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tribuna de opinión

El Hospital de los Viejos

  • El autor repasa la historia de este singular edificio, que cuenta con más de 625 años de vida y cuya actividad se extendió durante varios siglos

Paseando por la calle Feria, podemos encontrarnos un cruce de calles muy curioso formado por la calle Amparo y la calle Viejos (en la que se mantiene el antiguo azulejo de Olavide como Arquillo de los Viejos). Esta "casualidad" puede darnos una pista de que algo especial debió existir en ese entorno, y si nos fijamos bien podremos apreciar un edificio de planta triangular irregular, cuyo (aparentemente) único valor es la fachada que mira hacia la plaza de San Juan de la Palma, puerta de entrada a la capilla de la Hermandad de la Divina Pastora.

Este humilde edificio tiene más de 625 años de historia, prácticamente desde el año 1395 ha sido, y sigue siendo, "Amparo de los Viejos", y muy posiblemente sea la residencia de ancianos más antigua de Europa. La antigua Casa-Hospital de San Bernardo, conocida como El Hospital de los Viejos, dedicada, como indicaban sus reglas "al sustento, y regalo de la venerable ancianidad y honrada vejez". Pese a ello, no ha sido justamente valorado, quizás porque no tiene gran valor patrimonial, pero sin duda un tremendo valor antropológico, como el mercado de la calle Feria o el paseo de la Alameda, vecinos del mismo barrio.

En los Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, metrópoli de la Andalucía, de Ortiz de Zúñiga (1677), se habla del "Hospital de San Bernardo, vulgarmente llamado Hospital de los Viejos, en la parroquia de San Juan de la Palma", y de la hermandad que le da nombre (nada que ver con la actual de San Bernardo), fundada por un grupo de "sacerdotes virtuosos". "20 de junio de 1355, en la iglesia parroquial de Santa Catalina, cuyo asunto y empleo había de ser sustentar hombres y mujeres ancianos, que destituidos de fuerzas y de hacienda hubieran llegado a necesidad". Así como su traslado al hospital "en 19 de agosto de 1395, cofrades de un antiguo hospital lo donaron a esta hermandad siendo siempre albergue de ancianos y ancianas pobres, y continuándole la venerable hermandad de sacerdotes, que lo han cuidado y cuidan".

Igualmente, Ortiz de Zúñiga cuenta como en el mismo hospital durante un tiempo residió "de prestado" una hermandad sin recursos dedicada al amparo de venerables sacerdotes pobres, gracias a la generosidad de uno de los hermanos más prestigiosos del Hospital de los Viejos: Justino de Neve (protagonista del que quizás sea el mejor retrato de Murillo, de quien fue mecenas y amigo), que posteriormente "formó una hermandad compuesta de eclesiásticos y seculares de lo mejor de Sevilla", e impulsó la construcción del Hospital de los Venerables.

La hermandad de San Bernardo, y el propio hospital no pararon de crecer, mediante bulas y donaciones, ampliándose y construyéndose la capilla y el patio (únicos elementos que perduran) en una reforma atribuida a Juan de Oviedo. Las reglas de la hermandad, originarias del año 1355 y reformadas en 1736, son un documento muy interesante y desconocido, que nos habla sobre la labor de la atención a los ancianos: "El trato, y gobierno de gente mayor, requiere la mayor dulzura por ser la edad más amarga con la memoria de la muerte, tan vecina, y vertida ya la mortaja de la naturaleza". De los requisitos para ser hermano "Ha de sacerdote actual, nacido en esta ciudad de Sevilla, o Triana, y que tengan renta suficiente para sustentar, con la decencia y decoro que requiere para nuestra hermandad". Así como de las calidades que han de tener los acogidos "La primera ser natural de esta ciudad, la segunda pasar de sesenta años, tercera haber estado bien y después haber venido a pobreza, la cuarta estar sanos y con salud, y la quinta es que los pobres entran y salen cuando quieren".

La actividad del hospital perdura a través de los siglos, y en Noticia Artística, histórica y curiosa de esta muy noble, muy leal, muy heroica e invicta ciudad de Sevilla, González de León (1844) indica como sigue "dando a los que existen una asistencia y unas comidas muy decentes, abundantes y condimentadas, con todo lo demás que necesitan, siendo este establecimiento utilísimo a la humanidad anciana y desvalida".

En 1820 se propone su integración en la Junta Municipal de Beneficencia, a lo que la hermandad se niega, planteando un pleito que finalmente gana en 1850, manteniendo su autonomía, pero quedando muy tocada a nivel de recursos, a lo que se unen los efectos de las desamortizaciones, que marcan su lento declive. Así en el maravilloso Sevilla insólita Morales Padrón nos cuenta como se encontraba el hospital en torno a 1960: "Un patio destartalado y frío, silencio, no hay luz, ni pájaros, una fuente muda, Ayer fueron 14 viejas, hoy sólo quedan 7, 2 viven enfrente, reciben sueldo y se encargan de la comida, 5 habitan el edificio del hospital... ratones y ratas llevan años engordando en los libros de actas".

En 1968 se vacía el Hospital de los Viejos, la hermandad se extingue, y el edificio queda repartido entre diferentes administraciones, cayendo en el total abandono. Son expoliados los cuadros, azulejos, placas de mármol e incluso los retablos del magnífico altar de la capilla, convirtiéndose en nido de drogodependientes y prostitución durante los años ochenta; llegando a sufrir un incendio que estuvo a punto de acabar totalmente con el edificio y su historia. Al respecto la prensa de la época llegó a escribir "No parece sino que una maldición hubiera caído sobre el añejo hospital de los Viejos".

Afortunadamente dos sucesos cambiaron la suerte de nuestro edificio, en primer lugar, la cesión de la capilla a la Hermandad de la Pastora de Santa Marina, que se traslada en 1992, impulsando su restauración y llenándola de vida. Y finalmente un giro que devolvió el hospital a sus orígenes: La rehabilitación integral por parte de la Junta de Andalucía del hospital, y la puesta en marcha en el mismo del Centro de Participación Activa para Personas Mayores Casco Antiguo en el año 2014. De este modo, tras un breve paréntesis, se cerró el círculo, y nuestro edificio volvió otra vez a llenarse de personas mayores, que hoy en día siguen acudiendo a encontrar su "amparo" al antiguo Hospital de los Viejos, pero ahora en forma de cursos, conferencias y actividades culturales.

Por todo ello, ahora que se van a cumplir 626 años de su apertura, tal vez deberíamos reflexionar un poco sobre la memoria del Hospital de los Viejos (que lamentablemente no tiene ni una placa que lo recuerde), valorar el trabajo de quienes se dedican a cuidar a los más mayores y pensar en todas las historias por descubrir que permanecen ocultas por los rincones de nuestra ciudad.

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