Inmigrantes

Pateras para escapar de la represión

  • El desempleo acuciante, la falta de libertades y la inexistencia de un horizonte provoca una nueva oleada de pateras desde Marruecos

El cadáver de uno de los marroquíes naufragados, en la playa de Caños de Meca. El cadáver de  uno de los marroquíes naufragados, en la playa de Caños de Meca.

El cadáver de uno de los marroquíes naufragados, en la playa de Caños de Meca. / Julio González (Cádiz)

El último aluvión de pateras con marroquíes a bordo se remonta a los tiempos previos a la gran crisis. El fenómeno no es novedoso, pero sí ha reverdecido en los últimos meses como consecuencia de las circunstancias políticas y económicas en las que está inmerso Marruecos.

Son sobre todo las ya enormes –y endémicas– bolsas de desempleo las que obligan a los más jóvenes a buscar un futuro profesional más allá de sus fronteras. Lo advierte Si Salua El Omari, natural de Alhucemas, en el Rif. Vive en Almería, donde dirige la Asociación Sociocultural rifeño-andaluza, volcada en poner voz a las víctimas de la conculcación de los derechos humanos en su región. Para El Omari, el aspecto económico es también producto de la gestión del régimen político marroquí, que afecta a los estratos económicos y productivos. "Sin capacidad de formarse y sin futuro laboral, la huida a España y Europa se convierte en la principal salida para una vida", dice.

Pero son ahora cuestiones políticas las que empujan a buena parte de la población más joven a arriesgar sus vidas en las pateras para cruzar el Estrecho. Hay dos puntos de inflexión: las primaveras árabes, que El Omari llama "primaveras africanas", y la muerte del pescador rifeño que provocó una oleada de protestas seguida de una brutal represión.

"La mayoría de los jóvenes que hace unos años estaban en sus barrios jugando o bicheando en sus teléfonos móviles están encarcelados. El resto, está con miedo en sus casas, pues sigue habiendo detenciones", explica El Omari para referirse a una situación que califica "sin parangón". "Sin un futuro posible, la población emigra a Tánger o a Rabat o sale en patera", explica.

El descontento de la población es ahora un movimiento intergeneracional. "Ya no sólo son los jóvenes; hay madres que me dicen que ellas tienen ganas de salir de Marruecos a España. No hay libertad de expresión y están al tanto del mundo por lo que les dicen sus hijos o nietos que están en los CIE y en las residencias de las ONG. El miedo se extiende incluso a dar una opinión en las redes sociales".

La primavera árabe, que pedía mayor democratización de la sociedad, provocó la reacción del poder en Marruecos. Abundaron las promesas de reforma que mitigara las revueltas. "Hasta hace tres años, el pueblo marroquí tuvo la esperanza de que habría un verdadero cambio dirigido a lo democrático; sobre todo, lo percibimos desde las provincias rifeñas, una esperanza que provenía de la propaganda del Gobierno sobre los proyectos que iban a acometerse, pero que nunca se hicieron realidad".

Luego llegó la gran explosión. La muerte de un pescador rifeño originó el levantamiento callejero. "Las nuevas generaciones no habíamos vivido la represión del régimen de las décadas anteriores, la cara más amarga del régimen, y lo que contaban nuestros padres nos sonaba a una ficción", cuenta El Omari. A raíz de la muerte del pescador rifeño, los ciudadanos percibieron que la cosa no sólo mejoraría, sino que iría a peor. "El Gobierno respondió con represión y violación de derechos humanos en la zona: asesinatos, encarcelaciones, condenas de más de 20 años... Los rifeños perdieron esa esperanza y recuperaron la reivindicación de años y de una historia y volvieron a demandar derechos coomo ciudadanos".

Derechos Humanos cifra en 2.200 las encarcelaciones en dos años desde la muerte del pescador. De ellos, sólo 874 han sido juzgados, 400 han sido condenados entre tres y 20 años, de los que más de 150 son menores.

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