La aldaba
Carlos Navarro Antolín
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Calle rioja
ESTÁ tan metida en el relato de sus recuerdos que la sobresalta un ruido de la cocina. "¡Voy a apagar el menudo, que se me quema!". Carolina Pando, 11 años, no pierde detalle de las cosas que cuenta Rafaela, su vecina de toda la vida. Carolina tiene 11 años, uno más de los que tenía Lolita Sevilla, vecina de la infancia y amiga de Rafaela, cuando actuó por primera vez en el teatro San Fernando. Con 17 años la vieron actuar en la sala Villa Rosa de Madrid y Berlanga no se lo pensó: ya tenía a Carmen Vargas, la folclórica que actuaría para los americanos en Bienvenido, Mr. Marshall, la película cuya memoria ha activado la fallida visita del presidente Obama a Sevilla.
El verdadero nombre de Lolita Sevilla era Ángeles Moreno, "Angelita, sí señor, pero por ser menor de edad tuvo que elegir un nombre artístico", dice Rafaela. "Yo soy de enero y ella de marzo de 1935. De niñas íbamos juntas a un colegio de la calle Jesús del Gran Poder, ¿quiere ver la foto?, a la maestra le decíamos Manolita la Pestosa, porque se lavaba poco. Yo la acompañaba a la academia de Adelita Domingo, porque antes de cantar empezó bailando". Rafaela vive en la calle San Vicente esquina con Guadalete "y Lolita Sevilla vivía en lo que ahora es el hotel Regina, que le decían la Camerana".
Cuando Carolina oye hablar de Berlanga no piensa en el director de cine, sino en el pueblo de Badajoz donde nació su madre, Amalia, la vecina de Rafaela. Lolita, o sea, Angelita, iba a la academia, "pero la que bailaba era yo", dice Rafaela, "esta calle era muy alegre de noche". Se emociona con los recuerdos. "Soy la única que queda. Ya murió Mariquina, la mayor del grupo, que se fue a vivir a Barcelona y muchas veces me llamaba por teléfono para decirme que Lolita Sevilla estaba en televisión".
Hay dos vínculos de Bienvenido, Mr. Marshall con Sevilla. El primero es la presencia de esta artista sevillana que tenía 18 años recién cumplidos cuando la película se estrenó en Madrid el 4 de abril de 1953, con el espaldarazo posterior de ser elegida la mejor comedia del festival de cine de Cannes, ciudad francesa a la que viajó la vecina de San Vicente. El segundo nexo lo contó el propio Berlanga en un coloquio en Antares en 2003 con los que fueron a una proyección de la película: su intención inicial era rodarla en Sevilla, pero razones pecuniarias cambiaron la patria chica de Angelita Moreno por Guadalix de la Sierra, municipio madrileño donde Pepe Isbert se convirtió en alcalde de Villar del Río, pueblo donde está el plató de Gran Hermano y pastan los toros de Victoriano del Río que han corrido en los Sanfermines.
Lolita Sevilla (Sevilla, 1935, Madrid, 2013) nunca se desvinculó de sus raíces. "Venía todos los años a ver al Gran Poder", recuerda Rafaela. "Mi madre le pedía a su madre un traje de gitana para que yo fuera a la Feria". Rafaela se casó en 1958 con Manuel Rodríguez Carmona, que ve fotos antiguas mientras habla su mujer y comenta con cierta melancolía: "¡No falta gente!". El marido de Rafaela trabajó en los países árabes y tiene una foto con el Rey.
La vecina de Lolita Sevilla no viajó al país evocado en la célebre canción que suena como un himno: "Americanos, os recibimos con alegría... ¡Olé Virginia y Michigan,/ y viva Texas/ que no está mal!". "Yo he ido a Barcelona, Palma de Mallorca, Tenerife y Santander, y Santander me gustó tanto que me sobra lo demás".
En su bloque también vivió Antoñita Moreno. Esta parte de la calle San Vicente es Hollywood: una estrella de Berlanga y otra de Orson Welles. "En esta zona vivían los trabajadores. La calle es San Vicente desde el Museo hasta Alfaqueque, don Vicente hasta la calle Santa Ana y don Vicentillo el resto".
Esas niñas del 35, el canto del cisne de la República, combatieron la dura posguerra con inocencia e imaginación. "Las niñas jugábamos a saltar la cuerda, a llamar al timbre de las casas, a coger zapateros en medio de la calle, a la piola. No había móviles ni ordenadores. Sin aire acondicionado ni nevera, pero con búcaros". Carolina no pierde detalle del relato. A Rafaela se le va a quemar el menudo.
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