Opinión

Tender puentes

Sevilla ha expresado sus avances históricos tendiendo puentes. Desde el  primitivo puente de barcas hasta el  Puente de Isabel II, gran símbolo de la  modernización del siglo XIX, que unió de forma estable y para siempre Triana con Sevilla y Sevilla con Triana. Desde entonces, cada época significativa de nuestra ciudad ha tenido sus puentes, que han  servido para unir las dos orillas del río. También la Expo 92 dejó en Sevilla nuevos puentes, que unieron la ciudad con el recinto de la Exposición Universal: Chapina, Cartuja, Barqueta y Alamillo. Cuatro puentes de una sola vez, como no podía ser menos para un gran acontecimiento que puso al día las infraestructuras de la capital.

Pero ya han pasado 20 años y debemos afrontar que los terrenos de la Cartuja son una parte más de Sevilla. Aunque hay que admitir que todavía existe algo que separa Sevilla y Cartuja, Cartuja y Sevilla. Algo más que la distancia física que hay entre las dos orillas. Quizás un cierto desconocimiento. ¿Sabemos los sevillanos  todo lo que pasa a diario en la Cartuja? En parte, mantener durante años esos terrenos administrados como un polígono cerrado, al margen de la ciudad, ha fomentado el lugar común de que el recinto está infrautilizado. La realidad, como bien saben quienes lo utilizan a diario, es muy diferente. Un campus universitario, centros administrativos, docenas de empresas innovadoras y miles de puestos de trabajo. El antiguo recinto se ha desarrollado. Concebido como una isla para su mejor acotado y protección, mantiene algunas de esas características de aislamiento, que ya no son necesarias y en cierto modo perjudican su normal desenvolvimiento. Museos, centros de investigación, teatros, centros de enseñanza, gabinetes médicos, periódicos, estudios de televisión y radio, restaurantes, oficinas, etcétera... hacen que muchos sevillanos vayamos a resolver asuntos o disfrutar de nuestro ocio a sus calles y edificios. Como prueba de madurez urbana, algunos de sus edificios han sido catalogados, y nuevas construcciones singulares mantienen el pulso de esta zona de la ciudad.

También es verdad que muchas de las edificaciones existentes aun no han tenido oportunidad de su utilización plena. La proximidad al casco histórico es una de sus mayores potencialidades para desarrollar todo tipo de actividades empresariales, culturales, de ocio y (¿porqué no?) residenciales. No es fácil encontrar en las ciudades europeas conjuntos edificados con estas características, y que sus usuarios estén a un paseo de los lugares centrales culturales, turísticos y hoteleros de una ciudad de primer orden como Sevilla. Todo ello permitiría  ampliar la presencia de público en horario y calendario. Sólo así sería factible convertirlo en un barrio más de Sevilla.

Pero aún muestra la Cartuja algunas carencias, principalmente de conexión fácil con el resto de la ciudad. El vigente Plan de Ordenación establece una estrategia al respecto que considero perfectamente válida. Primero, una línea de de Cercanías hasta el apeadero existente. Ya funciona. Aunque creo que sería definitivo prolongarla hasta la estación de Metro de Blas Infante. Segundo, realizar la red de Metro, esencialmente en este caso la línea 4, de carácter circular, que engloba Cartuja, Triana y Los Remedios con el resto de la ciudad. Y tercero y definitivo, afrontar la realización de los puentes que corresponde ejecutar a esta época y que están previstos en el Plan. Hasta tres puentes más están situados entre el Alamillo y Chapina. No hay que debatir. Ejecutemos lo previsto. Precisamente en tiempos como los actuales, con recursos limitados, no se puede dudar. Hay que actuar.

Juan Ruesga es arquitecto

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