Isidoro Moreno. Catedrático de Antropología en la Universidad de Sevilla

"La Feria dejó de ser elitista al aparecer las casetas de las peñas sevillistas y béticas"

  • Es uno de los fundadores de la nueva antropología andaluza que surgió en los años sesenta del pasado siglo. Sus estudios sobre las fiestas andaluzas son fundamentales para su comprensión.

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Isidoro Moreno es uno de esos personajes que levantan amores y antipatías inquebrantables. Al igual que los "hechos sociales totales" que él estudia, no suele resultar indiferente a nadie. Muchos lo consideran uno de los científicos sociales más importantes de la Andalucía del siglo XX, algunos pocos como un mero palabrista cuyo discurso es tan enmarañado como ininteligible (acusación que se suele extender a la mayoría de los antropólogos). Sea como fuere, lo cierto es que desde que él y sus compañeros empezaron a realizar sus investigaciones sobre la Semana Santa o el Rocío ya nadie se podrá acercar intelectualmente a estos fenómenos obviando su herencia. El plumilla llega a su despacho con todas las precauciones que le dictan sus prejuicios. Teme encontrarse con alguien demasiado ceñudo, algo intransigente. Sin embargo, quien le recibe es una persona amable, uno de esos sevillanos serios y educados que tan gratos son para la charla reposada. Pero que nadie se engañe, este profesor sigue afilando continuamente el filo izquierdista de sus opiniones políticas y culturales, como bien demuestra en las tribunas que escribe en este periódico y en otros foros de debate público. No hay duda de que es un peso pesado.

-Usted fue uno de los fundadores de la nueva antropología andaluza, hace ya la friolera de cuarenta y cinco años...

-Más. Llevo cuarenta y ocho años de profesor. Mi primer contacto con la antropología fue de estudiante, gracias a José Alcina Franch, que era uno de los pocos profesores democráticos que había entonces y que se había formado en París y México. Alcina fue el verdadero reactivador de la antropología en Andalucía. A partir de él se gestó lo que deberíamos llamar el segundo nacimiento de la antropología en Andalucía, porque la primera Sociedad de Antropología se creó en Sevilla en 1870 y no era cuestión de unos cuantos folcloristas, sino de catedráticos, científicos, etcétera. El fundador fue el catedrático de Historia Natural, rector y gobernador civil durante la I República, Antonio Machado Núñez, no casualmente padre de Demófilo y abuelo de los poetas Antonio y Manuel.

-¿Cree que tuvo alguna importancia el abuelo de los Machado en su obra?

-No se puede entender el pensamiento de Antonio Machado, al Juan de Mairena y su poesía, sin saber que tenía un padre formado en antropología y, sobre todo, un abuelo que fue uno de los primeros darwinistas.

-Usted y su generación revolucionaron la interpretación de las hermandades y cofradías andaluzas. En los mentideros dicen que fue capillita antes de dedicarse a la antropología.

-Nunca me ha gustado la palabra capillita. Lo que sí se puede decir es que fui cocinero antes que fraile. Yo soy sevillano y mi padre pertenecía a la cofradía de los Negros, a los Negritos, y de niño, por decirlo en términos sociológicos, me enculturé y socialicé en contacto con esta hermandad, a la que sigo perteneciendo. Incluso, con 20 años fui secretario primero de la cofradía durante un breve periodo... Por cierto, en esa época yo era ya representante estudiantil y había sido interrogado por la Policía, y en la hermandad había un consiliario que pertenecía a la Brigada Político Social... Quiero decir con esto que en el ámbito de las cofradías, en contra de lo que se dice en algunos ámbitos, existió la convivencia entre gentes que ideológicamente estaban en las antípodas en unos momentos especialmente difíciles.

-Pero pasar de ser cofrade a científico social que analiza las cofradías es un salto cualitativamente importante.

-La antropología me sirvió para algo muy complicado, que es poder hacer un distanciamiento intelectual de algo que conocía muy bien por dentro, distanciamiento intelectual que en ningún momento significa desprecio o arrogancia. Una de las intenciones de la antropología es cuestionar el monopolio de la interpretación, intentar relativizar las cosas y, sobre todo, no aceptar los intentos de los poderes políticos o eclesiásticos de erigirse como la única institución con derecho a interpretar cómo son y cómo no son las cosas.

-¿Y ha recibido muchos ataques por intentar romper este monopolio?

