Pocos trenes, menos pasajeros

El Cercanías de la Cartuja se inaugura sin apenas viajeros y con una frecuencia de paso de un tren cada hora.

Uno de los trenes de la nueva línea de cercanías C-2 llega a la estación de la Cartuja procedente de Santa Justa.
Uno de los trenes de la nueva línea de cercanías C-2 llega a la estación de la Cartuja procedente de Santa Justa.
Luis Sánchez-Moliní

21 de febrero 2012 - 05:03

"Todavía es pronto, la gente no se ha enterado". El revisor del recién inaugurado tren de cercanías C-2, que une la estación de Santa Justa con el apeadero de la Cartuja, no quiere dar datos sobre el número de pasajeros que están usando una línea en la que se han invertido 52,4 millones de euros. "Son pocos, pero no los he contado", dice con desconfianza. Este periódico sí los contó: nueve en el tren dirección Santa Justa que salió de la Cartuja a las 14:30 y sólo dos en el que salió de la Cartuja en dirección la estación de trenes de Sevilla a las 15:03. En ambas cifras se incluye el reportero.

"El de las 8:03 de la mañana también iba muy vacío", confirma un grupo de cuatro mujeres de Dos Hermanas que están realizando un curso sobre productos tóxicos en la Cartuja. "A esa misma hora el C-1 estaba hasta los topes. Nunca se puede encontrar asiento y siempre nos toca ir de pie. Póngalo ahí, a ver si se enteran".

Las causas de tan discreta acogida de esta nueva línea de Renfe de aproximadamente 12 kilómetros de longitud (unos veinte minutos de viaje) son claras para un estudiante de Comunicación Audiovisual: "Las frecuencia de paso, una hora, es muy escasa. No te puedes permitir el lujo de perder un tren... Pero con lo vacío que va no creo que amplíen los horarios... es como un círculo vicioso, ¿entiende?". Este joven de Salteras ya vio el mismo problema cuando se inauguró hace casi un año la línea C-5, que une Santa Justa con el Aljarafe Norte (Benacazón, Sanlúcar la Mayor, Salteras, Valencina, etcétera). "El tren está cada vez más lleno y ya pasa cada 40 minutos en hora punta. Esto va poco a poco", dice con confianza en el futuro.

Todos, absolutamente todos los pasajeros, aplauden la inauguración de una infraestructura construida por Adif que también tiene paradas en San Jerónimo y el Estadio de la Cartuja y que en el futuro, con la venia de la crisis, se ampliará hasta la parada de Metro de Blas Infante. "Antes, yo venía en autobús desde Santa Justa, tras llegar desde Cantillana en la C-1", afirma una ingeniera que trabaja en una empresa de la Cartuja. "Invertía una media hora en el mejor de los casos, cuando no había atascos o cualquier otro problema, ahora ahorro diez minutos como mínimo". Una empleada de la limpieza de la estación de Santa Justa confiesa que está "como loca" porque ya no tendrá que coger más el coche para ir a trabajar. "Aparcar allí es una auténtica pesadilla, sobre todo porque no tenemos acceso a los aparcamientos a Renfe porque somos de una subcontrata. Mis compañeras de Pino Montano también están contentas, se vienen en coche a San Jerónimo, donde sí pueden aparcar, y aquí cogen el tren".

Precisamente, el menor uso del coche privado y las ventajas ecológicas son algunos de los argumentos esgrimidos para la puesta en marcha de esta nueva infraestructura. "Generará un ahorro de magnitudes ambientales y de sostenibilidad por sustitución de otros modos de transporte menos sostenible que el tren", se asegura desde Renfe. Según la empresa pública de ferrocarriles, el ahorro de "costes externos" gracias a esta nueva línea será de medio millón de euros anuales, "debido principalmente a conceptos como la descongestión urbana, la reducción de la accidentalidad y otros efectos". En concreto, Renfe defiende que la puesta en marcha de la C-2 evitará la circulación de unos 483.000 vehículos al año. "Yo también voy a dejar de coger el coche para venir a la Escuela de Ingenieros, pero no por motivos ecológicos, sino económicos", afirma un estudiante de Teleco mientras mira una sucesión de huertos sociales que le da algo de verdor y belleza a un paisaje donde dominan las naves industriales, las alquerías y los solares con montañas de escombros y bolsas de plásticos por doquier.

Aunque pocos y vacíos, los trenes cumplen con precisión germánica el horario. Sólo se observan algunos defectos propios de una infraestructura recién inaugurada: una pequeña obra aún sin terminar, los tornos de entrada al andén que no funcionan pese a que Renfe se ufanaba de que "las tres nuevas estaciones de la C-2 son las primeras del núcleo de Sevilla que cuentan con dichos sistemas de control"... Poca cosa. "Durante el día no se ha experimentado ninguna incidencia, por ahora. ¿Tiene usted autorización para hacer estas entrevistas dentro del tren?", pregunta el celoso revisor.

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