Metáfora veneciana sin góndolas y con turistas

metrópolis

Intramuros. El arco es la puerta de acceso a una calle-barrio, casi calle-ciudad, en la que cabe la Semana Santa entera y donde conviven los legados de Pepe Díaz, el panadero comunista, y Sor Ángela de la Cruz. San Luis abre para visitas guiadas

A la calle San Luis se entra por un arco, como en el relato del magnolio de Cernuda.
A la calle San Luis se entra por un arco, como en el relato del magnolio de Cernuda. / Reportaje Gráfico: Belén Vargas
Francisco Correal

14 de mayo 2017 - 02:36

En esta calle también se entra por un arco, como en el magnolio de Ocnos. Con las medidas de Cernuda, el arco de la Macarena visto desde San Luis es una pantalla que decodifica la ciudad de extramuros. La calle, en el argot marinero, es tierra adentro. Una calle global en la que cabe la Semana Santa entera, desde la Hiniesta que la atraviesa el Domingo de Ramos hasta el Resucitado que empezó a salir hace treinta años, en 1987, de Santa Marina. Pasado y futuro en lo que según Joaquín de la Peña fue Cardo Máximo de los romanos, vía principal. Si uno se sitúa en la plaza del Pumarejo con su guiño semántico al alcalde, "las Espadas sigue en alto", la calle San Luis limita al sur con la torre de San Marcos, metáfora veneciana sin góndola de turistas que beben de los románticos franceses y también de Paco Martínez Soria. Al norte limita con el tirante blanco -Tirant lo Blanc, su arquitecto es valenciano- del puente del Alamillo que diseñó Calatrava.

Dicen que a Gonzalo Queipo de Llano lo enterraron donde estaban las letrinas de Casa Cornelio. Las dos Sevillas de lo que fue el Moscú sevillano donde conviven perfectamente los legados de Pepe Díaz, el comunista macareno que fue secretario de Stalin y nació en esta calle-barrio, y de Ángela Guerrero, que en la habitación de un humilde piso de alquiler de San Luis empezó con otras tres mujeres la labor de lo que serían las hermanas de la Cruz.

Cerró sus puertas el CAT, de donde salió la escuela más brillante de actores andalucesManuel García propuso al entrar de concejal en 1983 una ruta turística por la calle San Luis

La Macarena estuvo durante casi tres siglos (1655-1949) en el templo de San Gil, que celebra sus 75 años de historia. Más de tres siglos hace que Leonardo de Figueroa inició la construcción de San Luis de los Franceses, iglesia dedicada al titular de la calle. En el centenario de Fátima, debe haber pocos casos de dos primos hermanos que compartan los honores de la santidad: San Luis (Luis IX para los franceses) era hijo de Blanca de Castilla, la castellana de Palencia que fue reina de Francia y era hermana de doña Berenguela, madre de Fernando III, primo carnal de San Luis.

En el centro del Cardo Máximo sale de su casa Manuel García, que en noviembre dejará de ser hermano mayor de la Macarena. Un cartel recuerda que hay visitas guiadas a San Luis de los Franceses, mínimo de diez personas, máximo de veinte, "pero viene mucha gente y la encuentran cerrada", dice quien fue responsable de la seguridad municipal de la Expo que se conmemora. "Yo entré en el Ayuntamiento en 1983 y lo primero que propuse fue una ruta turística que partiera del Arco de la Macarena con paradas en San Gil, Santa Marina, San Marcos y combinarlo con visitas a los conventos de Santa Paula, Santa Inés o Santa Isabel".

Nunca llegó a funcionar ese concordato sevillano propuesto por el entonces concejal, vecino de San Luis desde hace más de medio siglo. Junto a la iglesia, también cerrado a cal y canto, el edificio que fue sede del Centro Andaluz de Teatro del que salieron tan buenos actores: Antonio Dechent, Paco Tous, Paco León, Alex O'Dogherty, Síndrome Clown, Pepe Quero. Uno de ellos, el argentino Jorge Cuadrelli, camina por Relator, una de las muchas calles perpendiculares de San Luis. Otra es Arrayán, que dio nombre a un entrañable cine de verano y acoge una peña cultural bética.

En la esquina de Arrayán con San Luis hay un bloque de viviendas en cuya cimentación aparecieron restos de una almona árabe. Al lado, uno de los muchos establecimientos singulares de esta calle tan sevillana y tan internacional. El goteo de clientes es incesante en la Panadería Alemana. Hay un cartel de clases de alemán creativo. "La alemana es mi jefa, son alemanes de Tarifa", dice Ara, apócope de Araceli, originaria de Andújar. Irene, músico de profesión, es una madrileña que desde que se ubicó en la calle San Luis es clienta de la panadería y de uno de sus productos más demandados, la kombucha. "Es un hongo con infusiones como base con mogollón de propiedades supersaludables".

