Investigación

Sello sevillano en los nuevos descubrimientos sobre el Alzheimer

  • Dos revistas científicas internacionales publican dos estudios realizados por investigadores de un laboratorio del IBIS de Sevilla

Alberto Pascual (el primero por la derecha) junto a los miembros de su laboratorio.

Alberto Pascual (el primero por la derecha) junto a los miembros de su laboratorio.

Las personas con enfermedad de Alzheimer acumulan en su cerebro sustancias con una elevada toxicidad, conocidas como placas seniles. Un grupo de investigadores del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS), liderados por el biólogo gaditano Alberto Pascual, ha descubierto que en las personas con Alzheimer hay un problema en el mecanismo por el que se producen nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis) en su cerebro. Este fallo provoca la destrucción de los capilares que rodean las placas seniles y, por tanto, una disminución en el aporte de nutrientes y oxígeno que compromete la función del cerebro. En particular, la bajada en los niveles de oxígeno reduce la capacidad defensiva del mismo para detener el avance de la enfermedad.

Estos descubrimientos se han publicado recientemente en dos revistas científicas internacionales. Primero, fue Nature Aging la que publicó el pasado mes de abril el estudio que demuestra por primera vez que los bajos niveles de oxígeno en las placas seniles del cerebro reducen la capacidad defensiva del sistema inmunológico contra la enfermedad. Y el pasado martes 25 de mayo, fue Nature Communications la que recogió en sus páginas el estudio que “explica por qué se produce esa disminución de oxígeno”, según el propio Alberto Pascual.

El investigador cuenta que estos dos estudios se han desarrollado en paralelo. El publicado en Nature Aging ha estado liderado por su laboratorio del Grupo de Mecanismos de Mantenimiento Neuronal del CSIC y el del profesor Javier Vitorica (Universidad de Sevilla/Ciberned), del Grupo de Fisiopatología de la Enfermedad de Alzheimer en el IBIS, y han contado con la colaboración de CIC bioGUNE (Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias), la Universidad de Málaga y la de Oxford.

El Alzheimer es la principal causa de demencia en el mundo. En nuestro país, su incidencia está aumentando dramáticamente debido al envejecimiento de la población y todavía no se conoce el origen de esta enfermedad.

Otra de las novedades es el descubrimiento del por qué se produce esa falta de oxígeno. “Es una respuesta por la pérdida de los vasos sanguíneos que hay alrededor de los depósitos de proteínas propios de esta enfermedad”, argumenta Pascual.

El mecanismo propuesto en el estudio liderado por su laboratorio en el IBIS “está mediado por la disfunción de un proceso fisiológico, la angiogénesis. Este mecanismo es importante durante el desarrollo para formar los vasos del cerebro y en la vida adulta para recuperar posibles daños a los vasos preexistentes”, indica el investigador, que añade que el estudio “demuestra que la enfermedad de Alzheimer induce una angiogénesis disfuncional que provoca la pérdida de vasos en lugar de la formación de nuevos, lo que sin duda agrava la patología”.

“Al identificarse las vías moleculares implicadas, se pueden diseñar de manera racional nuevas estrategias terapéuticas encaminadas a paliar los efectos de esta enfermedad”, destaca y precisa que los datos aportados también vinculan al Alzheimer con problemas en la formación de nuevos vasos sanguíneos, “lo que resalta la importancia del componente vascular en la patología”.

Respecto a la acumulación de sustancias tóxicas en el cerebro (las placas seniles) característica de los pacientes con esta enfermedad, señala que “el cerebro posee capacidad para limpiar estas sustancias tóxicas mediante, entre otros sistemas, el transporte a través de la sangre”. “El hecho de que las placas provoquen la pérdida de los vasos constituye un círculo vicioso. Al haber menos vasos se puede limpiar menos el cerebro y se acumulan más sustancias tóxicas, que a su vez siguen destruyendo los vasos y complicando la situación del cerebro”, explica.

Pascual destaca que con estos estudios se ha descubierto un nuevo mecanismo que daña al cerebro, lo que permite elaborar estrategias y explorar medicamentos que pueden ser efectivos y reconoce que “esto sólo es una puerta que se abre, pero todavía queda mucho trabajo por hacer”.

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