, como una historia más de las de Justino Matute. El autobús es una metáfora del destino. Hace calor en el otoño sevillano. El ferragosto no tiene fecha de caducidad. Me bajo en la parada de la Barqueta, donde está la glorieta Duquesa Cayetana de Alba. El 6 sigue por la avenida Concejal Alberto Jiménez-Becerril, uno de los ediles más queridos en Triana, donde hizo una coalición de afectos con Paco Arcas, el gaviero de Las Golondrinas.

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