-Cuando saqué mi libro Las hermandades andaluzas, una aproximación desde la antropología, en el que entre otras cosas desmontaba el mito de la salida de la Estrella en 1932, la respuesta fue el silencio de algunos medios. Bueno, el librito ya va por la sexta edición... Lo que a mí me llena de satisfacción es cuando paseo por las calles en Semana Santa y alguien anónimo me para y me dice: "gracias por el libro, porque gracias a él me desacomplejé y comprendí por qué, pese a tener mis ideas, a mí me gustaba esto". El establishment de las cofradías miró y mira para otro lado, pero nunca he recibido directamente agresión simbólica alguna, ni ninguna crítica... Lo que puedan decir en las tabernas, los grandes restaurantes o en las mesas de camilla no lo sé ni me importa.

-Se suele decir que las hermandades son muy importantes en la socialización de los andaluces, ¿es eso cierto?

-No se puede separar el tema de las cofradías y hermandades de otras formas de asociación y sociabilidad, porque los andaluces, en contra del tópico que dice que somos muy individualistas, nos juntamos para todo, en grupos grandes o pequeños, formales o informales. Una buena parte de lo que ahora se llama la sociedad civil se ha vertebrado históricamente, aunque hoy ya menos, en torno a las hermandades y cofradías, a este tipo de asociacionismo ritual y formalmente religioso.

-Su peso es todavía evidente, como demuestran esos políticos que se pegan codazos por salir delante de un palio.

-Como he escrito alguna vez, al nacional-catolicismo le siguió el municipal-cofradierismo. Creo que las instituciones públicas deben colaborar con asociaciones como las cofradías, pero, a veces, hay una inadecuada sumisión. Además hay un excesiva presencia de políticos profesionales en las procesiones. Siempre he creído que quien quiera salir en una cofradía debe vestirse de nazareno. Me parece totalmente inadecuado que determinadas hermandades se presten a facilitar las campañas electorales de algunos políticos. Eso hace muy poco bien a la Semana Santa como fiesta popular.

-Usted ha calificado a la Semana Santa en sus escritos como "hecho social total", ¿qué significa exactamente este concepto?

-Un hecho social total es aquel fenómeno que, como la Semana Santa o el fútbol, tiene una pluralidad de dimensiones y que no pueden explicarse solamente por una de ellas. Por ejemplo, si intentáramos explicar la Semana Santa exclusivamente desde la dimensión de la ortodoxia religiosa no se entenderá nada o, lo que es peor, se escribirán las barbaridades que se escriben. Un hecho social total también afecta de forma diferente y contrapuesta a los grupos sociales. Prácticamente no puede haber nadie indiferente ante este hecho... Puede haber críticos y contrarios, pero no indiferentes.

-En apenas unos días empezará la otra gran fiesta de Sevilla, la Feria de Abril. ¿Cómo interpreta usted este fenómeno, que es mucho más moderno que la Semana Santa?

-Sobre esto quisiera hacer una precisión. La Feria y la Semana Santa, tal como la concebimos hoy en día, son prácticamente de la misma época, de mediados del XIX. En esta época, la Semana Santa sufrió una especie de reinvención que poco tiene que ver con el fenómeno durante los siglos XVI, XVII y XVIII. También es interesante que la Feria es la única fiesta que no tiene elementos religiosos explícitos. La Feria ha cambiado muchísimo. Cuando yo era un niño de una familia modesta íbamos al real sólo el sábado por la mañana con nuestras tortillas y nuestros filetes empanados. No teníamos dentro de la Feria ningún sitio donde tomar nada y había que ir a algunos de los bodegones de la periferia o al Parque de María Luisa. Era una fiesta fuertemente elitista y la mayoría de las casetas eran de las familias bien que se mudaban provisionalmente a la Feria para allí alimentar sus relaciones sociales, mostrar las hijas casaderas, hacer negocios... También estaban las casetas de determinados clubes exquisitos de clase alta o media-alta. Esto empezó a cambiar hace unos cincuenta años para bien, cuando empezaron a aparecer las casetas de peñas béticas y sevillistas. Luego vinieron las casetas de las hermandades y de las empresas grandes para los empleados. Con el traslado a Los Remedios ya apenas quedan casetas unifamiliares.

-Aun así, mucha gente se queja de que la gran mayoría de las casetas no son de acceso público.

