los invisibles

"A Marruecos me fui literalmente llorando pero vuelvo todos los años"

  • Antonio Navarro Amuedo. Este periodista con brújula de Chaves Nogales lleva cuatro años en Moscú y desde allí evoca las vivencias de su paraíso nunca perdido, Marruecos

Navarro Amuedo, en 'Diario de Sevilla'. Navarro Amuedo, en 'Diario de Sevilla'.

Navarro Amuedo, en 'Diario de Sevilla'. / Belén Vargas

Ha venido desde Moscú para presentar un libro sobre su deuda sentimental con Marruecos. Antonio Navarro Amuedo (Sevilla, 28-XII-82) nació el año del Mundial de España y va a vivir in situ el Mundial de Rusia.

-Nace el año de Naranjito...

-En la familia estamos tres primos que nacimos a finales del 82. Mi abuela decía que éramos los niños de Felipe.

-¿Dónde crece?

-En Los Remedios y el año de la Expo lo pasamos en Los Palacios, el pueblo de mi madre.

-¿La vida cabe en una medina?

-En mi caso, sí. Mi sueño algún día es vivir en una casita en una medina de Marruecos mirando el mar. En el libro mezclo diario, dietario, anécdotas, memorias. Viví en Marruecos entre 2009 y 2011. Me fui cuando empezó la Primavera árabe. La mitad del libro lo he escrito en Rusia. Todos los años vuelvo a Marruecos. Es un enamoramiento mutuo.

-¿Por qué fue a ese país?

-Con una beca de Comercio Exterior. Me fui literalmente llorando. Yo quería irme muy lejos, había puesto entre los destinos Australia y Estados Unidos. Me atraía mucho el norte de Europa y acabé en el norte de África, aquí al lado, más cerca que Madrid en línea recta.

-¿Qué le fascinó de Marruecos?

-La cercanía, la relajación. La variedad de paisajes, hay montañas alpinas y desiertos de películas. Por la manera de vivir o de cocinar, es España hace cien años. No sé si es el conformismo del islam, pero allí no existe esa presión de la hipoteca, de la edad, del último coche o la última ropa.

-¿Allí vivió el gol de Iniesta?

-El Mundial de Sudáfrica lo viví en Rabat. Me hace mucha ilusión que España y Marruecos estén en el mismo grupo en el de Rusia.

-¿Y por qué deja Marruecos?

-Tenía una sensación de fin de ciclo. Quería volver al Primer Mundo. Hay muchos días que pienso que me equivoqué. Colaboré con muchos medios, desde Televisa de México a Antena 3. Daba clases de español en el Cervantes.

-¿Dónde hizo la mudanza?

-Estuve viviendo tres años en Londres y unos meses en Estanbul. Contacté con los refugiados sirios que vivían en Turquía, fui a la Antioquía de Pablo de Tarso. Entrevisté en la frontera a sunitas que según mi intérprete kurdo se iban a convertir en yihadistas.

-¿En Londres vuelve a Europa?

-Vivía en una casa victoriana rodeada de ratas con un montón de gente, cerca del campo del Arsenal. Viví el éxodo económico de muchísimos jóvenes, sobre todo españoles e italianos.

-¿Llegó a vivir el Brexit?

-Me fui antes. Con Londres tenía una relación curiosa. Durante los Juegos Olímpicos de 2012 me fui a Turquía.

-¿Por qué se va a Rusia?

-Estaba harto de la condición de free-lance, quería estabilidad. Mandé el currículum, me hicieron la prueba y me contrataron en la página web en español de RT (Rusia Today).

-Vivió allí dos centenarios, el del comienzo de la Primera Guerra Mundial y el de la revolución rusa, que se mezclaron...

-Buena parte del Moscú que conocemos está construido a partir de 1917. En muchos pueblos de Rusia hay estatuas de Lenin y la gente coloca flores, no ves un grafiti. La gente mayor a la que no le cogió el capitalismo o la privatización tienen cierta nostalgia, se debaten entre la libertad y la seguridad.

-En el cartel del Mundial aparece Yashin, el portero que encajó el histórico gol de Marcelino...

-Mi icono es Dassaev. Yo crecí con el Sevilla de Dassaev, Unzué, Martagón, Prieto, Rafa Paz, Conte, Carvajal. Mi padre tenía todos los goles grabados en VHS.

-En Rusia se cruzaron las dos Españas: los niños de la guerra, hijos de exiliados, y los de la División Azul...

-Es verdad. Algún día me gustaría contactar con hijos de aquellos niños de la guerra.

-¿Le fascinará algún día Rusia como lo hizo Marruecos?

-Es otra cultura. Allí los españoles nos juntamos en el Asador, una sidrería asturiana que está en el barrio de Polyanka donde quedamos para ver los partidos.

-¿El síndrome de Estocolmo lo tiene con Tánger y Rabat?

-Me gustaría hablar con españoles a los que le marcó su paso por Marruecos. Esa charla ya no la podré tener con Juan Goytisolo, pero sí me gustaría hablar algún día con María Dueñas, cuya carrera literaria tiene mucho que ver con la relación de su familia con ese país.

-¿Qué fue de sus primos del 82, de los niños de Felipe?

-Luis Miguel es periodista, como yo. Trabaja para Europa Press en Madrid. Éramos del mismo curso, siempre con el Giraldillo en la mano para saltarnos la clase e ir a una charla de Savater o de Vargas Llosa. Inma estuvo con su familia en Estados Unidos y ahora trabaja como dentista.

-¿Después de Rusia?

-En mi casa me creé una fama de desapego, piensan que lo próximo será Pekín o Nueva York. Como son de Lora y Los Palacios...

-¿Qué es más fácil de aprender, el árabe o el ruso?

-El árabe es más difícil. El marroquí no tiene categoría de lengua. Les faltó un Nebrija que lo estandarizara. En Marruecos con el francés te podías valer, pero en Rusia tienes que aprender ruso, el inglés sólo te sirve para las tiendas y los restaurantes.

-¿Ha vivido la Feria?

-Llegé el mismo sábado de los fuegos artificiales. Me fui del real para ver la final del 0-5.

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