La negociación del presupuesto

El PP mueve ficha en el Ayuntamiento

  • El Grupo Popular baraja la abstención en la votación de los presupuestos generales para 2017.

  • Alberto Díaz quiere evidenciar un nuevo estilo en la oposición, dejar orillada a la izquierda radical y evitar que el PP se quede políticamente arrinconado.

El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, Alberto Díaz, en una imagen reciente.

El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, Alberto Díaz, en una imagen reciente. / antonio pizarro

El alcalde está dispuesto a tener gestos con el PP. Y el PP, al menos la cúpula actual del partido en Sevilla, está interesado en presentarse como un partido responsable, con altura de miras y que -precisamente por su experiencia de gobierno en la ciudad- está dispuesto a facilitar la gestión de los grandes asuntos de interés general. Se trata de una jugada política que, si se confirma, dejará orillados a los dos grupos de la izquierda radical que ejercieron de socios de investidura de Juan Espadas como alcalde en el verano de 2015. El Grupo Popular en el Ayuntamiento baraja la abstención en el Pleno que a final de mes ha de debatir y aprobar los presupuestos de la ciudad para 2017. Si los doce concejales del principal partido de la oposición se abstienen, el socialista Juan Espadas no necesitaría técnicamente de ningún apoyo más para sacar adelante las cuentas de la ciudad, habida cuenta de que basta con la mayoría simple. Los once votos del Grupo Socialista serían suficientes por mucho que los otros tres grupos (Ciudadanos, Participa Sevilla e Izquierda Unida) no votaran afirmativamente.

El principal partido de la oposición quiere abrir nueva etapa y salir del continuo 'no es no'

El PP, que ahora dirige Alberto Díaz en el Ayuntamiento como líder de la oposición, ha puesto precio a su abstención: el gobierno ha de ser generoso en la aprobación de las enmiendas que presentará a las cuentas. El plazo de presentación expira el próximo viernes, por lo que estos días se está forjando un posible acuerdo clave para la gobernabilidad de la ciudad a lo largo de este año. El PP de Zoido presentó el año pasado una treintena de enmiendas, de las que ni una fue aprobada, por lo que Juan Ignacio Zoido se enrocó en el rechazo a las primeras cuentas de Espadas. Alberto Díaz, que quiere imprimir un nuevo estilo como líder de la oposición, es proclive a la abstención por diferentes razones. La primera, para demostrar que el PP tiene altura de miras y facilita el gobierno de la ciudad, agilizando la aprobación del instrumento fundamental en la gestión: el presupuesto general. La segunda, la abstención coloca al PP en los focos, lo saca del no es no, lo que equivaldría a la apertura de una nueva etapa. Y la tercera razón, la abstención supondría que el PP ha influido en la elaboración de las cuentas, por lo que se habrían admitido un número suficiente de sus enmiendas, al igual que hizo Ciudadanos con las primeras cuentas de Espadas. El PP también tiene que evitar que Ciudadanos siga capitalizando el papel de formación política de centro-derecha que permite el gobierno de la ciudad, que demuestra que es capaz de negociar y que consigue alcanzar acuerdos que son presentados hábilmente como fructíferos, como está haciendo el grupo que dirige el concejal Javier Millán. En definitiva, Díaz trataría, si las circunstancias se lo permiten, de sacar al PP del aislamiento melancólico en el que está sumido su grupo político desde la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015.

Al propio alcalde le interesa que las cuentas sean aprobadas con la mayor rapidez posible. Espadas está dispuesto a sacar partido del nuevo estilo de oposición que quiere imprimir Alberto Díaz. Espadas sabe que Díaz necesita demostrar que no está de paso como líder de la oposición, que tiene iniciativa propia y que no ejerce de mero valido del ministro del Interior. A ambos les interesa entenderse. Espadas y Díaz tienen un trato fluido en el plano personal desde hace años y en la actualidad cultivan una interlocución directa. Espadas sabe el momento delicado que vive el PP de Sevilla, fracturado entre críticos y oficialistas, una división que tiene su traducción en el propio grupo municipal.

El alcalde sabe que el PP vive una fractura interna que condiciona cualquier acuerdo

El alcalde también es consciente de que no puede permitirse un Pleno de presupuestos como el de las cuentas de 2016, que no fue modélico desde el punto de vista democrático, por lo que el alcalde socialista es el principal interesado en que su segundo Pleno de presupuestos transcurra con la menor erosión posible para su imagen. La presidenta del Pleno, la concejal Carmen Castreño, número dos en la lista del PSOE, impidió el debate de las propuestas de los grupos de la oposición, una decisión que le costó la condena del TSJA "por contravenir la Constitución Española" y la reprobación del propio Pleno. Espadas, siguiendo el ejemplo de la situación política en España, ha defendido la tesis de que los partidos políticos que ejercen la oposición deben ser responsables y saber valorar la "oportunidad" que tienen de contribuir a la gobernabilidad.

Las enmiendas del Grupo Popular al presupuesto de 2017 no diferirán mucho de las ya presentadas el pasado año. Hasta ahora, el portavoz Alberto Díaz ha insistido públicamente en denunciar que hay mociones del Pleno que han salido adelante que resultan son papel mojado: "Numerosos acuerdos plenarios que han sido adoptados a iniciativa del Grupo Socialista o de los grupos políticos que soportan a este gobierno, o que lo apoyaron en la aprobación de los presupuestos municipales para 2016, no han sido ejecutados". Esto supone que el PP, si se abstiene, deberá ejercer una fiscalización firme para evaluar, sobre todo, el cumplimiento de las alegaciones que haya conseguido sacar adelante.

Las enmiendas que presentará el PP versarán sobre obras en distritos, inversiones en patrimonio histórico, mejoras en el Real Alcázar, refuerzos en las plantillas de determinados servicios municipales, propuestas sobre asuntos de accesibilidad, juventud, seguridad vial, vivienda, etcétera. Si el PP logra hacer ver que ha influido sustancialmente en el presupuesto y supera sus discrepancias internas al respecto, la política municipal habrá dado un giro cuando aún no se ha llegado siquiera a la mitad del mandato.

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