-Eso es lógico, porque cualquiera tampoco entra en mi casa. Una crítica facilona a la Feria es la que dice que los turistas no pueden entrar en las casetas... ¡Menos mal! Hay ciertas zonas de la ciudad que la han convertido en un parque temático, ¿se quiere ahora hacer lo mismo con la Feria? Para venir a la Feria hay que tener contactos, porque entonces empieza a funcionar algo que es muy andaluz: la red de relaciones... Los amigos de mis amigos...

-Terminemos el ciclo de fiestas con el Rocío, una romería a la que acuden muchos sevillanos, aunque no es una celebración de la ciudad.

-Históricamente, el Rocío se ha circunscrito, hasta avanzado el siglo XX, al territorio comprendido entre los ríos Odiel y Guadalquivir. Como se ve, esta zona comprende Triana, pero no Sevilla, de ahí que el arrabal sí tenga una tradición histórica rociera que no posee el resto de la ciudad. A mí siempre me ha interesado mucho el estudio del Rocío, porque me parece un fenómeno apasionante, muy mal entendido y manipulado desde muchas perspectivas, desde las interpretaciones de la prensa rosa a otras más tenebristas. Si se profundiza en el Rocío se comprenden muchos elementos de la cultura de los andaluces, sus contradicciones, sus paradojas. Desde luego es un hecho social total a nivel andaluz donde se da todo y quien va a buscar algo lo encuentra. El problema es si se acude al Rocío con una conclusión anterior a la mirada, porque de esta manera siempre se podrán ilustrar con realidades los prejuicios. De lo mucho que se ha escrito del Rocío no hay demasiadas páginas salvables. ¿Por qué? Porque la mayoría de estos textos están escritos con gafas de un solo color, independientemente de cuál sea éste, y la realidad es multicolor.

-La gente de moral rigurosa suele afear los excesos de algunos romeros.

-El Rocío y la Semana Santa, actualmente, están sometidos a una ofensiva de la Iglesia católica para monopolizar sus elementos concretos y su interpretación. Ese es uno de los mayores peligros actuales. A finales de los sesenta y los setenta, la Iglesia despreciaba totalmente estas cosas, pero ahora ha cambiado de política y estrategia, empezando una especie de operación rescate y de control. Por una serie de procesos, el Rocío pasó de ser una celebración comarcal a una fiesta identitaria andaluza. Por eso, los que no están interesados en que exista una identidad andaluza han trabajado para que esto se difumine y han aparecido muchas hermandades fuera de Andalucía. Es como está pasando con el flamenco... Lo declaramos universal y así ya no es andaluz.

-Feria y Rocío tienen un denominador en común, el consumo de vino, producto sobre el que usted ha investigado. ¿Cuál es su significado?

-La cultura mediterránea se basa en la trilogía de la vid, el trigo y el olivo, por lo que el vino es uno de los pilares fundamentales de su alimentación y cultura. El fenómeno del beber en Andalucía hay que contemplarlo dentro de un fenómeno más amplio que es el comensalismo. En la cultura andaluza se ve muy claramente cómo el vino es un nexo de comunión; beber juntos significa identificarse y poner entre paréntesis distancias sociales. El vino es un nexo de sociabilidad, de ahí que hasta hace muy poco tiempo en Andalucía se etiquetaba negativamente a la gente que bebía sola. A mi generación nos llamaba poderosamente la atención los bebedores solitarios o eso que veíamos en las películas de las amas de casa norteamericanas que se emborrachan mientras hacen sus labores. Desgraciadamente, la colonización del modelo Hollywood ha hecho que esto no sea tan raro. Aun así, lo mayoritario sigue siendo el beber juntos, algo que anuda más los lazos existentes entre las personas o, si no existían, los crea.

-Usted es un defensor de la identidad andaluza, algo que mucha gente niega.

-Es cierto que Andalucía tiene una identidad histórica, una identidad cultural y una identidad política, las tres condiciones que en el universo mundo definen lo que es una nación, independientemente de que se tengan estructuras estatales o no. Uno de Jaén puede sentirse lejanísimo de otro de Sevilla, pero en Cataluña los van a identificar a ambos como andaluces. De hecho, muchos andaluces se dieron cuenta de su identidad justamente en la emigración, que supuso una ocasión para el despertar la conciencia del ser andaluz. Yo creo que hay que defender la diversidad, pero desde hace ya más de doscientos años se niega que sean andaluces muchos elementos culturales que han sido vampirizados por el estado español para crear un ente inexistente que suelen llamar cultura española.

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