Un rey francés, un alemán creativo, el Moscú sevillano, el hermano mayor de la centuria romana. El CAT daba a Divina Pastora, calle con la rúbrica de la alcaldesa Soledad Becerril en 1998, centenario del año en que se eligió ese nombre en el callejero. Calles que eligió José Luis Ortiz Nuevo como escenario de la Bienal de Flamenco de 1984, la que provocó el asombro de Jorge Luis Borges. El asombro continúa en quien se cruza por la calle con la bailaora Ana María Bueno.

El bar San Julián es de los antiguos, de parroquianos de vaso corto y tiempo largo. Hay una escuela de cocina, un colectivo de artistas y artesanos que piden una protección contra el turismo indiscriminado y que han sido objeto hasta de algún reportaje televisivo. El C5, el microbús más coqueto de la flota de Tussam, entra por el Arco de la Macarena y recorre San Luis entero, que cuando se pone a llover es San Luis Missouri. Tiene parada en la esquina con Inocentes, donde están uno de los polideportivos que inauguró Alfredo Sánchez Monteseirín y el centro de Salud. El microbús pasa delante de San Marcos, deja a un lado el convento de Santa Isabel que en plena Expo recibió la visita del Nobel colombiano Gabriel García Márquez y tuerce por calle Socorro.

Bustos Tavera es una prolongación de San Luis por la que se llega, a un lado Peñuelas, al otro Doña María Coronel, hasta Santa Catalina. En la ruta de Manuel García, se podría introducir una variación por las iglesias que cerramos, apéndice de los cielos que perdimos de Romero Murube. Un catálogo de Vilimas de lo sagrado. La única Santa Catalina abierta es la que da nombre al hostal frente a la Hemeroteca.

Hace más de treinta años, por la época en la que empezó a salir el Resucitado, Marta Stroecker Pallarolas se instaló en Sevilla. Esta barcelonesa se enamoró de un sevillano que hacía la mili en el Pirineo catalán y cambió las Ramblas por Alcosa. Enviudó y abrió una floristería que ya es un clásico al final de San Luis, junto a la plaza de San Marcos. Ahora la regenta su hija Marta Quintana y conviven las flores con su fragancia cautivadora con el olor de la fortuna de quinielas, bonolotos y loterías. San Luis es un pleno al quince. "Una zona muy alternativa, pero de gente muy maja", según Marta Quintana. "Gente muy diversa, aquí hay todo tipo de religiones, de razas, todo muy diverso, pero gente con mucha educación y muy preparada". El único pero es un inmueble autodenominado Casa Feminista Autogestionada cuyas inquilinas le declaran la muerte al Estado y al Trabajo Asalariado. "El problema no es que ocupen, es que ocupan mal; hacen pintadas, manchan la calle...". Hacen unos alardes de mal gusto que han merecido la recriminación de los vecinos "porque pasan turistas y hay un colegio muy cerca".

En San Luis pasean la memoria de Pepe Díaz y de Sor Ángela de la Cruz. La monja y el comunista, como en un relato de Papini. En la calle San Luis o sus adyacentes nació Ruiz Gijón, el autor de la imagen del Cachorro; tiene calle Duque Cornejo, autor de algunas de las esculturas de San Luis de los Franceses; tuvo su taller Juan Manuel Rodríguez Ojeda, cuyo busto del canon juanmanuelino es aduana cultural del arco de la Macarena. En San Luis estuvo la originaria Flor de Toranzo. Rogelio Gómez, el hijo de Trifón, es hijo de esta calle donde un conocido pintor se compró un piso "para casarse" y falta el sí quiero para firmar las escrituras. El Je t'aime de San Luis de los Franceses.

Un viaje de la Sevilla íntima a la de los autobuses y el Parlamento

Pocas calles unen de forma más gráfica intraumuros y extramuros. La Sevilla íntima de Dueñas y el limonero de Antonio Machado, que ahora se puede visitar, y la Sevilla no menos entrañable pero que al fondo del arco se abre a los barrios, al tráfico, a los autobuses, a los asuntos del Parlamento. San Luis es una Sevilla con historias y muy historiada. Hay calles-sierpe como Pozo, Duque Cornejo, Arrayán o Relator. La Plaza del Pumarejo es un espacio reivindicativo. En el Molino de la Pradera, Gourmet y Complementos, tienen dulces de convento, féfir y patés. Un Covirán frente a la bodega Soto, herederos de Argüeso con una cerámica que firma Rosario Ordóñez. El Resucitado se ve al fondo de la iglesia de Santa Marina. Dos trabajaderas a ambos lados. En el bar Santa Marina, carteles de la exposición taurina de Luis Rizo.

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