"Sólo sirvo para el calor, tenía un contrato para Canadá y lo rompí"
Los invisibles
Del estraperlo a la caridad pasando por el lujo y la 'dolce vita'. Los estados de la particular 'Divina Comedia' de este hombre que le tenía más miedo a los toros que al paracaídas.
DIO de comer en el pabellón de España de la Expo a jeques, príncipes y potentados y hoy atiende a los más necesitados. Es una de las paradojas de Manuel Calderón (La Pañoleta, 1948), un cofrade hijo de anarquista.
-¿Cómo recuerda su infancia?
-Soy un niño de la posguerra. Mi padre estuvo en la cárcel. Mi abuelo materno era minero de Riotinto, lo mataron en La Pañoleta y dejó viuda a mi abuela, que vendía de estraperlo el pan como hoy se vende la droga. Mi infancia huele a vino de pasas y a jamón de papel de Bodegas Gaviño, aunque entonces sólo comías jamón si estabas enfermo.
-¿Qué hizo para salir de la ruina?
-Intenté ser torero, pero era muy miedoso. La Pañoleta tenía una escuela taurina y una plaza donde Curro Romero toreó por primera vez.
-¿No pensó en salir de España?
-Somos seis hermanos de tres mujeres distintas. Mi padre era un hombre muy enamoradizo. Dos de mis hermanos, hijos de otra madre, se colocaron en la hostelería, uno en el Inglaterra, otro en el Alfonso XIII. No lo veían claro y fueron al Canadá. Uno de mis sobrinos es el primer piloto de origen hispano de las Fuerzas Aéreas del Canadá que ahora está de instructor de reactores en Arabia Saudí. Mis hermanos me ofrecieron un contrato, tenía el visado, pero era noviembre. Yo no estaba preparado para el frío, sólo sirvo para el calor y rompí el contrato.
-¿Cómo fueron sus comienzos?
-De botones en el hotel Francia, donde se quedaban las condesas de Villapadierna, dos solteronas de 70 años y misa diaria a las que había que decirles señoritas. Paraba también Pepe Marchena, que me mandaba a por colonia Lavanda Inglesa de Atkinson. De allí me fui al Burladero y después en el Luz Sevilla y el Alfonso XIII. En el Burladero, un amigo me dijo que en la costa catalana las alemanas querían mucho amor español. Me coloqué en el hotel Mont-Rosa, en Calella, del que era dueño Agustín Montal, el que fue presidente del Barcelona.
-¿Lo hizo blaugrana?
-Eran días de vino y rosas. Querías trabajar y vivir. Los primeros amores, los primeros bailes, los primeros besos. Veníamos de una dictadura y había ansias de vivir.
-¿Regresa a Andalucía?
-Más abajo. Uno de mis hermanos de Canadá llegó a Canarias y me llamó para trabajar de maitre. Hasta que una loreña llamada Setefilla se cruzó en mi vida y volví a Sevilla, al hotel Macarena.
-¿Hizo el reciclaje profesional?
-Yo con 14 años ya hablaba francés. Después trabajé en el servicio de catering de la Casa Real Británica, que me contrató para la Copa del Mundo de Golf de Sotogrande y me quiso llevar a Wimbledon. Fui responsable de alimentación y bebidas de grandes eventos deportivos: el Campeonato del Mundo de Atletismo en Pista Cubierta; los Europeos de Balonmano, en los que compré a los árbitros eslavos con platos de jamón serrano, y de Natación, por el que me felicitó Rojas Marcos.
-¿Cómo llega a la Expo?
-Preparé a más de 300 camareros para la Expo. Estuve de maitre en el Salón de Protocolos del pabellón de España, en el almuerzo que daba el Gobierno al país o empresa que celebraba su día. Recuerdo la presencia exquisita, tan europea, de Rainiero y su familia, para quienes Alain Ducasse medía hasta la temperatura del agua. La distancia de los jeques árabes y las rarezas de los rusos. El hijo de Walt Disney me regaló un pin de Micky.
-¿Y después de la Expo?
-Entré de comercial de ventas en Grandes Obras del Grupo Salvat.
-¿El libro que más vendió?
-Fauna Ibérica de Félix Rodríguez de la Fuente. Se lo vendí a todo el Seprona porque a este servicio de la Guardia Civil le venía muy bien conocer la diferencia entre el águila imperial y el águila real.
-¿Se quedó en los libros?
-Llevo ocho años en el sector del descanso, vendiendo colchones por toda España. Me muevo por temporadas: los atuneros de Vigo, campaña del melocotón, del espárrago verde en Huétor-Tajar.
-Libros y colchones Lo Mónaco. ¿Con qué autores le gusta dormirse?
-Mis escritores de cabecera son Papini, Tolstoi y Gorki.
-¿Ser diputado de caridad del Carmen Doloroso es como ser maitre de los pobres?
-Es muy ingrato. A primeros de año, el economato de las hermandades del casco antiguo atendía a 200 familias, y ahora hay 500. Me siento decepcionado, la sociedad debería tener otros mecanismos de ayuda. Les puedes dar un carro de comida o ropa o para el recibo de la luz, pero no puedes hacer nada cuando te llaman y te dicen que los van a echar de la casa porque no pueden pagar el alquiler. Se queda uno en el paro y es una cadena.
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