Metáfora del director de orquesta
Calle Rioja
José Carlos Carmona mezcla Cortázar con el jazz, el Derecho Civil con la Filosofía pura. Un 'guerrista' de los puentes entre las artes que ahora opta a las primarias del PSOE.
Apriori, Alfredo Pérez Rubalcaba se va a topar con un rival duro de roer. En un concurso de méritos, el vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior lo tendría complicado para convencer a un jurado si compitiera con quien ha dado un paso al frente para hacerle frente en las primarias. Ya había oído hablar de José Carlos Carmona, conocía sus textos, una de sus muchas facetas, pero la primera vez que lo vi en persona fue en la cárcel de Sevilla.
Lola González, primera catedrática en España de Literatura Infantil, llevó a los reclusos la iniciativa Sevilla se lee. Todos los convocados por Lola elegimos textos de los tres autores incluidos en ese proyecto: Antonio Machado, Vicente Aleixandre y Julio Cortázar. Dos sevillanos y un argentino cuyos textos iban a sonar en el salón de actos de Sevilla 1, totalmente abarrotado de presos. El único que se saltó el guión fue José Carlos Carmona, que leyó un texto de José Carlos Carmona. Un trepidante fragmento de su relato Lo que queda de Elena, incluido en su libro Cuentos para después de hacer el amor. Una vendetta literaria contra el monitor de tenis de una antigua compañera de Derecho. Fue el que se llevó los mayores aplausos, hubo incluso reclusos que le facilitaron sus direcciones en el presidio, módulo y celda incluidos, para que les enviara ejemplares de su libro.
No es un escritor al uso. Carmona estudió Dirección de Orquesta en la John Hopkins University de Baltimore, dirige la Orquesta Sinfónica Hispalense de la Universidad y es profesor de Filosofía. Cuando lo visité hace dos años en su casa de la calle Goles, casa presidida por un impresionante piano, era secretario general de la Unión de Actores de Andalucía. Otra de sus facetas, que ha desarrollado en Arrayán o en Curso del 63, serie televisiva adaptada en el año que nació. En Una pasión singular, película de Antonio Gonzalo, hace del pianista que compuso el himno de Andalucía, que tocó en el piano auténtico de Blas Infante.
Desde hace 13 años dirige un taller de Creación Literaria. El último lo dedicó a desmenuzar la lectura de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, que parece un guiño a Rubalcaba y su partido para recuperar el tiempo perdido entre los juegos de camuflaje con la crisis y el descalabro en las municipales del día 22. Le gusta mezclar sus diferentes pasiones: lo mismo escribe un libro sobre las músicas de Rayuela (en la novela de Cortázar suena el violín de Narciso Yepes), que menciona un artículo del Código Civil en su tesis doctoral sobre criterios de interpretación musical, con la que se doctoró en Filosofía Pura.
Volvió de Estados Unidos coincidiendo con la Expo que no pudo organizar Chicago. Se dedicó a dar clases de español para extranjeros. Su madre era cantante de ópera y zarzuela. Le gusta la Sevilla de las setas y de la Torre Pelli. Barroco y vanguardista. Duro rival para don Alfredo.
La música. La literatura. El cine. Un trivium que al profesor Carmona le da una especie de oropel guerrista. A esa trilogía le suma el Derecho, aunque en su caso se trata de una carrera que llegó a estudiar, no una Facultad, como cuenta Guerra en sus Memorias, a la que el antaño vicepresidente acudía para medrar en el bar y planificar con Felipe González el boicot a una conferencia de Manuel Fraga Iribarne. Frente a la aclamación de Rubalcaba, la aparición de este malagueño afincado en Sevilla es un elixir de juventud y rebeldía. Una metáfora de un partido sin rumbo que necesita de un director de orquesta, que en el caso de Carmona define Cien años de soledad de García Márquez como un contrapunto continuo de una obra de Bach. Carmona estudió Violín, Piano y Oboe. La especialidad que más abunda en su partido es la de palmeros.
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