Selectividad: los días contados
La futura aprobación de la Lomce supondrá el final de la actual Prueba de Acceso a la Universidad, probablemente en el curso 2015-2016. Las universidades podrán introducir exámenes y criterios propios en la selección de sus estudiantes.
La futura entrada en vigor de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) supondrá el final de uno de los ritos de paso más importantes de la juventud española de las últimas décadas: la tan temida como inofensiva Selectividad, el examen de acceso a la universidad.
La Lomce, que fue aprobada por el Consejo de Ministros el pasado 17 de mayo y que está pendiente ahora de su tramitación parlamentaria, suprimirá la Prueba de Acceso a la Universidad (el nombre oficial de la Selectividad) para sustituirla por un examen de reválida del Bachillerato y la posibilidad de que las universidades hagan pruebas específicas para admitir a su alumnado.
¿Cuándo ocurrirá esto? Según el coordinador de la Selectividad en Andalucía, Ignacio Ugalde, de la lectura de la un tanto enrevesada disposición final quinta de la Lomce, se desprende que su aplicación sería durante el curso 2015-2016. Es decir, que los estudiantes que mañana iniciarán en Sevilla sus exámenes serán los penúltimos en hacerlo. Eso siempre que la Ley se apruebe durante 2013 y que, evidentemente, el Parlamento no modifique este punto.
¿Qué prueba sustituirá a la Selectividad? Los estudiantes que hayan aprobado los cursos de Bachillerato en sus centros de enseñanza se enfrentarán a una reválida en la que Educación comprobará "el logro de los objetivos" de esta etapa educativa y el conocimiento de las asignaturas tanto comunes como específicas. Como casi todos los exámenes, se superará con una calificación igual o superior a cinco puntos sobre diez, y los que no lo aprueben tendrán dos opciones: o volverse a presentar en convocatorias sucesivas (habrá dos anuales, una ordinaria y otra extraordinaria) o seguir sus estudios en un módulo superior de Formación Profesional, la eterna cenicienta de la educación española que la Lomce quiere, una vez más, redimir para dotarla de prestigio social. La nota final del Título de Bachillerato se definirá en un 60% por la media de las calificaciones obtenidas en cada una de las asignaturas cursadas y en un 40% por la nota obtenida en la reválida (término que, por cierto, no se usa ni una sola vez en el texto oficial de la Lomce).
Hasta este punto, el sistema no se diferencia prácticamente del actual para el acceso a la Universidad. Sin embargo, la Lomce tiene previsto dar más autonomía y protagonismo a las universidades a la hora de elegir a sus estudiantes. ¿De qué manera? Aunque la actual redacción de la Ley deja claro que las universidades podrán admitir a sus alumnos "exclusivamente por el criterio de calificación final obtenida en el Bachillerato" (como se ha hecho hasta ahora) también introduce opciones (siempre voluntarias) que van a revolucionar el acceso a la educación superior. Eso sí, en todo momento el texto advierte que los nuevos criterios deberán "respetar los principios de igualdad, no discriminación, mérito y capacidad".
La primera de las novedades es que las universidades podrán valorar especialmente la modalidad y las materias que un alumno estudió durante el Bachillerato, así como las calificaciones obtenidas en estas asignaturas. Un ejemplo: para admitir a un estudiante en Arquitectura se puede tener en cuenta especialmente el que haya cursado Dibujo Técnico y las calificaciones en esta disciplina.
Más revolucionario es que la Lomce da capacidad a las universidades para valorar la formación académica e, incluso, profesional complementaria. Este punto es especialmente polémico, pues algunos piensan que esto favorecerá en el proceso de selección a las clases más favorecidas, que podrán hacer valer, por ejemplo, títulos de idiomas extranjeros oficiales.
Aunque la ley dice que sólo "de forma excepcional", los centros podrán hacer evaluaciones específicas de conocimientos y competencias (exámenes propios), lo cierto es que esta cuestión queda en el aire y en ningún momento se define lo que se considera "excepcional".
Por último, las universidades podrán valorar en un alumno los estudios superiores realizados con anterioridad, con lo que se pretende fomentar la formación continua de los profesionales españoles en un mercado internacional del trabajo cada vez competitivo y cambiante.
En cualquier caso, lo más importante en el nuevo modelo será la calificación obtenida en el Bachillerato, que tendrá, como mínimo, un valor del 60% en el proceso de admisión.
Asimismo, la Lomce reconoce que las universidades podrán decidir la realización conjunta de los procesos de admisión, así como el reconocimiento mutuo de los resultados de los mismos. Todo indica que será el camino que seguirán las universidades públicas andaluzas.
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