Felliniana ciudad de las mujeres en el río Tinto
calle rioja
Doblete. Rufino González presenta dos novelas en la Fundación Cruzcampo y anuncia su próximo proyecto, una historia del Club Yeyé que este empresario de Nerva creó en 1967.
ALLÍ estaban su mujer, sus hijos, sus nietos. Y hasta su médico de cabecera, el doctor Francisco José López Ruiz. Rufino González (Nerva, 1935) es un joven autor de 78 años que goza de buena salud. Su pueblo minero, con nombre de emperador romano y de pasodoble, dio hijos longevos. En Nerva superó los cien años Moisés Vázquez Díaz, hermano de Daniel, el pintor de los frescos de La Rábida.
El cronista llegó en el 27 a la Fundación Cruzcampo donde hacía de maestro de ceremonias Julio Cuesta. Y con el número de Tussam hacía cuentas y comprobaba que Rufino González está en plena madurez creativa. Tiene los años que tenía Vicente Aleixandre cuando recibió el Nobel de Literatura; los que estaba próximo a cumplir Rafael Alberti cuando se embarcó en la aventura del referendum del 28-F.
Dos días después de que Miguel Ríos presentara sus Memorias, llega el doblete de Rufino, nombre de una mítica canción de Luz Casal, la cantante gallega que fue telonera junto a Leño de aquella gira de El rock de una noche de verano. No le resulta ajeno ese mundo al autor. Rufino González creó en 1967 el Club Yeyé, cuya historia será objeto de su próximo libro. Lo inauguró con Los Relámpagos un día que cayó una gota fría en Sevilla. Como empresario artístico, trajo al campo del Betis a Elton John, Mecano y Guns&Roses. Faltó Michael Jackson por incumplimiento de contrato.
Se ha puesto de moda presentar los libros de dos en dos. Estos días lo han hecho en Sevilla Benjamín Prado ( la novela Ajuste de cuentas y el libro de cuentos Qué escondes en la mano) y el actor Paco Algora (La insurrección de los cómicos y Romances de convalecencia, resistencia y esperanza). Rufino no quiso ser menos y presentó al alimón las novelas El Río Tinto tiene memoria y Eva mordió la manzana.
Si Rufino, que durante 33 años fue empresario cinematográfico y regentó en el Arenal el restaurante El Buzo, presentó dos libros, su editor, José María Toro, no le anda a la zaga. En dos días, Guadalturia ha avalado el bautismo de tres libros: los dos de Rufino y el último de Joaquín Arbide, presente en la sala, que la víspera presentó en el Círculo Mercantil de la calle Sierpes Prohibido suicidarse en primavera.
La literatura fluvial es un clásico imprescindible: desde El corazón de las tinieblas de Conrad a El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio o Volverás a Región, de Juan Benet -la terminó de escribir cuando dirigía las obras del pantano leonés del río Porma-, sin olvidarnos de La Nieve del Almirante, esa historia de cargueros que Álvaro Mutis incluyó en su trilogía Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero. Pero el río Tinto es en sí mismo un género literario. Sin agotar la bibliografía de un pueblo minero que contaba con dos casinos -en uno de ellos trabajó de bibliotecario Rufino González-, podemos citar La conquista de la tierra, novela de Juan Cobos Wilkins que llevó al cine Antonio Cuadri; Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria. Historias de las minas de Río Tinto, de David Avery; El hijo del futbolista, de Coradino Vega, novela que narra las andanzas de un jugador del equipo local, pues el fútbol y el tenis entraron en España por aquí, precursores de Rafa Nadal; De Riotinto a La Roja, una historia del fútbol español de Jimmy Burns Marañón con Ricardo Zamora y el gol de Iniesta a Holanda en la portada.
Dos libros y dos presentadores. De El Río Tinto tiene memoria se encargó este cronista, que evocó la sabiduría de los ríos como acervo de la única España federal, la de las confederaciones hidrográficas: el Ebro montañés, aragonés y catalán; el Guadiana manchego, andaluz y portugués. El río Tinto huelvano y universal, el Marte que se perdió el Curiosity, río por el que Rufino navega eligiendo El Berrocal como su Macondo particular de Aurelianos Buendía, epicentro de una felliniana ciudad de las mujeres donde olía a cocido y a pringá y en la que el eterno femenino administraba las rentas.
Juan Miguel Vega presentó la novela erótica Eva mordió la manzana y le sugirió a su autor un espléndido epílogo para la inédita historia del Club Yeyé. Hace la intemerata de tiempo, cuando Apple era sólo una manzana, Rufino González se interesó como mánager musical por un grupo que se iba a presentar en el colegio Altair. Estos alumnos, inducidos por el profesor de Griego, le llamaron al grupo Onagros, palabra que significa asnos silvestres. Visto y no visto, la puesta de largo fue un desastre. El mánager volvió sobre sus pasos, pero no imaginaba que treinta años después, el cantante de aquel grupo le presentaría su tercera novela. De Inés a Eva.
Había en Riotinto libros de cuentas y subcuentas, taquígrafos y velocísimos mecanógrafos que llegaban en su Hispano-Olivetti a las 300 y 400 pulsaciones por minuto. Había un tren minero Riotinto-Huelva que se inauguró en 1875 y en cuya vertiginosa construcción, tres años, se vivió una Primera República con cuatro presidentes: Castelar, Figueras, Salmerón, Pi y Margall. Rufino nació en el crepúsculo de la Segunda República.
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